martes, 2 de junio de 2015

NUESTRO ÚLTIMO fin de SEMANA en ESCOCIA - de Andy Hamilton y Guy Jenkin












Tiene esta pequeña película ese punto entre excéntrico y costumbrista que unido el fino humor británico la convierten en una deliciosa comedia para disfrutar.

Con una trama sencilla donde un matrimonio recién separado y con tres hijos acude al 75 cumpleaños del abuelo, los guionistas y directores no dejan de dar puntadas sobre asuntos tales como la hipocresía de los adultos, la forma de afrontar la muerte o una pequeña lista de prejuicios sociales.

La película juega a subrayar el contraste entre la serena vida en las Tierras Altas escocesas (High Lands) donde vive el abuelo y el frenesí de la vida urbana de donde proviene esta familia a punto de disgregarse. Pero sobretodo abunda en otro tipo de contrastes, los que se dan entre la inocencia de la infancia y la hipocresía del mundo adulto. 

Los tres niños son el verdadero hilo conductor de esta historia y no albergan dudas respecto a la propuesta llena de convencionalismos y mentiras de los adultos, y la libertad y autenticidad que les propone el abuelo: "desmelénate", les suele repetir. Sed vosotros mismos.
Citada en los diálogos, la cinta se mira en el espejo de la divertidísima -y más ácida-  Pequeña Miss Sunshine.

La espontaneidad de los niños y sus excéntricas personalidades (la pequeña tiene piedras por amigos, el mediano sueña con hazañas vikingas y a la mayor le cuesta moverse entre tanta falsedad)  hacen que la película esté atravesada por un río de frescura y naturalidad que llega a producir situaciones verdaderamente hilarantes.
Bill Connolly, con su blanca melena, es el abuelo perfecto y tanto David Tenant como Rosamund Pike están muy desenvueltos en su papel de padres combatientes.

El teatro entre fantasioso y absurdo que montan nietos y abuelo acabará ofreciendo una salida coherente al cúmulo de hipocresía que bloquea la situación.

Ante los pequeños se presenta el tumulto y la confusión de los adultos frente a la inocencia y fantasía de una infancia que busca su lugar. El desconcierto de la niña mayor queda patente al llevar un libreta donde apunta todo buscando su comprensión: "bueno, decidme claramente las mentiras que hemos de contar", les suelta a los padres ante la reunión familiar.



Entre ambos mundos el abuelo aparecerá como el guía verdadero. Su filosofía desprejuiciada se resume en que todo hombre es ridículo, por lo que juzgarle está fuera de lugar. Él les animará a no tener miedo e ir más allá de los convencionalismos en los que se mueven sus padres.

Fantasiosa, fresca y divertida.

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