viernes, 7 de febrero de 2014

La GRAN ESTAFA AMERICANA - de David O. Russell

American Hustle
EEUU, 2013










La historia, entretenida y bien trabada. La ambientación setentera, plenamente conseguida. Los personajes, reconocibles y bien trazados. Entonces  ¿por qué salgo insatisfecho de la sala?

La película es un jolgorio que se pretende vitamínico y chispeante, pero me suena falso. He leído muchos artículos que la comparan con un Scorsese. Qué exageración. Metes un poco de rock, un par de travelings y alguna voz en off y  ¿ya está?.  Yo creo que no. Eso se llama manierismo, afectación con que se suple la falta de originalidad. Falta la potencia del maestro, su visceralidad, su complejidad y, voy a decirlo, su sinceridad. American hustle en cambio, es una película impostada como la tortilla de pelo que luce en su cabeza Christian Bale.

La cinta interpreta unos hechos acontecidos en 1978; la investigación de un oficial del FBI que recluta a un estafador de poca monta y a su amante para perseguir casos de corrupción. En su día se conoció como el caso Abscam.


A falta de relatar un gran golpe o una gran investigación (los políticos finalmente detenidos son algo sólo tangencial, no son el objeto de la película), el asunto se centra en el retrato de estos estafadores atrabiliarios; lo cual podría ser magnífico, pero ahí es donde Russell da la de arena. No le llega la chispa ni la mala leche, no se atreve o no sabe rasgar esos corazones y los nuestros.
Encuentro muy pocos momentos de verdad en la película. Bradley Cooper me parece un histrión interpretando al agente Richie DiMaso (que en la realidad se llamaba Anthony Amoroso Jr. ¡!). Christian Bale deambula enterrado en su barriga y su tortilla de pelo durante gran parte de la película.

La trama avanza entretenida y bullanguera, divertida a ratos pero sin levantar grandes pasiones hasta que de pronto aparece Robert de Niro. No creo que llegue a cuatro minutos su intervención. La pareja de estafadores que sirve de gancho a DiMaso va echando el anzuelo aquí y allá hasta que se topa con la mismísima Cosa Nostra. Y allí está el viejo mafioso, duro como el pedernal y desconfiado como una serpiente. Se sienta ante estos dos pendejos y les mira a los ojos. ¡Uf!  Ahí sí que hay tensión. Encima el gran de Niro no aparece en los créditos y yo creo que es porque está en otra película.

Los otros breves momentos de verdad los aporta esa pequeña joya que es Jennifer Lawrence, culminados en la escena en que reclama a su marido que le dé las gracias después de haberle metido en un lío de pelotas. Así es nuestra chica.

Estrepitosa y entretenida hasta el final, sin embargo no es la gran película de la que tantos galardones hablan. 

David O. Russel tiene una filmografía peculiar, exitosa casi siempre pero a falta del punch definitivo. Cuando fui a ver Los tres reyes no pensaba que fuera más que una de esas burdas películas americanas tan patrioteras como vulgares. Y me sorprendió. Me encontré una estupenda película que con desenfado denunciaba una gran hipocresía. Me ganaron esa panda de arrampladores que se redimen. También me gustó y mucho The Fighter, con una pareja de hermanos boxeadores muy pegados al suelo y a un entorno familiar bien problemático. Pero cuando entré a ver esta Estafa Americana, esperando una gran película, me he encontrado con una medianía. Todo me resulta superfluo e indoloro. El pobre Christian Bale vuelve a realizar un enorme esfuerzo físico (como en El maquinista o The fighter) pero no le saca rédito. Sólo hacia el final, cuando el tinglado amenaza ruina y él quiere proteger al único político honesto que conoce, es capaz de trascender sus postizos y trasladarnos un poco de verdad.

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