miércoles, 27 de noviembre de 2013

EL JUEGO de ENDER - de Gavin Hood

-Ender´s Game-
EEUU, 2013





Agradable sorpresa.-
La que parecía inadaptable novela de Orson Scott Card encuentra en esta película una digna escenificación.

La Humanidad se ve amenazada por una raza alienígena a la que llaman "insectores". Se comunican por telepatía entre sí, pero con los humanos no hay contacto. La Tierra ha repelido un primer ataque y se prepara para la batalla definitiva. Necesitan un genio militar que comprenda el modus operandi de los insectores. Para ello permiten el nacimiento de un tercer hermano en una familia de superdotados que ya cuenta con Valentine y Peter. Ender será el Tercero y su destino es la instrucción más severa en juegos de guerra para convertirlo en comandante de la Flota Internacional.

De Gavin Hood, director que, en X-men Orígenes: Lobezno, sostenía con solvencia una cinta con un guión justito; se puede decir que ha rodado con eficacia una historia que albergaba mil facetas. La película es entretenida, está bien rodada y recoge satisfactoriamente el espíritu del libro. Me ha gustado.
Pero....¡se ha quedado tanto por el camino!

Quien haya leído el libro apreciará que la esencia del relato está ahí, su espíritu antibelicista, la inclinación empática de Ender, el atropello de su humanidad. Pero el lector más apasionado despotricará y con razón, por las ausencias de personajes, subtramas y sobretodo de profundidad psicológica. La valiosa personalidad de Valentine, la endiablada voluntad de poder de Peter, la heroica resistencia de Ender a convertirse en un monstruo. Efectivamente el reto era gigantesco.

Los aciertos más notables son, las dos pinceladas que dibujan el aprendizaje de estrategias en la Cámara de las Batallas y el juego interactivo del Mundo de Fantasía, en el que Ender vislumbra su conexión con los insectores. Y por supuesto el final. Es verdad que es un final anticlimático pero así tenía que ser; respetuoso con el original y absolutamente necesario para provocar la reflexión.

Los temas que se pulsan son múltiples y a cual más candente: la abominación de los niños soldado y de las guerras preventivas, el choque de civilizaciones y la infamia de la guerra teledirigida con drones. La película juega las bazas de la aventura sin entrar demasiado en complejidades morales. En este aspecto la distancia con el libro es enorme. Pero no extravía el sentido último de la historia, el que navega entre dos frases concluyentes: la belicista del coronel Hyrum Graff (Harrison Ford), "la mera existencia de esos alienígenas ya supone una amenaza"; y la cita del propio Ender Wiggin que abre la película, "Cuando entiendo a mi enemigo lo suficientemente bien como para derrotarlo, en ese momento, también lo quiero." 



Los dos problemas más graves que arrastra la cinta son la falta de sutileza en la evolución de Ender y unas interpretaciones muy planas, sobretodo la de un Harrison Ford que peca de inexpresivo. La interpretación de Asa Butterfield, un delicioso angelito en La invención de Hugo, en esta ocasión es bastante sosa. Quizás también porque todo ocurre demasiado de prisa. El liderazgo de Ender parece asumido por todos incluso antes de demostrar nada. Se pierde por el camino la profundidad de su psicología atormentada, la crueldad del entrenamiento, el intento de triturar su sentido humanístico.

Lo que en el libro dura años, aquí ocurre en pocos meses. Nos perdemos el ascenso a mito de la escuadra Dragón, personajes tan emblemáticos como Dink, Alai o Bean, los debates y amaños de Demóstenes y Locke (los nick políticos con los que Peter y Valentine masajean a las masas a través del ansible), ...
Sin duda es demasiado lo que falta; pero creo sinceramente que la película honra al libro.

Como casi siempre en estos casos, toca acercarse a la biblioteca o encender el e-book, para encontrar un verdadero clásico de los ochenta, ganador de los premios Hugo y Nebula. Curiosamente en él se encuentra una de las más categóricas premoniciones sobre Internet. El ansible es un sistema mundial de comunicación. Locke y Demóstenes lo usan para lanzar sus proclamas. A través de él se establecen comunicaciones, se intercambian archivos y por supuesto Valentine envía a todo el mundo los libros que escribe sobre las guerras insectoras y la historia de su hermano. En ellos incluirá el opúsculo escrito anónimamente por Ender titulado, La Voz de los Muertos.

domingo, 24 de noviembre de 2013

SILENCIO - de Clarice Lispector

-Onde estivestes de Noite-1974-
-Grijalbo Mondadori, 1988







La locura de la franqueza.-
Pero...¡Este es un libro de cuentos sin cuentos!

Bueno sí, hay dos o tres.....pero el resto son textos literarios desnudos y esenciales. Magris o Sebald necesitan de la Geografía y la Historia para elaborar sus textos literarios más allá de tramas y personajes. Pero Lispector no necesita nada, únicamente su ímpetu interior, "la vehemencia de su sinceridad" tal y como la practican los dos amigos protagonistas de "Desvanecimiento".
Este relato hurga en la amistad profunda y sincera hasta la extenuación. La autora lanza a los dos protagonistas a la intimidad total, a la identificación con el otro hasta confundirse.... para llegar a la conclusión de que no hay nada más allá de uno. Que volcarse en otro sólo ofrece un recipiente finito a nuestra alma insondable. Nada hay más allá de la soledad.
"Teníamos sólo esa cosa que habíamos buscado sedientos hasta entonces, y al fin encontrado: una amistad sincera. Único modo, lo sabíamos, y con qué amargura lo sabíamos, de salir de la soledad que un espíritu tiene en el cuerpo.
Pero qué sintética se nos revelaba la amistad. Como si quisiéramos esparcir en un largo discurso una verdad que una palabra agotaría." pág 141
Y a la soledad se dedica la autora, al infinito de su intimidad. La narración "Tempestad de almas" es una confesión que busca "la locura de la franqueza". Ahí quedan reflejados de forma descarnada su anhelo de escribir y su innegociable aliento de intimidad.
"Marli Oliveira, yo no te escribo cartas porque sólo sé ser íntima. Además, sólo sé ser íntima en todas las circunstancias, por eso, soy muy callada." pág. 169
Recuerdos de la Valquiria - Remedios Varo
En los cuentos de Lispector se citan surrealismo y existencialismo. Ella es una narradora a ultranza que no necesita hechos o personajes. Radicalmente personal se planta ante el mundo y nos traslada sus latidos. Así queda reflejado en el hermosísimo relato Tanta mansedumbre.
"Estoy frente a la ventana y sólo ocurre eso: veo con ojos benéficos la lluvia, y la lluvia me ve de acuerdo conmigo. Ambas estamos ocupadas en fluir. ¿Cuánto durará mi estado? Percibo que, con esta pregunta, estoy palpando mi pulso para sentir dónde está el latir dolorido de antes. y veo que no está el latido de dolor.
Solo eso: llueve y estoy mirando la lluvia. Qué simplicidad. Nunca creí que el mundo y yo llegáramos a este punto de acuerdo." pág 158
De hecho yo fiaría todo el mundo de Lispector a los puntos cardinales que señalan estos cinco (?) magistrales textos: Dónde estuviste de noche, Es allí a dónde voy, La relación de la cosa, Tanta mansedumbre y Vida al natural.
En ellos encontramos a una mujer ante el mundo en una intimidad muy pocas veces vista (leída). Audaz y rotunda para volver su mirada hacia su más profundo pálpito; intrépida, para recoger cada latido y transformarlo en texto. Ahí es nada la pretensión de ser consciente de cada segundo que pasa, de cada pensamiento.


Dónde estuviste anoche es un torrente absoluto de monólogo interior. Allí aparece un vals de Strauss que se llama El pensamiento libre y la "escritora fracasada abrió su diario encuadernado en cuero rojo y comenzó a anotar: "siete de julio de mil novecientos sesenta y cuatro. Yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo."
Mientras en La relación de la cosa el texto alumbra un totem en forma de reloj Sveglia. Aunque es evidente que el reloj es más que eso: 
"No voy a hablar de relojes. Sino de un determinado reloj. Mi juego es claro: digo lo que tengo que decir sin literatura. Esta relación es la antiliteratura de la cosa". 
"Esta es una relación. El Sveglia no admite cuento o novela u otra cosa. Sólo permite transmisión. Mal admite que yo llame a esto relación. Lo llamo relato de misterio. Y hago lo posible porque sea un relato seco como el champán ultraseco. Pero a veces -pido disculpas- se moja. ¿Podría hablar con más dureza con relación al Sveglia?
No, él sólo es." 
"El agua, a pesar de ser mojada por excelencia, es Sveglia. Escribir es. Pero el estilo no es. Tener senos es. El órgano masculino es muy Sveglia. La bondad no es. Pero la no-bondad, el darse, es. Bondad no es lo opuesto a maldad.
¿Estaré escribiendo mojado? Me parece que sí. Mi sobrenombre es. Ya el primero es muy dulce, es para el amor. No tener ningún secreto -y, sin embargo, mantener el enigma- es Sveglia." 
Buscar la armonía con el mundo, entender sin explicar, estar de acuerdo sin necesitarse. Se repite hasta la saciedad una frase de sus textos: "no escribo literatura". Y nadie la refuta. Pues sí, es literatura pero extrema, la que busca la esencia de la propia vida: "Soy una mujer, soy una persona, soy una atención, soy un cuerpo mirando por la ventana" pág. 159
Remedios Varo
Cuando se propone construir literatura al uso, se le atragantan los personajes. Así en el cuento Un caso complicado, donde intenta explicar una historia de amantes y engaños, pero se enreda y dispersa. "¿Y qué hacer con esta historia? Tampoco lo sé, la doy de regalo a quien la quiera, pues estoy harta de ella."


En todo caso ese fluir de lo consciente y lo inconsciente, ese preñar el silencio con palabras es el rasgo definitorio de Lispector. No en balde su nombre suele asociarse a Joyce y Virginia Woolf y sus textos definirse como literatura de la percepción.
"Amo a los objetos en la medida en que ellos no me aman. Pero si no comprendo lo que escribo no es mi culpa. Tengo que hablar, pues hablar me salva. Pero no tengo una sola palabra que decir. Las palabras ya dichas me amordazan la boca. ¿Qués es lo que una persona le dice a otra? Además del "Hola, ¿qué tal?". Si tuvieran la locura de la franqueza, ¿qué se dirían las personas, unas a otras?  Y lo peor sería lo que se diría una persona a sí misma, pero sería la salvación, aunque la franqueza esté determinada por el nivel consciente y el terror de la franqueza venga de la parte que está en el vastísimo inconsciente que me liga al mundo y a la creadora inconsciencia del mundo." pág. 168
Clarice Lispector nació en Ucrania. A los pocos meses sus padres emigraron a Brasil, en 1921. Eran de origen judío y le cambiaron el nombre de Haia por el más común de Clarice. Murió a los 56 años de cáncer después de sorprender a todos y renovar la literatura brasileña desde su primera obra, Cerca del corazón salvaje, en 1944. Mujer de físico imponente y belleza extraordinaria, hablaba varios idiomas y al estar casada con un diplomático viajó por Italia, Suiza, Estados Unidos e Inglaterra, aunque su ciudad de refrencia siempre fue Rio de Janeiro. 
Autora de unos cuentos extraños y personalísimos también escribió novelas como La pasión según G.H., La hora de la estrella, Aprendizaje o el libro de los placeres y Agua viva. Toda su obra está publicada en la Editorial Siruela.   

Cristina Peri Rossi refleja estos valores en su prólogo: "El único tema, obsesivo, de Clarice Lispector, es la mirada, la propia mirada. Importa mucho menos qué es lo que se mira, que la manera de mirar. Y éste es, sin duda, un signo de la modernidad de Clarice Lispector. En casi toda la literatura brasileña anterior, el tema era lo fundamental de la narrativa. El paisaje (vasto, desolador, casi desértico en el sertao, superpoblado, miserable en los suburbios montañosos de lasgrandes ciudades) es tan omnipotente en Brasil que invadió la literatura con una fuerza casi avasalladora. Clarice Lispector supera esta influencia de lo ambiental en la literatura brasileña con un abierto desparpajo: lo único que existe, casi con egolatría, es su propia mirada, éste es el tema, esto es lo narrado."  (...)
Sólo una mujer puede estar tan pegada a sí misma, a su mirada, a su pretexto como para que esta unión umbilical sea indestructible (utilizo deliberadamente la palabra pre-texto)." pág. 12

sábado, 23 de noviembre de 2013

El paisaje mental de Clarice Lispector

Remedios Varo
Cuentos -textos-  del libro   Silencio,    de Clarice Lispector.


Tanta mansedumbre

Pues en la hora oscura, tal vez la más oscura, en pleno día, ocurrió esa cosa que no quiero siquiera intentar definir. En pleno día era noche, y esa cosa que no quiero todavía definir es una luz tranquila dentro de mí, y la llamaría alegría, alegría mansa. Estoy un poco desorientada como si me hubieran arrancado el corazón, y en lugar de él estuviera ahora la súbita ausencia, una ausencia casi palpable de lo que antes era un órgano bañado de oscuridad, de dolor. No estoy sintiendo nada. Pero es lo contrario del sopor. Es un modo más leve y más silencioso de existir.
Pero también estoy inquieta. Yo estaba organizada para consolarme de la angustia y del dolor. Pero cómo es que me arreglo con esa simple y tranquila alegría. Es que no estoy acostumbrada a no necesitar de mi propio consuelo. La palabra consuelo me llegó sin sentir, y no lo noté, y cuando fui a buscarla, ella se había transformado ya en carne y espíritu, ya no existía más como pensamiento.

Voy entonces a la ventana, está lloviendo mucho. Por hábito estoy buscando en la lluvia lo que en otro momento me serviría de consuelo. Pero no tengo dolor que consolar.
Ah, lo sé. Ahora estoy buscando en la lluvia una alegría tan grande que se torne aguda, y que me ponga en contacto con una agudeza que se parezca a la agudeza del dolor. Pero es una búsqueda inútil. Estoy frente a la ventana y sólo ocurre eso: veo con ojos benéficos la lluvia, y la lluvia me ve de acuerdo conmigo. Ambas estamos ocupadas en fluir. ¿Cuánto durará mi estado? Percibo que, con esta pregunta, estoy palpando mi pulso para sentir dónde está el latir dolorido de antes. Y veo que no está el latido de dolor.

Sólo eso: llueve y estoy mirando la lluvia. Qué simplicidad. Nunca creí que el mundo y yo llegáramos a este punto de acuerdo. La lluvia cae no porque me necesite, y yo la miro no porque necesite de ella. Pero nosotras estamos tan juntas como el agua de lluvia está ligada a la lluvia. Y no estoy agradeciendo nada. Si, después de nacer, no hubiera tomado involuntaria y forzadamente el camino que tomé, yo habría sido siempre lo que realmente estoy siendo: una campesina que está en un campo donde llueve. Sin siquiera dar las gracias a Dios o a la naturaleza. La lluvia tampoco da las gracias. No hay nada que agradecer por haberse transformado en otra. Soy una mujer, soy una persona, soy una atención, soy un cuerpo mirando por la ventana. Del mismo modo, la lluvia no está agradecida por no ser una piedra. Ella es la lluvia. Tal vez sea eso lo que se podría llamar estar vivo. No es más que esto, sólo esto: vivo. Y sólo vivo de una alegría mansa.


Es allí a donde voy

Más allá de la oreja existe un sonido, la extremidad de la mirada un aspecto, las puntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy.
La punta del lápiz el trazo.
Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí a donde voy.
En la punta del pie el salto.
Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy.
¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy.
En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra «tertulia», y no sé dónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es hacia mí a donde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad a donde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre.
Es hacia mi pobre nombre a donde voy.
Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa.
En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.
Yo al lado del viento. La colina de los vientos aullan­tes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto.
Oh, cachorro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.
¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.

Remedios Varo

Vida al natural

Pues en el río había algo como el fuego del hogar. Y cuando ella advirtió que, además del frío, llovía en los árboles, no podía creer que tanto le fuese dado. Y el acuerdo del mundo con aquello que ella ni siquiera sabía que precisaba como el pan. Llovía, llovía. El fuego encendido guiñaba hacia ella y hacia él. Él, el hombre, se ocupaba de aquello que ella ni siquiera agradecía; él atizaba el fuego, lo cual era su deber de nacimiento. Y ella, que siempre estaba inquieta, haciendo cosas y experimentando, curiosa, ella no se acordaba de atizar el fuego: no era su papel, pues tenía a su hombre para eso. No siendo doncella, el hombre tenía que cumplir su misión. Lo más que ella hacía era instigarlo, a veces: «Aquel leño —decía—, aquél todavía no encendió». Y él, un instante antes de que ella acabara la frase que lo advertía, él ya había notado el leño, era su hombre, ya estaba atizando el leño. No le daba órdenes, porque era la mujer de un hombre que perdería su estado, si ella le daba órdenes. La otra mano de él, libre, está al alcance de ella. Ella lo sabe, y no la coge. Quiere la mano de él, sabe que la quiere, y no la coge. Tiene exactamente lo que necesita: poder tener.

Ah, y decir que esto va a acabar, que por sí mismo no puede durar. No, ella no se está refiriendo al fuego, se refiere a lo que siente. Lo que siente nunca dura, lo que siente siempre acaba, y puede no volver nunca. Se encarniza entonces sobre el momento, se traga el fuego, y el fuego dulce arde, arde, flamea. Entonces, ella, que sabe que todo va a acabar, coge la mano libre del hombre, y la enlaza con la suya, ella dulce arde, arde, flamea.

The Call - Remedios Varo

Gloria Gervitz redactó una preciosa nota introductoria.
"La literatura de Clarice Lispector me recuerda las pinturas de Remedios Varo. Pero el paisaje mental de Lispector es húmedo, sus palabras son pegajosas, un balbuceo, intenta decir lo que no se puede decir, escribe desde ese lugar de nosoros en el que estamos a solas con la propia respiración. Sus frases cortas, sincopadas, tensas, pueden romperse con el ruido del teléfono o de una puerta que se azota.
El paisaje de su pensamiento es de agua. Tiene la textura del limo con raíces que se enredan y te jalan al fondo. El fondo es blando y resbaloso, oscuro como un corazón latiendo, como el deseo, como el miedo. Está hecho de ese lenguaje –que ella seguramente nutrió durante años y años con lo que amó, con todo aquello de la vida que nunca más se recupera, y que ocurre una sola vez-. Seferis escribió en su diario que en esencia el poeta tiene un solo tema, -su cuerpo-. La vida que nutre a ese cuerpo.

Un texto en realidad es un tejido. Viene de textus, participio pasivo de texto: tejer, coser, unir, enlazar.
La literatura de Clarice Lispector es un tejido espeso, es una tela mojada que pesa una enormidad y no cubre sino más bien desnuda. El tejido es minucioso como la tela que tejen las arañas, se parece a la piel verde del agua de los cenotes, al verde de la lluvia, a la infinita paciencia de las bordadoras y puede también cansar como los monólogos silenciosos e interminables con nosotros mismos, como las obsesiones, como la rutina.
Atravesar esos textos, dejarse atravesar por ellos, recorrerlos, hundirse en ellos, quedar a solas entre esas palabras, profundamente, en lo más solo de uno mismo...estoy tratando de decir algo de lo que sentí y vi al sumergirme en la lectura de Clarice Lispector. Sus palabras saben más”.

martes, 19 de noviembre de 2013

SALÓN de BELLEZA - de Mario Bellatin









Descenso a los infiernos.-
El encargado de un salón de belleza en los suburbios, nos refiere cómo lo puso en pie y su transformación paulatina en el "Moridero"; allí donde van a morir los desahuciados, afectados por "la peste, el mal". También nos relata sus escapadas al centro, travestido de mujer, en busca del amor y su pasada gloria de excesos, pseudoprostitución y golpes de las pandillas homófobas. 

De modo que Salón de Belleza se erige en un monumento a la agonía, en cuyas páginas reverbera una simbología muchas veces alérgica a dejarse capturar.
Publicada por primera vez en Lima, en 1994, unos han querido ver un homenaje a los enfermos de SIDA, otros una metáfora de las sociedades hispanoamericanas sometidas a la metástasis de la corrupción. Yo creo que es algo más. No es una novela, es un canto, un requiem por la belleza en medio de la muerte y la desolación.
"Mi intención era caer, yo también, dentro del fuego. Ser envuelto por las llamas y desaparecer antes de que la lenta agonía fuera apoderándose de mi cuerpo. Pero parece que el canto mitigó mis intentos suicidas. Mientras más cantaba, iba recordando de manera más clara nuevas canciones. Era creciente la sensación de ir entrando, poco a poco, en los recuerdos que las canciones me sugerían."
Y la característica más acusada de este canto es que tiene un carácter estrictamente humano, ajeno del todo a supercherías espirituales. Un canto preñado de paralelismos y paradojas: el más evidente es el que se establece entre el moridero y la pecera donde van muriendo los distintos peces que la pueblan. La enfermedad de los cuerpos y el verdín de los cristales.
Paradójico es, por otro lado, este buen samaritano que abomina de la santidad. Huye de las Hermanas de la Caridad porque "hacían de la ayuda un modo de vida."  Él solo vive para acompañar a los agonizantes, sin más. No hay heroísmo, pues sus actos están atacados por la desidia. No hay rabia ni angustia existencial; sino una indesmayable y epicúrea nostalgia.


Me llaman la atención las estrictas reglas que se impone: está prohibida la entrada a las mujeres, no se permiten curanderos, médicos ni espejos. Está prohibido el apoyo moral de familiares y amigos. 
También el detalle con que se narra la compra de los peces, sus especies, costumbres y muertes, mientras se elude hablar o describir a los pacientes.
"Debo ser fiel a las razones originales que tuvo este Moridero. No a la manera de las Hermanas de la Caridad, que apenas se enteraron de nuestra existencia quisieron asistirnos con trabajo y oraciones piadosas. Aquí nadie está cumpliendo ningún tipo de sacerdocio. La labor que se hace obedece a un sentido más humano, más práctico y real. Hay otra regla, que no he mencionado por temor a que me censuren, y es que en el Moridero están prohibidos los crucifijos, las estampas y las oraciones de cualquier tipo."
La novela se convierte así en el grito sordo de un sórdido albañal. Abundan las frases cortas, austeras de emociones. El nihilismo flagrante del personaje, "yo me encargo, además, de que no abriguen falsas esperanzas"; prospera en un texto carente de referencias. No se nombra el sida sino como peste o mal; innominadas quedan la ciudad y su tiempo. "Me gusta que mis historias estén suspendidas en un limbo" llegó a declarar el autor. De este modo nos ofrece un relato esencial, de menos de cien páginas, donde se profundiza en una condición humana monstruosa e inmisericorde.

En el umbral de la obra Bellatin coloca una cita de Yasunari Kawabata: "Cualquier clase de inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humana". Efectivamente ésta es la clave. Cómo vamos asumiendo lo que de monstruoso tiene muchas veces la vida. 

Y en medio de la pesadilla, el anhelo de esplendor.
"Desde el primer momento pensé en tener peceras de grandes proporciones. Lo que buscaba era que las clientas tuvieran la sensación de encontrarse sumergidas en un agua cristalina mientras eran tratadas, para luego salir rejuvenecidas y bellas a la superficie." 
Su último sueño es deshacerse de cadáveres y camas para volver a refundar el Salón de Belleza. Desafortunadamente no sería más que un decorado donde morir, ya que él mismo está atacado por la peste. "Entonces me encontrarían, muerto sí, pero rodeado del pasado esplendor".


Diana Palaversich, de la University of New South Wales, escribió un muy referido y acertado prólogo a la obra reunida de Bellatin que publicó Alfaguara. En él compara al autor con cineastas como David Cronenberg y David Lynch. "La narrativa de Bellatin se caracteriza por las historias circulares, bifurcantes o truncadas y un ambiente enrarecido poblado de seres anómalos cuyos cuerpos extraordinarios -castrados, paralíticos, podridos por la vejez o la enfermedad, cuerpos que carecen de brazos o piernas y cuerpos que se mutan de hombre a mujer- constituyen la norma. Estos cuerpos, cabe enfatizar, inquietan menos por sus (de)formaciones que por su tremendo poder de desestabilizar todo concepto de unidad del personaje y del sentido narrativo transparente. Constituyen además un poderoso imán para seducir al lector quien, fascinado por el enigma de estos cuerpos -que supuestamente guardan la clave del secreto del texto- persevera en descifrarlos. La "ilegibilidad" de los cuerpos que nunca constituyen un todo completo y coherente, refleja la "ilegibilidad" de los textos cuya singularidad también atrae al lector, invitándolo a asomarse a un abismo narrativo: aquel de la sinrazón, el tipo de universo que seduce a la mitad del público y espanta a la otra mitad."

* Hay un número de la revista de literatura El coloquio de los perros, dedicado a Mario Bellatín

jueves, 14 de noviembre de 2013

CAFÉ de FLORE - de Jean-Marc Vallée


Amor pleno y sincero.-
En 2003 el director escuchó una versión chill-out de Café de Flore y según reconoce él mismo, "pensé enseguida que allí había una película. Imaginé a una madre bailando con un niño discapacitado. Sé lo duro que es y creo que esos niños son el símbolo del amor puro".
 Y eso es la película, historias de amor puro que la vida, cambiante como es, destroza y recompone sin cesar. Algún momento cae en el cliché del poder del amor, las almas gemelas o el dolor de la pérdida. Pero el autor lo trasciende con una arquitectura de imágenes muy personal y poética. No en vano el relato tiende a la espiritualidad sin caer en la ñoñería.  

La película tiene dos ejes. Uno es la historia de Antoine, un DJ que se replantea la felicidad que ha alcanzado en su vida. El otro es Jaqueline (Vanessa Paradis), una madre coraje muy unida a su hijo con síndrome de Down, cuyo empuje intenta ofrecerle una vida plena.

Ambas historias se quebrarán, la del DJ porque encuentra el fulgor de un nuevo amor; la de la madre porque su hijo quiere escaparse con una niña que es su alma gemela.
Esta es la contradicción que nos mantiene en vilo. Las dos son historias de un amor entregado y sincero que, a pesar de ello, son sustituidas por otras nuevas no menos nobles.


La película presenta sus cartas rápidamente a través de una voz en off: «Esta es la historia de un hombre que lo tiene todo para ser feliz y que además tiene lucidez para ser consciente de ello». "....Y esta es la historia de un niño que no tiene nada para ser feliz y que no tiene lucidez para ser consciente de ello...afortunadamente tiene a Jaqueline".


Hélène Florent
Todo ello compone una especie de puzzle donde la vida de Antoine y sus hijas en el Montreal de 2011 y la de Jaqueline y su hijo en París 1969, se entrelaza y vincula con la de Carole, primera mujer de Antoine y madre de sus hijas; que intenta sobrevivir a la pérdida del amor a través de sueños, visiones y atisbos de reencarnaciones.

Ella será el nexo entre las piezas más allá de ese aeropuerto, lleno de jóvenes con síndrome de Down que cruza Antoine, y de los planos de un avión cruzando el cielo y el tiempo entre Montreal y París. Carole (Hélène Florent), que busca el consuelo en los sueños, acabará soñando a Jaqueline y su hijo, la cual por no perderlo provocará la muerte de ambos. Esto le ayudará a comprender y perdonar. 

La metáfora de la renuncia completa el círculo del amor puro y leal cuya banda sonora es ese Café de Flore que suena conectando lo mejores recuerdos. Incluso la hija de Antoine utiliza su repetición machacona para castigar a su padre.

Me gusta enormemente la sintaxis tan personal de Vallée, donde se ensamblan armoniosamente planos de distintas épocas por un lado, con planos de realidad y premoniciones por otro. 

También quiero destacar las secuencias de absoluta intimidad entre amantes.Su pausa me recuerda la hipnótica mirada de Medem sobre el amor más allá del tiempo y el espacio, en la maravillosa Los amantes del círculo polar.

La música de Sigur Rós y Pink Floyd  completa una película inspiradora que apunta, a través de un montaje artificioso, a la más genuina sinceridad.

DE ÓXIDO Y HUESO - de Jacques Audiard

-De rouille et d´os-
Francia-Bélgica, 2012







Cada hora la vida te hiere.-

He sufrido una pequeña decepción con esta película. El director de El Profeta cambia de registro y se aleja del mundo criminal para rodar un drama.

Lo peor es que se pretende desgarrado, pero es muy contenido y sólo se asoma al abismo. Más pendiente de lo formal, en algunos momentos su pretensión frena el impulso emocional.

La película se centra en dos protagonistas: Alí es un tipo marginal que tiene que hacerse cargo de su hijo de 5 años. Sin expectativas de ningún tipo llega desde Bélgica a la Costa Azul para acoplarse en casa de su hermana. En medio de la precariedad logra un trabajo como segurata. Mientras tanto Seraphine, entrenadora de orcas en un parque acuático, sufre un accidente en el que pierde sus dos piernas de rodilla para abajo. Un encuentro fortuito unirá a estas dos almas dolientes. 

Él es un brutote con nobleza que en muchas ocasiones se ha ofuscado con la vida. Tiene una energía desbordante y aprovecha su pasado como boxeador para ganar dinero extra en peleas ilegales. A ella el accidente la ha arrinconado en casa. No tiene ganas de nada; pero poco a poco el  vitalismo elemental de Alí la arrastrará de nuevo a la vida.

Como se ve, una historia de redención y superación que apenas va más allá de unos planos con ínfulas de trascendencia. Aunque es cierto que en ningún momento busca el melodrama, ni la compasión. Es un drama correcto cuyo mejor valor es la veracidad de sus planteamientos. También la pericia técnica en las escenas donde Marion Cotillard aparece con las piernas amputadas. A las prótesis mecánicas que le implantan hace referencia el título, poético y sugerente como pocos.

Lo más atractivo es el contraste entre estas dos personas tan disímiles. La cinta contiene dos momentos de intensa emoción que, curiosamente, comparten un cristal de por medio. La visita de Seraphine a la orca que le amputó las piernas, su reconocimiento y perdón. Y cuando Alí se destroza los puños golpeando el hielo para salvar a su hijo en un lago helado.















Se me queda en la retina el personaje de Alí -gran interpretación de Matthias Schoenaerts-. Es pura energía vital y escaso raciocinio. Las mujeres pasan por su vida sin más, con la misma indiferencia que muestra por su hijo. Pero un accidente le hará descubrir su necesidad de él. 
Alí vive la vida a grandes sorbos. Cuando sale de las peleas a puño descubierto está rebosante de adrenalina. Así se quiere reconocer. Siendo un tipo hosco y cerrado sobre sí mismo nos acaba imponiendo su presencia. Pero la película no profundiza lo necesario. 

LA CAZA - de Thomas Vinterberg







El hombre acosado


Seco y cortante como la arista de un hielo se presenta este film sobre el terremoto personal y social que causa una calumnia.

Lucas es un recién divorciado que está recomponiendo su vida. Trabaja como profesor en una escuela infantil, acaba de comenzar una nueva relación e intenta restablecer lazos con su hijo adolescente. Pero una imaginativa niña desliza a una profesora un posible abuso sexual.

A partir de ese momento la vida de Lucas se convierte en tormento. Una insidiosa mancha de aceite comienza a impregnarlo todo. La histeria colectiva se va extendiendo hasta desembocar en una irreversible condena sin investigación ni base.

Lo mejor de la película es la exposición desapasionada pero rotunda de los hechos. Sin morbo alguno Vinterberg mira de frente a los mecanismos descontrolados de los prejuicios. 

Lucas es condenado al ostracismo: no quieren que acuda al trabajo, le impiden relacionarse o entrar en cualquier casa e incluso le impiden hacer la compra en el supermercado.

La idealizada Europa del Norte, con su avanzada organización social, nos ha mostrado los últimos años su lado más oscuro. Los crímenes y las corrupciones han aflorado en una novelística que ha terminado creando escuela. También el cine se asoma a sus demonios.

La película posee tal franqueza y los comportamientos nos son tan cercanos, que acabamos sintiéndonos incómodos: ¿cómo hubiésemos reaccionado ante un caso semejante? La pederastia es asquerosa y vil; pero la tantas veces proclamada alarma social nos puede convertir a todos en miserables. 
Me recuerda en sus ecos a La duda. La maledicencia y la condena se disparan con demasiada facilidad.  

La lucha de Lucas es agobiante. Está absolutamente solo y nada de lo que diga o haga servirá. La caza de brujas es total. Dos pinceladas para completar el cuadro. Esa calvinista comunidad siente amor por la caza y hasta practican pequeños ritos de iniciación con los jóvenes. Todo esto se convierte en una metáfora. Y la escena de la iglesia. Allí Lucas explota y se enfrenta a la comunidad reunida mientras rezan hipócritamente por sus almas. 

El guión tiene el acierto de la medida exacta. No carga las tintas y gradúa con sutileza tanto la atmósfera irrespirable como la desesperación de Lucas. Otro de los aciertos indudables es el papel de la niña. Su comentario fue leve y desea seguir jugando con Lucas. Sabiamente queda exonerada en su inocencia. La mirada se centra en las reacciones del mundo adulto.
Tobías Lindholm es quien escribe el libreto; guionista también de otra obra de Vinterberg, la notable Submarino, un drama un tanto sórdido del que me quedó grabada su desesperanza.

Mads Mikkelsen obtuvo, con todo merecimiento, el premio al mejor actor en Cannes 12´. Su rostro aparentemente pétreo logra imponernos su angustia psicológica y la opresión a la que está sometido.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Las mentiras de la noche

de Gesualdo Bufalino







Muchas menos que las cien noches del Decameron, cuatro reos comparten su última noche antes de la ejecución. Son seguidores del Padreterno, el secreto líder de los carbonarios que confabula para derrocar al rey en la Italia decimonónica.

En una fortaleza rodeada de precipicios y mar, compartirán sus últimas horas con fray Cirillo, un bandido sanguinario que durante años asoló el país. El Gobernador ansía la identidad del Padreterno y para esa noche prepara una última celada. Dispondrán de una urna sellada y avío para escribir. Con uno sólo que escriba el nombre secreto se salvarán todos. 

Así que para huir de "la pestilencia de la muerte" y la traición deciden intercambiar historias. Deberán elegir la "más memorable que pueda dar sentido a su vida", la que guardarán bajo los párpados en el postrer instante.

Bufalino escribe profuso como un denso brocado; sus párrafos son barrocos y hermosos. El alma y sus pasiones alimentan cada página. Como un demiurgo teje las historias, evoca los lances y espera que el embriagador perfume de los duelos, amores y pasiones nos hechice.
"Crecido en la fe de una Fuerza y de un Espíritu eternos, pero sintiéndome excluido desde un buen principio del consorcio de los hombres,  yo siempre había advertido dentro de mí un vacío, una especie de cavidad sin fondo, que me correspondería colmar con violencias, desobediencias, venganzas. Contra quién, no sabía; pero, naturalmente encendido de ánimo y propenso a creer que cualquier placer es un delito pero que ningún delito es culpable, me había rendido gustosamente a los paroxismos de la voluptuosidad, buscando en ella más una ocasión de desafío que una señal de castigo. Sólo para no tardar en darme cuenta de que se consumaban ambos, el castigo y el desafío, en mí mismo, intransitivos. " pág 124 
Salvador Dalí -Laberinto-



















Las aventuras se adoban con disquisiciones sobre la vida y la muerte. El autor se mueve a gusto entre lo metafísico y lo aforístico:
"Vivir no me gusta y no me gusta morir"
"No me lamento: curioso de la vida, no lo soy menos de la muerte"
"(Al barón) más de uno le debía la vida, aunque esta vez la muerte".
"Convencido de que ella era mía, a partir del momento en que yo era y me sentía suyo".
"Cualquier insurrección empieza con una saciedad y con un hambre" (Hartos del rey y famélicos de pan).

Un barón, un soldado, un poeta y un estudiante comparten suerte. Narciso, el estudiante, narra su primer e idealizado amor, cuyo fuego se acrecienta en el secreto. La mismísima Vanina Vanini, que Stendhal inmortalizara en sus maravillosas Crónicas Italianas, extiende un salvoconducto a su amada. Y a fe que estas nuevas crónicas no le van a la zaga a aquellas en prisiones, revueltas y pasiones. 

El barón por su parte, evoca el vacío de su alma contrapuesto a la vitalidad de su hermano gemelo. Muerto éste en un duelo en París, lo suplanta resuelto a vivir la aventura revolucionaria.
Mientras el soldado, nacido de una violación y abandonado en un convento, relata la búsqueda de su fortuna y venganza en las armas, donde encontrará a su odiado padre.
"Allí estaba, consanguíneo e ignorante, el costado del que fue mi semilla; allí, su boca cruel, tan parecida a la mía; allí la huella sobre su carne de los dientes de una fierecilla asaltada... Un odio me vino a la boca, tan total y perfecto como para hacer pensar en un amor. Pero inmediatamente volvía a ser racional, frío, un soldado que con aceite e hilachas abrillanta su fusil en la víspera de una batalla." pág 127
Finalmente amanece y un inopinado Diabolus ex machina acecha la representación. La noche conspira entre verdades y mentiras. Bufalino cierra el baile con un brillantísimo coup de théâtre que nos convierte a todos, prisioneros y lectores, en meros comparsas.  El destino y la vida se tornan a veces ininteligibles. El mismísimo Gobernador duda del alcance de la verdad que acaricia.
"Nosotros los hombres ¿qué somos? ¿Somos verdaderos, somos pinturas? ¿Tropos de papel, simulacros, increados, inexistencias llegadas al escenario de una pantomima de cenizas, burbujas sopladas por el canuto de un prestidigitador enemigo?
Si es así, nada es cierto. Peor aún: nada es, cualquier hecho es un cero que sólo puede salir de si mismo. Apócrifos todos nosotros, pero apócrifo también quien nos dirige y refrena, quien nos mal junta o divide: metafísicas nadas, nosotros y él, mezclados a capricho por un reincidente extravío; narizotas de carnaval sobre cráneos llenos de agujeros y de ausencia... Hace un año vi un cuadro en París. Representaba un mono en un taller, con el bastidor y los pinceles. ¿Seremos eso nosotros, criaturas de lágrimas? ¿Los garabatos de un mono pintor? ¿cuando no puros fantoches de pie, en medio de una habitación, multiplicados por dos espejos enfrentados...? " pág. 183


Gesualdo Bufalino fue profesor de Instituto y sobretodo lector impenitente. Cuando publicó su primera novela tenía 61 años. "¡Qué maestro este don Gesualdo!", saludó Leonardo Sciascia ante la aparición en 1981 de Perorata del apestado. Todo un triunfo de un autor secreto que, como tal, se presentó en sociedad con un estilo ya depurado. Barroco y metafísico; sin duda humanista. A esta obra y a la reseñada se añadirán otras entre las que destacan Argos el ciego y Calendas griegas. Cuatro novelas magistrales. Murió en 1996, en un accidente de coche. Contaba 76 años.

martes, 12 de noviembre de 2013

Es allí a donde voy

de Clarice Lispector



            Más allá de la oreja existe un sonido,
            la extremidad de la mirada un aspecto, 
            las puntas de los dedos un objeto:
            es allí donde voy.

            La punta del lápiz el trazo.
            Donde expira el pensamiento hay una idea,
            en el último suspiro de alegría 
            otra alegría,
            en la punta de la espada la magia:
            es allí donde voy.

            ¿O no voy? Voy, sí.
            Y vuelvo para ver cómo están las cosas.
            Si continúan mágicas.
            ¿Realidad? Te espero.
            Es allí donde voy.

            En la punta de la palabra está la palabra.
            Soy un yo que anuncia.
            No sé de qué estoy hablando.
            Estoy hablando de nada. Yo soy nada.
            Es hacia mi pobre nombre adonde voy.

            En la extremidad de mí estoy yo.
            Yo, implorante, yo, la que necesita,
            la que pide, la que llora, la que se lamenta.
            Pero la que canta. La que dice palabras.
            ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos
            las traen de nuevo y yo las poseo.
            Yo al lado del viento.


                                                          Clarice Lispector, en el cuento Es allí a donde voy,
                                                                                                                           del volumen Silencio

lunes, 11 de noviembre de 2013

Y amanece la muerte

de Jim Crace











Concluyo la lectura un poco perplejo. ¿Qué ha pretendido el autor? En la primera página relata el asesinato de dos zoólogos cincuentones y en el resto de la obra conocemos su historia. Lo que ocurre es que se trata de dos vidas anodinas, muy poco estimulantes. La propuesta se centra pues en un ejercicio, el de invertir la flecha del tiempo en estas vidas segadas. 
"Iniciar su viaje cuando desembarcan y luego llevárselos de vuelta al punto de partida equivale a una forma de eternidad. Al alba, por lo menos para Joseph y Celice. Una muerte que amanece. Con toda la vida por delante.
Tal vez los doctores en zoología estuvieran fuera del tiempo, pero la memoria, el viaje de regreso, puede rescatarlos de las dunas y arroparlos de nuevo en su lecho mortuorio, todavía dueños de la habitación". pág 16
De este modo la estructura de la novela son capítulos que se alternan. Mientras que unos relatan los seis días que transcurren hasta que los cuerpos son encontrados; en los otros el reloj va atrasando la hora desde el propio crimen en las dunas hasta esa madrugada cuando se despiertan sin saber que será la última.
"Un día vivido de antemano ha huido del futuro en dirección al pasado. Los muertos han resucitado y están acostados en la cama, al amanecer de una jornada que ha invertido el curso del tiempo." pág 231
Valoro una escritura amena y precisa. La psicología de Celice está muy bien retratada, pero la novela es anticlimática. Los materiales narrativos no son despreciables; ahí están apuntados un crimen, una historia de amor demolida por los años, un sentimiento de culpa por la muerte de una compañera o la amenaza de un mal augur en los vientos de la bahía del Barítono. Pero estos aspectos sólo están apuntados, en ningún momento son el objeto de la novela.
La descripción del crimen es minuciosa, pero ni su motivación ni su investigación se afronta. El criminal importa poco o nada.
"No le sería fácil sentir rabia auténtica contra el hombre y la mujer hasta que estuviera más cerca. Entonces, empujado por algún detalle de su ropa o de su rostro, encontraría la furia necesaria para entablar el combate, para envolverlos con su energía. Cuando se mostraba violento (lo había hecho ya dos veces antes) era capaz de comportarse de modo tan franco y desenvuelto como, por ejemplo, un zorro o un grajo. O como un león. Éstos obtenían de su ferocidad un placer desinhibido. Él haría lo mismo." pág. 40
Tampoco la culpa de Celice, que rememora su primer encuentro con Joseph mientras su compañera Festa perece en un fortuito incendio. 
"Aquel fuego, aquella muerte eran culpa de él, y también de ella. La culpa la tenían el amor y la pasión. Una pasión como la de ellos, breve pero lo bastante poderosa para alterar el equilibrio del mundo natural y poner a prueba su sincronicidad. Donde hay sexo hay muerte." pág. 171

Uno de los aspectos más palpitantes de la novela son las meticulosas descripciones. Es notorio que Joseph está suscrito a la revista Entomología. Del mismo modo la personalidad de ambos zoólogos es científica, por lo que muchos capítulos adquieren la textura de un Cuaderno de Campo. Del crimen se nos relata cada golpe y cada hueso al quebrar, el fluir de los líquidos y la postura de cada miembro. Asimismo de la descomposición y las tareas que cada bichito necrófago afronta. Parece como que la zoóloga haya convertido el relato en su clase.
"Tendréis que tragaros dos palabras largas -decía Celice, al tiempo que escribía SENESCENCIA y TANATOLOGÍA en la pizarra. El envejecimiento natural. El estudio de la muerte-. La senescencia es el camino por el cual transcurre la existencia de la mayoría de los seres vivos. Incluidos nosotros." pág 54
El criminal no importa. El asesinato es como un accidente. Se nos invita a intuir que la propia vida es un accidente. Ése es el karma de la novela. El mejor resumen, quizás, sea la página donde Joseph y Celice se enfrentan a los vientos cantarines de la Bahía del Barítono. Han vuelto allí a rememorar su primer encuentro. Conocen sus malos augurios. Quien oiga el cántico del viento sobre la arena será acechado por la muerte. Pero son científicos. A la sabiduría popular que atribuye al rocío predicción de buen tiempo o al nogal fecundo un anticipo de invierno duro, siempre antepondrán una realidad mostrenca.
"la Tierra no es visionaria y no hay que echarle la culpa del futuro. Mira siempre hacia atrás, igual que harían los amantes durante los largos años previos a la muerte, a su agonía en aquel preciso lugar, antes de que se les exigiera un alto precio por su nostalgia. Lo que moldea el mundo es el pasado, el futuro no está en él. Así pues, un rocío abundante sólo indicará que el cielo ha estado claro y se han dado unas condiciones favorables para que se deposite. La superabundancia de nueces de savia no indica otra cosa que la primavera y el verano precedentes fueron propicios para los juglans suca. Y lo mismo sucede con las dunas salinas que cantan. No predicen las desgracias del mundo, se limitan a decir: "Se dan las condiciones correctas para cantar." pág. 208-9

Bien escrito y armado el libro; pero con un interés leve. 

viernes, 8 de noviembre de 2013

La península

de Julien Gracq














Jose Ramón Martin Largo nos InCita 
a la obra de un autor que posee un diapasón absolutamente personal. 
El artículo completo en LaRepúblicaCultural.es

"En mi vida no ha habido más que partidas. Nunca me ha gustado llegar". Así reflexiona el protagonista de La Península, novela de Julien Gracq que ha publicado Nocturna Ediciones y que viene a contribuir a la recuperación en castellano que de las obras nunca traducidas de este autor ya inició la misma editorial con El rey Cophetua.

Los relatos de Gracq suelen ser una variación sobre un tema previo; y si en la novela citada más arriba se trataba del mítico rey Cophetua, que desdeñaba a las mujeres y se creía inmune al amor, aquí el punto de partida es la leyenda de Tristán e Isolda, y más concretamente la ópera que Wagner escribió sobre el tema, a la que el narrador alude por partida doble. En primer lugar para recordar el motivo musical que abre el preludio del último acto (único momento en que Isolda está ausente), y cuya melodía pasa fugazmente por la cabeza del protagonista, una melodía que lleva el título de La soledad. La segunda cita wagneriana se produce ya al final de la novela, cuando el protagonista evoca el ritmo atropellado y desenfrenado de la orquesta en el pasaje llamado “La impaciencia del amor”.

Es bien sabido que Tristán e Isolda es la referencia romántica universalmente reconocida acerca del asunto del amor y la muerte, lo que puede resultar paradójico en este autor de apariencia fría y hasta misógina. Sin embargo aquí, como en El rey Cophetua, volvemos a encontrarnos con una historia de verdadera pasión, aunque expresada, eso sí, de una manera voluntariamente contenida, antirromántica, eludiendo los lugares comunes y las sensiblerías que son propios del género.
(…)
El argumento de La península, como es corriente en la obra de Julien Gracq, es de una sencillez extrema, ya que también aquí lo memorable no es la anécdota en sí, sino aquello a lo que ésta, convertida en flujo de conciencia, da lugar. Simon, del que no sabemos otra cosa que su nombre, se encuentra en la estación ferroviaria de Brévenay, imaginaria población bretona, aguardando la llegada del tren que debe traer a su amante, de la que sólo sabemos que se llama Irmgard. Previamente ésta ha comunicado a Simon que podría perder el tren de la mañana, en cuyo caso llegaría a Brévenay en el siguiente, ya de noche. 

ErnestDescals
Como ocurre con otras narraciones de Gracq, La península se desenvuelve en el escenario físico y mental de la espera. Y como también sucede en otras de sus narraciones aquí de nuevo todo parece esperar. Los paisajes que varían según el protagonista se acerca a la costa, el ramo de rosas y el espejo que adornan la habitación en la que unas horas después debería estar él con Irmgard, el sol que lentamente desciende en el cielo y que nos proporciona una idea del paso del tiempo, todo se muestra a la conciencia del protagonista transido de esa palpitante inmovilidad que corresponde a la espera. Lo que no impedirá que a su regreso a Brévenay, donde debería reunirse con Irmgard, se apodere de él el desaliento ante la próxima consumación, momento en el que discernirá objetivamente: “No se espera a nadie. El mundo no espera nada”.

Y es que la exquisita prosa de Gracq nos describe junto al viaje del protagonista la historia de su transformación. Conducido por esa prosa, por momentos luminosa, por momentos oscura y sombría, siempre exacta en la descripción de lo que se mueve en el alma humana, el lector se abisma en el viaje de Simon como en las impresiones recibidas a la vista de una sucesión de cuadros en los que las imágenes de la realidad adquieren la forma de continuas y audaces metáforas, a veces de estirpe surrealista (no en balde Gracq fue amigo de André Breton), entre las que suelen insertarse otras imágenes procedentes del mundo de la fantasía, en especial las de la ausente Irmgard-Isolda, constituida en presencia erótica y a la vez fantasmal. 
(…)
Así, el recorrido por esta península, siempre hacia Occidente, hacia los acantilados de Bretaña y lo que el “Atlántico alcanza sólo en ciertos días privilegiados en las playas encaradas al oeste, aquel instante de júbilo apremiante y amenazado, tan hermoso, tan pasajero como el rayo verde que él llamaba la aureola de las playas”, hacia el finis terrae, tiene también un significado mítico: el del viaje hacia el fin, hacia la muerte. En el camino, Simon trata de discernir “la música que surge del ser humano”, y constata, en lo que concierne a Irmgard, cuyo tren imagina avanzando en la noche hacia la estación, su alejamiento.

La península es la obra magistral y perturbadora de un autor que prefirió la calidad (calidad quintaesenciada, elevada de principio a fin a las mayores alturas de la poesía) a la cantidad. La edición incluye un plano de Bretaña en el que puede seguirse el itinerario del protagonista, y donde figuran los topónimos reales junto a los imaginarios ideados por Gracq, todo lo cual permitirá al lector disfrutar más plenamente de este libro de un autor que, en la nómina de autores del siglo XX, destacándose sobre los estajanovistas y los cazadores de éxitos y premios, consiguió en todas sus obras ser un artista escritor, tal vez el último de ellos."


-Una reseña más de Vicente Molina Foix en ElPaís.com