jueves, 31 de octubre de 2013

El atlas de las nubes



María José Obiol  es una desprejuiciada gourmet de la literatura. Valoro enormemente sus opiniones. Aquí, nos presentaba la nueva novela de Mitchell (El bosque del cisne negro) y recuperaba la lectura de El atlas de las nubes, cuya traducción al cine por los Wachosvky y Tom Twiker fue un fiasco.
La periodista sigue el hilo de la metáfora musical y nos incita a un acercamiento más gozoso y literario.






Sexteto para solistas

“Al inicio está ese amanecer encapotado que envuelve la bahía y desfigura al Prophetess, un barco mercantil en reparación”. Eso se lee en el diario de Adam Ewing, un abogado americano que espera partir desde las islas Chatman rumbo a su California natal. Es el año 1850, y lo que parecía iba a ser una lectura tranquila pues al conocer aspectos de la historia, tanto de la película basada en El atlas de las nubes, las caracterizaciones y duplicidades de sus personajes, como que el autor de la novela, David Mitchell, situaba escenarios ya en la mitad del siglo XIX ya en un futuro posapocalíptico, me iba a permitir entrar en el texto sin demasiadas sorpresas.

Me equivoqué, pues en cada página había un motivo que me inducía a seguir. Lo que resultaba sencillo, inquietaba; la risa producía desazón, y si lo incomprensible se transformaba en lógico y lo que parecía irresoluble se desvelaba transparente, no es extraño que lo sobrecogedor me sedujera. No en vano, esta es una narración compuesta de diferentes relatos cuyo encaje es excelente, y cuya mejor definición sobre su estructura la refiere el músico Robert Frobisher. Él habla de una obra musical propia que lleva el título de la novela. Dice así, El atlas de las nubes “es un sexteto para solistas que se solapan: piano, clarinete chelo, flauta, oboe y violín, cada uno en su clave, escala y tono. En la primera parte, cada solo se ve interrumpido por el siguiente; en la segunda, se retoma cada interrupción en orden inverso”. Atención, pues Robert Frobisher es un personaje de la novela, así que hagámosle caso y sustituyamos a los solistas, el oboe, el clarinete, el violín… y démosles otros nombres. Adam Ewing, en 1850; Robert Frobisher, en 1931; Luisa Rey, en los años setenta; Timothy Cavendish, en nuestro tiempo; Sonmi-451, en el siglo XXII, y Zachry, el vallesino que habla cabrés, en un futuro posapocalíptico que nos instala en el final de los tiempos. 

Y sí, cada uno de los protagonistas tiene su clave y su tono, porque el autor utiliza un género literario diferente para cada historia. La aventura, el humor, la novela negra, la ciencia ficción… Y también cambia la palabra en su escritura: el diario, la epístola, el periodismo, la investigación, el interrogatorio… Estupendo Mitchell. En El atlas de las nubes, los siglos se caminan hasta llegar a un universo devastado y, a partir de ahí, como en la partitura de Frobisher, hay que rehacer el recorrido y regresar al Prophetess, donde nos espera Ewing.

Esta es una estupenda novela coral donde los protagonistas son esos relatos que parecen independientes pero que forman parte de un todo muy bien ensamblado, y a pesar de ese nexo común entre los personajes: un antojo en su piel con forma de cometa, no me apunto a la historia de la reencarnación y hago piña con el irreverente y fantástico Timothy Cavendish, ese editor al que le llega un manuscrito donde se cuenta lo que el lector ya ha leído. Cavendish declara que esa posibilidad de que Luisa Rey sea la reencarnación de Robert Frobisher es “un rollo demasiado hippie-grifota”. ¡Bravo, Cavendish!, para en el momento siguiente descolocar a esta lectora comentando que él también tiene un antojo debajo del sobaco, pero que ninguna amante le ha dicho que se pareciese a un cometa. 

No he visto la película, pues atendí la crítica de Javier Ocaña, y no quiero que rostros tuneados y camuflados, ni almas de personajes que se desplazan a través del tiempo, me alejen del disfrute que he tenido al leer ese original y bien trabado juego estructural de El atlas de las nubes, que en 2006 fue publicada por Tropismos y ahora reeditada por Duomo. Regreso a mi amigo Cavendish, protagonista de una historia excelente y delirante, y compendio el mismo de sarcasmo y sabiduría, quien ante su desesperada situación declara: “Los libros no ofrecen una verdadera escapatoria, pero pueden impedir que una mente se despelleje viva de tanto rascarse”. Pues eso."



El atlas de las nubes. David Mitchell. Traducción de Víctor V. Úbeda. Duomo Ediciones. Barcelona, 2012.

Otra buena reseña del libro en LaEspadaEnLaTinta

miércoles, 30 de octubre de 2013

La nube PÚRPURA - de M. P. Shiel








Novela tanto fantástica como alegórica, narra el itinerario del último hombre sobre la faz de la tierra, recorriendo los diversos territorios del planeta y de su alma atormentada.

Es principios del siglo XX y Adam Jeffson es el primer hombre en llegar al Polo Norte, un lugar todavía misterioso que parece vedado al ser humano. En ese mismo momento una nube tóxica recorre el planeta aniquilando todo vestigio de vida. Las siguientes páginas nos informarán de la supervivencia de Adam y de su regreso a la civilización donde solo encuentra desolación. Los cadáveres inundan las calles, las casas y las cuevas. Hasta la corrupción se ha detenido por falta de artífice.

El grueso de la novela es un derrotero frenético por latitudes y ciudades de todo el globo. Una furia enloquecida de actividad que se alterna con oleadas de desánimo. Adam recorre el planeta para convencerse de que la Humanidad ha desaparecido y se juramenta para que nunca renazca.
"Andaba sin saber a dónde iba ni por qué, y sin tener noción de si estaba contemplando todo aquello en el planeta que había conocido o en algún otro, o si todo era una fantasía de mi espíritu, porque tenía también la idea de haber muerto hacía muchos años, y de que mi alma vagaba ahora por las profundidas del espacio, en donde no hay norte ni sur ni arriba ni abajo, ni medida o relación alguna como no sea la inquietante sensación de estar soñanndo con algo que no tiene fondo." pág. 77
Edición de El Reino de Redonda
Adam no ha sido expulsado del Edén, sino que éste se ha convertido en pesadilla. Un lugar de muerte y aniquilación que en su inmensidad llega a parecer una pequeña habitación acolchada contra cuyas paredes golpea su cabeza atormentada.
"lo esencial para mí era saber, con toda seguridad, si estaba o no estaba solo: porque una especie de instinto había empezado a decirme en voz baja: "Averígualo; asegúrate, asegúrate de eso: porque sin esa seguridad nunca podrás ser tú mismo." pág 101
El nombre de Adam no es inocente. Tampoco el de su barco, el Esperanza. Adam Jeffson se ha convertido tanto en el último de su raza como en el primero de un nuevo porvenir.
En primera instancia su reacción es la de un ensoberbecido monarca que acomete la destrucción de las grandes ciudades: Londres, París, Estambul... Con estas explosiones e incendios busca cauterizar su alma. También emprende la construcción de un palacio con paredes de oro y fuentes de vino en homenaje a sí mismo.
"Algo dentro de mí me dijo: "No serás nunca un hombre bueno ni podrás escapar para siempre al Infierno y la locura, a no ser que tengas un objetivo en la vida, que dediques tu corazón y tu alma a alguna obra que requiera todo su pensamiento, tu ingenio, tu saber, tu fuerza física y moral, la habilidad de tus manos y tu mente: de otra forma, estás condenado a sucumbir." pág. 142
El tema del apocalipsis en 1901 era absoluta novedad. Posteriormente convertido en tema recurrente de la ciencia ficción, suele señalar culpables como la estupidez humana, las guerras o la ceguera nuclear. Pero en La nube púrpura no hay culpables sino metáforas. Las vicisitudes de Jeffson me recuerdan a las Artur Gordon Pym e incluso a las de Robinsón Crusoe. Es el hombre arrojado a la soledad cósmica.

El libro es brillante en su desarrollo y contiene múltiples hallazgos. Comienza presentándose como un manuscrito con todos los ecos de esta maña tan cervantina. El doctor Browne había asistido durante años a la señorita Wilson, la cual en estado de trance, lograba viajar en el tiempo. El cuaderno III con las notas del doctor sobre lo que había oído relatar constituye la novela. Es una lástima que este artificio dure sólo cinco páginas.
















Del mismo modo los preparativos de la expedición ártica constituyen un relato propio lleno de intrigas, engaños y hasta envenenamiento. Dado que el primero en hollar el Polo recibirá un premio millonario, la mujer de Jeffson se muestra como un consumada arpía.

Hallazgos también son la descripción de una serie de escenas de gran potencia visual, como la visión casi mística del pozo y el agua que hay en el Polo Norte o la estremecedora visión de un barco de guerra ruso pletórico de cadáveres y a toda máquina o la destrucción de Estambul: "El mismo Cuerno de Oro era una lengua de llamas, lleno de barcos de guerra, corbetas, fragatas y bergantines que explotan."

Pero el máximo hallazgo es la paradójica personalidad de este Adán, donde se cita el sufrimiento de estar solo junto al placer inclaudicable de esa misma soledad; el desprecio por toda vida frente al aprecio de la misma o la venganza sobre los designios divinos junto al reconocimiento final. 
En la última parte de su periplo y después de muchos años, encuentra a una joven superviviente. Un ser puro, nacido en una cueva sellada lejos de las miasmas púrpuras y criada de forma primigenia y salvaje. ¿Una nueva oportunidad?
"Y ahora hay una pregunta a la que me gustaría encontrar respuesta: si durante veinte años -mejor sería decir veinte siglos- he estado o no loco de remate; y si ahora de repente estoy o no en mi sano juicio, sentado aquí, escribiendo como una persona cuerda, toda mi manera de ser cambiada de arriba abajo o cambiando a toda velocidad. Y si semejante cambio podría deberse únicamente a que haya otra persona conmigo en este planeta." pág 191

El triunfo de lo más noble nos lo ofrece en dos detalles. Antes de arrasar Londres nos cuenta que fue "a la National Gallery, en donde arranqué de sus marcos la Visión de Santa Elena, el Niño bebiendo de Murillo y el Cristo atado a las columnas."
Y también en el sentido homenaje a la literatura y a su amigo Arthur Machen:
"Pero como estaba empeñado en terminar su poemas, habría seguido escribiendo, en una carrera contra la nube, pensando seguramente, "sólo un par de estrofas más", hasta que llegó la  nube y le hizo poner la cabeza encima de la mesa; y no creo haber encontrado jamás  algo que hiciera tanto honor a mi raza como ese Machen y su carrera contra la nube: porque  ya no hay duda de que los mejores entre  esos hombres llamados poetas  no escribían para complacer a las tribus inferiores y oscuras que pudieran leerlos, sino para liberarse de ese fuego divino que ardía  en su pecho; y aunque todos los lectores hubiesen muerto, ellos habrían seguido escribiendo puesto que, si lo hacían, era para que los leyese Dios." pág 116



P.D. Matthew Phipps Shiel nació en Monstserrat (Islas Occidentales), en 1895, hijo de un predicador de origen irlandés y una mulata. El día de su nacimiento, su padre compró un peñasco deshabitado en el Caribe y reclamó a la reina el título de Rey de Redonda. La reina aceptó siempre y cuando nunca intentara rebelarse contra el poder colonial. Así fué como M.P. Shiel, alias Felipe I, se hizo con el trono a los 15 años. En 1947, el trono del Reino de Redonda pasó a manos de su amigo y discípulo John Gawsworth (Juan I). Él fue quien dio forma a la primera corte literaria, aunque muchos de los nombramiento se hicieron en los pubs que frecuentaba y con la intención de satisfacer a sus acreedores. El tercer rey fue John Wynne-Tyson (Juan II) poseedor de los derechos de las obras de los dos anteriores monarcas. Cansado de los problemas del Reino abdicó en la década de los 90, cuando, después de leer Todas las almas (donde Gawsworth aparece como personaje), le otorgó el trono y los derechos de la obra de sus monarcas a Javier Marías. Pero sólo se supo un año después ya que el autor español prefirió que esta circunstancia apareciera discretamente en su obra Negra espalda del Tiempo
Las obligaciones del Rey son contribuir a mantener viva la memoria de los anteriores reyes y de la leyenda, y heredar y gestionar los derechos de Shiel y Gawsworth. Además es potestad real nombrar a sus nobles. Marías se ha decantado por escritores y cineastas como Coppola, Duque de Megalópolis; Pedro Almodóvar, Duque de Trémula; Guillermo Cabrera Infante, Duque de Tigres; Alice Munro, Duquesa de Ontario o Ian McEwan, Duque de Perros Negros. 
Este reino de ficción tiene bandera, diseñada por Javier Mariscal y moneda, realizada por el diseñador de Swatch Alessandro Mendini.
Dado que su lema es Ride si sapis -Rie si sabes-, el Reino de Redonda también tiene su parte humorística como por ejemplo el nombramiento de Juan Cruz como Comisario de Agitación y Propaganda. Del mismo modo el actual rey, Javier I, ha comunicado que "en breve será nombrado un Embajador en el 221B de Baker Street, que, como todo el mundo sabe, es el país de Sherlock Holmes."

domingo, 27 de octubre de 2013

2 Guns

de Baltasar Kormákur














Traición sin límite. Acción y entretenimiento. Dos tíos quieren hostigar a "Papi", el jefe de un cartel mejicano, y deciden robarle la pasta que esconde en la caja de seguridad de un Banco. Pero en vez de los 3 millones esperados, aparecen 43 y en la huida se descubren sorprendidos que ambos son agentes encubiertos, uno de la DEA y el otro de la Inteligencia de la Marina.  ¡Joder!  y además ¿de quien coño es tanta pasta?

Los dos infiltrados tienen su expediente fuera de circulación y con tanta pasta de por medio estorban a sus jefes; así que tienen que espabilarse porque llueve plomo. Sobran los peones. 

La historia está basada en la novela gráfica de Steven Grant y Mat Santolouco y eso nos da una trama redonda, bien rematada, con personajes muy bien definidos y con unas poses muy chulas de sus protas: "¿Conoces el dicho no atraques nunca un banco enfrente de una cafetería con los mejores donuts de la región?", y otras bravuconadas animan la función.

Porque a la postre se trata de una peli de colegas con un gran ritmo y traiciones por doquier para que la intriga no decaiga. Desde Dos hombres y un destino con Paul Newman y Robert Redford, pasando por los Blues Brothers hasta llegar a los Men in Black, hay todo un recorrido de películas con dos colegas a la gresca, derrochando humor y carisma mientras se salen con la suya. De modo que estas dos pistolas empuñadas por un Denzel Washington en su salsa y un cada vez mejor Mark Wahlberg es puro cine de entretenimiento. Hecho para disfrutar.

Es verdad que podría haber sido más ambiciosa y más negra; pero seguro que no era su pretensión. En cambio sí entrega un puñado de buenas escenas de acción, humor desenfadado y un secundario de los que se prenden en tu retina. Bill Paxton es un dirigente de la CIA verdaderamente montaraz, un auténtico poder fáctico de la frontera que pasa por encima de todo y de todos, mientras emite doctrina. Dos ejemplos. Destilando poder e impunidad mientras coloca una bala en el tambor suele preguntar: "¿Has jugado alguna vez a la ruleta rusa? La gente suele apuntar con el primer disparo a la sien; pero yo creo que es una equivocación, porque si esperas que te de una información y lo matas...".

En otra charla con "Papi" -un Edward James Olmos de magnífica presencia-  también le echa un poco de picante al asunto:

-Os gusta mi país débil y corrupto, ¿verdad?, para venir y comprar lo que queráis a precios de saldo... Pues yo no salgo barato.
-¿Es una cuestión de orgullo Manny? ¿de virilidad? ¿de demostrar que tienes una polla mejicana?
Tienes un polla gigante, enorme.. y yo soy un admirador de tu polla ¿y qué?  ¡sigues siendo un narco y yo el gobierno de los EEUU!...  Es un mercado libre, Manny, no un mundo libre.

Narcotráfico, CIA, DEA, persecuciones, traiciones y una ensalada de tiros. Marchando un burrito con jalapeños.

sábado, 26 de octubre de 2013

Las sombras de la caverna

de Alberto Manguel


















"Las sombras en la pared de la caverna de Platón;
los signos de neón en un país extranjero cuya lengua no hablamos; 
la forma de una nube que Hamlet y Polonio vieron una tarde en el cielo;
la escritura que los antiguos sumerios creían leer en las huellas 
dejadas por las aves en el cieno del Éufrates; 
las figuras mitológicas que los astrónomos griegos 
distinguían en las estrellas remotas; 
 el nombre de Alá que los creyentes han visto en un aguacate; 
 la flamante escritura de Dios en el palacio de Nabucodonosor; 
los sermones y libros que Shakespeare descubría en guijarros y arroyuelos; 
las cartas del tarot que empleaba el viajero de Italo Calvino para leer 
historias universales en El castillo de los destinos cruzados;  






















el anuncio  rasgado sobre una cartelera recompuesta en una pintura de Tàpies;  
el río de Heráclito, que es también el fluir del tiempo; 
el poso del té en el fondo de la taza; 
el jarrón hecho añicos de Lurgan Sahib, que casi se reconstruye 
ante los ojos incrédulos de Kim; 
la flor de Tennyson en el muro agrietado;
          los ojos del perro de Neruda, en los que el poeta ateo veía a Dios; 
          el He kohau rongorongo o "madero parlante" de la isla de Pascua
la ciudad de Buenos Aires, que para el ciego Jorge Luis Borges 
era "un mapa de mis humillaciones y fracasos"; 
las puntadas en la tela donde el sastre Kisimi Kamla de Sierra Leona vio el futuro
 alfabeto de la escritura de los mendi; 
la ballena errante que San Brandán confundió con una isla; 
la geografía filosófica  de un jardín japonés; 
los cisnes salvajes de Coole, 
en los que Yeats desentrañó el sentido de nuestra transitoriedad, 

todo esto nos ofrece o sugiere, 
o simplemente nos permite, una lectura
 cuyo único límite son nuestras propias capacidades. 

"¿Cómo vas a saber que cada ave que hiende
 el espacio aéreo
 es un inmenso mundo de deleite, 
si estás confinado en tus cinco sentidos?", 
preguntaba William Blake.





                                Alberto Manguel en "Leer imágenes" pág. 22,23,24. Alianza Editorial .2002



miércoles, 23 de octubre de 2013

Prisioneros

-Prisoners-
de Denis Villeneuve



El autor de la extraordinaria Incendies nos entrega un thriller tenso y absorbente que indaga en los pliegues donde se esconde nuestro animal vengativo y primigenio.

En una pequeña comunidad desaparecen dos niñas. El policía encargado del caso y los padres de ambas criaturas deberán afrontar una investigación que lo es tanto de los escasísimos indicios como de su propio dolor.

Porque una vez desaparecidas las niñas no volvemos a saber nada de ellas, ni del secuestrador. A los padres de ambas, y a nosotros como espectadores, la cinta nos abandona en un vacío espeso y agobiante capaz de enloquecer al más pintado. 

Los prisioneros a los que se refiere el título no son tanto las niñas secuestradas como los padres.  Prisioneros de sus miedos, de sus valores, de una sociedad enferma y de su desolación.

Los primeros días se convierten en una tortura. El mundo se le viene encima a Keller (Hugh Jackman): sabe que la vida de su hija puede ser cuestión de horas. La policía detiene a un joven apocado que suele merodear con una caravana. Keller, rabioso e impotente lo secuestra y tortura.
Llama la atención que siendo una película de estrellas tenga un plan tan desnudo: no hay acción, ni pirotecnia; simplemente un sólido guión de los que te agarra las entrañas -obra de Aaron Guzikowki- y unas interpretaciones tan contundentes como veraces. Hugh Jackman nos demuestra que es capaz de expresar tanto el infinito dolor de un padre como el cóctel amargo del que ejecuta una venganza teniendo presente que es deleznable. Él mismo se siente torturado y prisionero.

Jake Gyllenhaal no le va a la zaga. Vuelve a un papel como el de Zodiac, investigador honrado pero sobrepasado por las circunstancias. En el fondo es nuestro asidero. Presionado por sus superiores y el entorno, huérfano de pruebas, asiste indefenso a un drama que se vuelve opresivo.

Aunque creo que es inferior a ella, no puedo dejar de recordar el ambiente malsano de Mystic River, la obra maestra de Clint Eastwood.


Prisioneros es un thriller amargo que no duda en retratar algunos aspectos poco amables de la sociedad americana. Su individualismo a ultranza o su aceptación de la tortura como medio legítimo. Cuando Keller descubre al otro matrimonio el secreto de su tortura, en principio les repugna, pero finalmente transigen: "No participaremos, ni se lo impediremos. Nos desentenderemos". En la resolución también aparece la religiosidad entendida como fanatismo. Un buen conjunto de fotografías morales de una sociedad.

domingo, 20 de octubre de 2013

Una cuestión de tiempo






















-About Time-
de Richard Curtis



Abonado a la comedia romántica, el director de Love Actually y guionista de Cuatro bodas y un funeral y Nothing Hill, nos entrega otra comedia romántica basada en situaciones cotidianas que pulsan las teclas de la autenticidad  y las emociones. 
Maestro en trazar personajes normales agitados por un poquito de caos, Curtis siempre logra que nos veamos reflejados en esas pandillas de amigos y familiares origen de malentendidos y problemas, pero también de las satisfacciones y emociones de esa cosa tan diáfana y fugaz que llamamos vida.

Al cumplir los 21 años, Tim recibe de su padre (Bill Nighy) una revelación. Los hombres de su familia pueden viajar en el tiempo, aunque sólo sea al pasado, a  momentos determinados. De este modo siempre es posible una segunda oportunidad, un revivir lo vivido. Así que el torpe y pelirrojo Tim (Domhnall Gleeson) tendrá la oportunidad de ir puliendo errores hasta conseguir finalmente a la chica de sus sueños, Mary (Rachel McAdams).















La película nos cuenta el noviazgo, matrimonio y primeros hijos de este héroe vulgar y corriente con mucho humor y una ligera emoción. Es muy fácil reconocerse en estos novios, amigos y hermanos y más si los actores destilan naturalidad y buen rollo. Como en sus otras películas, un amplio elenco de secundarios ayudan a cuadrar la función, como la hermana que no tiene suerte con los novios o el tío bonachón y superdespistado. Pero sobretodo destaca un brillantísimo Tom Hollander, como el ácido y gruñón dramaturgo con el que convive Tim en Londres.


Me gusta el tono divertido y la autenticidad de las situaciones, veo la película con gusto, pero la verdad es que hay poca chicha, escasean los conflictos que llevarse a la boca. Carece de la brillantez de Love Actually y por supuesto no hay ni un poquito de mala leche o vértigo. Tim se lleva bien con los padres y ayuda a su hermana. También echa un cable a un frikiamigo del trabajo. Los padres de ella sólo aparecen para hacer posible un chiste e incluso cuando se presenta el pibón que fue su primer amor para tentarle, el pobre Tim sale corriendo por calles y andenes para pedirle matrimonio a Mary. 

La anécdota del viaje en el tiempo se circunscribe primero a rehacer pequeños fallos, luego a revivir los días para apreciarlos en toda su extensión (esta sería la posición filosófica de la película, tan liviana como bienintencionada) para llegar a la conclusión: vive cada día como si fuese el último, sin remisión.

Entretenida, pero un tanto insustancial.

viernes, 18 de octubre de 2013

Rubaiyat de Omar Khayyam


1
Despertaos, despertaos, durmientes, que la aurora
arrojó ya la piedra al piélago nocturno
ahuyentando a los astros, y el Cazador de Sombras
prendió en un haz de Luz la Torre del Silencio.

7
El tiempo, inexorable, va fluyendo ¿qué ha sido
de Bagdad y de Balk? Un leve roce puede
matar la rosa. Bebe , y al mirar las estrellas
medita en las culturas que se tragó el desierto.

17
¿Al mundo, a qué venimos? ¿Por qué nos vamos?
¿Qué quiere esta existencia que nos ha sido impuesta?
Arden las almas y se convierten bajo su peso
en ceniza, pero yo no veo la hoguera.

22
Créeme, bebe vino. El vino es vida eterna,
filtro que nos devuelve la juventud. Con vino
y alegres compañías, la estación de las rosas
vuelve. Goza el fugaz momento que es la vida.

37
Entre impiedad y fe tan solo un soplo existe,
así como también separa un simple soplo 
dudas y convicciones. Goza el soplo presente,
que está la vida entera en el soplo que pasa.

42
Natura crea la rosa y la destruye luego,
tornándola a la tierra. Si polvo en vez de agua
aspirasen las nubes, hasta el último día
del mundo, llovería sangre de enamorados.

58
Si dejaste pasar tus días a la vera
de tu amor; si de todos los placeres del mundo
gozaste, puedes irte.  Comprenderás entonces
que toda tu existencia ha sido sólo un sueño.

59
El día que yo muera se acabarán las rocas,
los labios, los cipreses, las albas, los crepúsculos,
la pena y la alegría. Y el mundo habrá dejado 
de ser, que su existencia está en nosotros mismos.

81
Las alas de la noche reposan sobre el alba.
Se habla de aquel que crea al ser y lo destruye.
No comprendo la obra del Creador. Dame vino
del que enternece el pecho y alegra la memoria.

83
Nos prometen el vino, la aguamiel y un edén
con huríes de ojos de jade. Si nos damos
al vino y a las bellas, no está mal, que es el premio
que allá en el paraíso nos está reservado.

98
La Rueda, que con todo termina, acabar puede
con tu alma y la mía. Vaciemos ya las copas
y vamos a tumbarnos en el césped, pues pronto
sobre nuestras cenizas ha de crecer la hierba.















135
Cierra tu libro y piensa. Mira impasible al Cielo
y a la Tierra. Da al pobre la mitad de tus bienes,
perdona las ofensas, no le hagas daño a nadie
y apártate a un rincón si quieres ser dichoso.

136
Descubrir quise en vano el Cielo y el Infierno
más allá de la Tierra y aun del infinito.
Pero una voz me dijo: ¡Necio! Cielo e Infierno,
hasta el fin de los siglos, viven sólo en tí mismo.


141
Te basta saber que todo es un misterio:
la creación y el destino de la Tierra y el tuyo.
Sonríe, pues, ante ellos. No sabrás nada más
cuando hayas franqueado las puertas de la Nada.

154
Tuve grandes maestros. Llegué a estar orgulloso
de mis progresos. Cuando recuerdo que fui sabio,
me comparo a ese líquido que llena el vaso y toma
su forma, y a ese humo que el viento desvanece.

170
A través de lo ignoto, mi alma tuvo empeño
en descorrer el velo del más allá. De pronto
volvió y me dijo esto. "¿Sabes? He comprobado
que el cielo y el infierno se encuentran en mí misma".

175
Igual que una linterna mágica es esta Rueda
en torno de la cual vamos todos girando:
la lámpara es el sol, el mundo la pantalla,
nosotros las imágenes que pasan y se esfuman.

179
El dedo del destino tan solo una palabra
escribió antes de irse. Nada, ni inteligencia,
ni amor, ni compasión, hará que se retracte.
No hay lágrimas bastantes para poder borrarla.

197
Se nos da un breve instante para gustar del agua 
en este ardiente páramo. Ya el astro de la noche 
palidece. La vida va a llegar a su término: 
el alba de la Nada. Vamos, pues, date prisa.

219
¿Qué es el mundo? Una parte pequeña del espacio.
¿Qué es la ciencia? Palabras. ¿Y qué son las naciones,
las flores y las bestias? Sombras. ¿Y tus continuos
tus inquietos cuidados?  Sólo nada en la nada.


243
En iglesias, mezquitas y sinagogas, sólo
se refugian los débiles que temen al infierno.
Aquel que bebe vino, en su pecho no siembra
las dañosas semillas del ruego y el espanto.



Admitamos que hayas resuelto el enigma de la creación. ¿Cuál es tu destino?
Admitamos que hayas podido despojar de todos sus vestidos a la Verdad. ¿Cuál es tu destino?
Admitamos que hayas vivido cien años dichoso y que vayas a vivir otros cien más. ¿Cuál es tu destino?


¡Cuán pobre el corazón que no sabe amar, que no puede embriagarse de amor! Si no amas, ¿cómo te explicas la luz enceguecedora del sol y la más leve claridad que trae la luna?
Sabes que no tienes poder sobre tu destino.


Lámparas que se apagan,
esperanzas que se encienden.
Aurora. Lámparas que se encienden,
esperanzas que se apagan. Noche.


Omar Khayyam fue amigo íntimo de Ibn Sabbah y su figura prolifera en las páginas de la admirable novela Alamut.  Su lectura me ha desvelado muchos aspectos históricos y del islam; pero sobre todo un concepto filosófico radical y furiosamente escéptico. Quisiera aprovechar esta coyuntura para recordar alguno de los Rubaiyat que Khayyam  escribió allá por el siglo XI. Leyéndolos parece increíble que su aliento de libertad y hedonismo provenga de la profundidad de los siglos. Como dice José Gibert en el prólogo de mi edición: "ninguna otra literatura puede ofrecer algo comparable a la fascinadora belleza de tales versos elogiando los placeres terrenales, ni a las mordientes diatribas  con que fustiga a las convenciones dualistas, ni a las expresivas rebeldías  contra el malévolo y fatal Destino  que lleva a la muerte todo lo bueno y hermoso de este mundo."
Pesimista, irreverente hasta lo blasfemo, epicúreo y atormentado, Khayyam acaba siendo un moralista y un metafísico: la vida es lo más hermoso y...vano. La naturaleza nos desdeña y sigue impertérrita sus ciclos. El hombre está prisionero del Tiempo que lo consume y sólo posee el presente, ¡su copa de vino! Pero aunque el yo se disgregue en el polvo, no olvidemos que el cielo y el infierno sólo existe dentro de nosotros: somos esencia de divinidad.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Alamut

de Vladimir Bartol









Soprendente y vivísima novela que mezcla magníficamente aventuras, guerras, religión, filosofía y un punto de intriga con el almizclado aroma del Oriente.

Alamut es una fortaleza casi inexpugnable que domina el valle desde el macizo montañoso de Elburz, al Norte de Irán. A finales del siglo XI allí sienta sus reales el Viejo de la Montaña, el implacable Ibn Sabbah. Se presenta a sí mismo como el nuevo profeta y líder de la secta ismaelita que agrupa a los seguidores de Alí. También es el urdidor último de un sutilísimo plan que aspira a derruir el imperio turco de los selyúcidas que extiende su influencia hasta el califato de Bagdad.
"¡Qué fábula la vida! La juventud estaba llena de sueños, una búsqueda agitada llenaba la edad madura. Y ahora, en el ocaso, sus antiguos sueños comenzaban a hacerse realidad. Disponía de treinta castillos. Era el jefe de miles de creyentes. Sólo una cosa le faltaba para alcanzar el punto sublime: llegar a ser el terror de los poderosos y de los tiranos extranjeros, fuesen quienes fuesen. El plan que estaba a punto de llevar a cabo era el medio para realizarlo. Plan fundado sobre el conocimiento minucioso de la naturaleza y de las debilidades humanas. Un plan salvaje y demente, un plan calculado, cifrado, medido." pág. 195
La novela nos introduce en Alamut de la mano de dos jovencitos, la niña Halima e Ibn Tahir, nieto de un mártir de la causa ismaelita. La una estudia para convertirse en hurí, el otro en fedayín. Su aprendizaje centra el primer tercio de la novela, donde se nos revela alguno de los recovecos de un armazón al margen del mundo, regido por el misterioso Seiduna (mi amo) que nunca aparece en público.
"extraños fulgores iluminaban las fortificaciones alrededor. Los edificios, las torres, los parapetos se presentaron así transfigurados, casi irreconocibles. Todo en aquella hora adquiría un aspecto insólito, incluso fantástico. Sí, el decorado era ahora casi el de un cuento..." pág. 55
El momento histórico es el de una encrucijada. Los sectarios de la Sunna gobiernan Irán pero soterradamente se multiplican los seguidores de Alí, considerado el legítimo heredero de Mahoma. Se masca un combate a muerte entre los ismaelitas y el califa de Bagdad, a quien acusan de lacayo de los turcos. 
"Pues está escrito que después de los seis grandes profetas, que fueron Adán, Noé, Ibrahim, Moisés, Jesús y Mahoma, vendría un séptimo enviado, el más grande: Al-Mahdi. Y éste descendería de la dinastía de Ismael. Es el que esperamos ahora y por él combatimos. En verdad os lo digo: el castillo de Alamut abriga grandes secretos." pág. 69
El personaje de Ibn Sabbah es legendario. Ha quedado grabado a fuego en el imaginario histórico y si he calificado de sorprendente al libro, es precisamente porque entre sus muchas sorpresas, quizás la mayor sea su personalidad. En ningún caso un ciego sanguinario con poderes casi mágicos (como aparece en la colorista película El Príncipe de Persia: Las arenas del Tiempo); sino un intelectual que ha estudiado todas las religiones y ha escrutado en profundidad el alma humana. La filosofía de Ibn Sabbah dejará a más de un lector boquiabierto. ¡Qué paradoja tan enorme! Que uno de los líderes religiosos más carismáticos de toda la historia sea un descreído, un hombre absolutamente racional, obsesionado con el conocimiento. Él mismo cuenta su camino de Damasco.
"Fui en su búsqueda (del sabio ismaelita Abu Nedjm Zaradj), aún encolerizado con su predecesor que no había sido capaz de revelarme ni la sombra de un misterio, y me burlé de él y de su doctrina criticona, tan ridícula para mí como la de los sectarios de la Sunna. Ni él ni los devotos que lo rodeaban, podía apostarlo, sabían nada acerca de cuándo vendría el Mahdi... y no hacía más que engañar a los creyentes ávidos de verdad... Todo el tiempo que hice llover sobre él aquella escarcha negra, esperé que saltaría y me pondría de patitas en la calle. Pero el refike me escuchó con calma...Incluso observé que cierta sonrisa de satisfacción afloraba a sus labios. Cuando finalmente no me quedó nada por decir, declaró: "Has pasado maravillosamente el examen, mi joven amigo. Incluso déjame predecirte lo siguiente: estás maduro para recibir la verdadera doctrina ismaelita, pero antes debes prometerme que no le contarás a nadie lo que voy a enseñarte antes de que seas consagrado". Estas palabras me llegaron a lo más hondo. Así pues, yo había tenido razón al sospechar que allí había algún misterio. Le hice con voz trémula la promesa que me pedía, tras lo cual comenzó este discurso: "La historia de Alí y del Mahdi sólo es un espejismo destinado al común de los creyentes que veneran el nombre del yerno del Profeta y odian Bagdad. Pero al que puede comprender nosotros le explicamos tal como el califa Al-Hakim, que el Corán es fruto de cerebros perturbados. Tienes que saber que nadie debe saber la verdad. Por consiguiente no creemos en nada.. y podemos hacer cualquier cosa". Me sentía como golpeado por un rayo." pág. 165

Asesinato del Gran visir Nizam Al-Mulk por un hashshashin.
Así es como Ibn Sabbah alumbra un plan casi cósmico, preñado de pequeños mecanismos y conspiraciones que va cobrando forma a lo largo de más de veinte años. En el corazón de este plan está la creación de los fedayines, guerrilleros fanatizados que no temen a la muerte. Posteriormente se los conocería como Hashshashiyyín,(debido a que Ibn Sabbah exacerbaba su valor con píldoras de Hashish) Secta de los asesinos o cuchillos vivientes. Su objetivo será derribar dinastías y asesinar a los poderosos refractarios a su plan.
"Sí, los pueblos buscaban fábulas y cuentos y amaban la ceguera en la que vagan. Omar acababa de servirse una copa de vino. En ese momento nació en mí un plan, que sentí poderoso, inmenso, un plan que el mundo nunca había conocido: aprovechar la ceguera humana hasta sus últimos límites. Servirse de ella para alcanzar el cenit del poder y volverse independiente del resto del mundo. ¡Realizar la fábula! ¡Transformar la leyenda en realidad, de manera que la historia hablara de ella mucho tiempo después! ¡Hacer un gran experimento con el hombre!." pág. 171
El experimento estaría validado por haber accedido a la última sabiduría tal y como confiesa a su amante Myriam.
"El que ha descubierto que todo lo que la gente llama dicha, amor, alegría no es más que un conjunto de falsos cálculos, construido sobre hipótesis erróneas, sólo encuentra en su corazón un terrible vacío. La única cosa que podría aún despertarlo de ese entumecimiento sería arriesgar su destino y el de los demás. Al que es capaz de esto, le está todo permitido." pág. 161
Caligrafía con la simbología de Alí como el Tiger de Dios
"Nada es verdad, todo está permitido" es el resumen del credo ismaelita de Ibn Sabbah. 
De joven fue amigo íntimo del poeta y filósofo Omar  Khayyam y de Nizam Al-Mulk, actual gran visir y enemigo acérrimo. El poeta había llegado a la misma conclusión pero por otros caminos.
"Un conocimiento total y definitivo es imposible -proclamaba Omar-, pues  nuestros sentidos mienten. Pero son los únicos mediadores entre las cosas que nos rodean y lo que conoce de ellas nuestra razón". "Es exactamente lo mismo que afirman Demócrito y Pitágoras -observaba yo-. Por eso la gente los condenó por impiedad, mientras ponían por las nubes a Platón que los llenaba de fábulas.". Así han sido siempre las multitudes -seguía Omar-. Temen la incertidumbre, pero eso prefieren una mentira bien servida que cualquier conocimiento, por elevado que sea." pág. 170
Trascendiendo toda trifulca entre credos, y más allá de su pérfido plan; hay que reconocer en Ibn Sabbah el hálito del más profundo humanismo, la consciencia de la orfandad respecto a los dioses y del ínfimo lugar que ocupamos en el universo.
"Perdida mi fe en Alá, mi confianza en su Profeta, pasado el encanto fascinante del primer amor. La flor del jazmín ya no exhala en mi olfato ese perfume nocturno que antes me embriagaba, y hasta los tulipanes ya no poseen colores tan vivos. Sólo el asombro ante la inmensidad del universo y el temor de despertar fenómenos celestes desconocidos han permanecido intactos para mi. La conciencia de que nuestra tierra sólo es un grano de polvo en el espacio, que nosotros mismos no somos más que un pequeño insecto, más que una ínfima variedad de piojo, me llena siempre de desesperación." pág. 289
Más allá del bien y del mal, como posteriormente teorizaría Nietzsche, desesperado en el vacío existencial, apenas encuentra un poco de consuelo en los versos de su amigo Omar Khayyam.
"¿Estás embriagado, estás enamorado? Regocíjate.
¿Las caricias y el vino te consumen? No lo lamentes.
¿Qué ocurrirá luego con nosotros? No te preocupes.
¿Lo que seas? Jamás lo sabrás... Por tanto, ¡a tu salud!"  pág. 162

De ahí que la escena más palpitante de toda la novela no sea la ejecución de un sibilino crimen o el descubrimiento de un plan que bordea la locura. Sino esa escena íntima y perturbadora en la que el joven Ibn Tahir regresa a Alamut después de asesinar al gran visir; el cual con sus últimas palabras logra desengañar al fedayín. Ahora vuelve, afligido, dispuesto a vengarse de la impostura a la que le ha sometido Seiduna. En ese momento los dos son unos desengañados. El Maestro le ofrece su última lección y lo libera para que busque el conocimiento. La cordillera de Al-Araf se convierte en una potente metáfora.
"Aún eres demasiado joven para comprenderlo. ¡Pero si tuvieras mi edad! Verías entonces que el paraíso de cada hombre no es más que el espejismo de un deseo particular. Los gozos que experimenta en él son verdaderos gozos, no necesita nada más. Si tú no hubieras adivinado mi subterfugio, habrías muerto feliz, con la misma certidumbre con la que murieron Sulaimán y Yusuf.
Ibn Tahir movía la cabeza, estupefacto.
-Escuchándote se diría que el conocimiento es pues para el hombre un regalo aterrador...
-¿Sabes lo que es Al-Araf?
-Tiene muchas razones para saber que lo sé, oh, Seiduna. Es el muro que separa el paraíso del infierno.
-Bien. Se ha dicho que ese muro estaba destinado a recibir a los caídos por una gran causa en la cual se habían comprometido contra la voluntad de sus padres. No pueden entrar en el paraíso y no han merecido el infierno. Su premio es contemplar desde lo alto ambos lugares. ¡Para que sepan! Sí, Al-Araf es la imagen del punto de vista de todos los que tienen los ojos abiertos y poseen el valor de regular su conducta de acuerdo con lo que saben. ¡Mira! Cuando creías, estabas en el cielo. Ahora que ves, que dudas, estás en el infierno. Sobre el muro de Al-Araf no hay lugar para el gozo ni el desencanto. Al-Araf es el sitio donde están equilibrados el bien y el mal. Largo y empinado es el camino que lleva a él. Y son raros los que tienen el privilegio de entreverlo. Más raros aún los que, habiéndolo entrevisto, se atreven a seguir hasta el final del camino. Porque los que están allí arriba están solos, separados para siempre de sus semejantes. Para mantenerse en esas alturas, hay que tener el corazón firme... ¿Comprendes ahora?
-Todo eso es atroz-suspiró Ibn Tahir." pág. 449
La novela tiene las dos caras de una deslumbrante moneda. El ameno tejido de los hechos históricos, el fantástico adoctrinamiento de los fedayines, las escaramuzas contra los turcos, las demostraciones sutilísimas y mortales de los designios de Ibn Sabbah... Y por otro lado la concepción filosófica que sustenta ese Nido de Águila (significado de Alamut): en el fondo toda una Teoría del Conocimiento.
"los cármatas y los druzos, de los que también descendía Hakim, sabían que el hombre sabio debe franquear los nueve grados del saber antes de acceder al objetivo. Sus deyes ganaban adeptos haciendo hermosos relatos sobre la genealogía de Alí y la venida del Mahdi. La mayoría de los discípulos se contentaban con esas fábulas rudimentarias. Los más exigentes querían saber más, y se les explicaba que el Corán era una maravillosa imagen investida secretamente de un sentido oculto. Si aún con esto no quedaban satisfechos, el maestro no dudaba en demostrarles la vanidad de su fe en el Corán y en el islam en general.  El que quería ir más lejos aprendía que todas las religiones, en lo que se refería a lo verdadero y lo falso, tenían igual valor. Hasta que finalmente algunos raros elegidos estaban maduros para la iniciación en el supremo principio, que se apoya en la negación de toda doctrina y de toda tradición. El acceso a este grado  exige del adepto el mayor valor y la mayor fuerza. Porque desde ese momento deberá caminar por la vida sin un suelo firme bajo los pies, sin bastón que dirija su marcha." pág. 225



Contraportada.- Vladimir Bartol nació en Trieste (Italia), en 1903 aunque utilizó el esloveno, su lengua materna, como vehículo de expresión literaria. Profesor de Filosofía en la Universidad de Trieste, fue un magnífico traductor de Nietzsche y ferviente admirador de las teorías de Jung y del psicoanálisis. Inmerso en la agitación ideológica del período de entreguerras, Bartol supo entrever el peligro que acechaba tras las doctrinas del totalitarismo, tanto de izquierdas como de derechas. Alamut, considerada una obra cumbre de la literatura eslovena, esconde una denuncia velada del extremismo político y un análisis profundo de la maquinaria que subyace tras la manipulación social.

martes, 8 de octubre de 2013

Gravity

de Alfonso Cuarón


Mientras asisto a la proyección me asalta el recuerdo de las primeras imágenes "auténticas" del espacio que vi en mi vida: "2001: una odisea espacial", de Stanley Kubrik. Aquella nave cilíndrica que daba vueltas en el espacio después de una gigantesca elipsis o aquella azafata caminando seguido primero de pie y luego boca a bajo. Pienso que aquello significó un antes y un después en la historia del cine y si Gravity puede significar lo mismo.
Porque Gravitiy ha dado un paso de gigante en la integración del 3D como un elemento constitutivo del cine. Sus imágenes me parecen prodigiosas. La cámara nos traslada con una verosimilitud pasmosa al vacío del espacio exterior. A ese silencio tan abrumador que ya desde el primer plano se nos impone y nos advierte de nuestra fragilidad.

Pero no lo creo. No creo que suponga un antes y un después. Las películas que marcaron una época o produjeron un salto cualitativo en la narrativa cinematográfica suman el genio del fondo y la forma. Si comparamos Gravity con la propia 2001, o con Ciudadano Kane, apreciamos que la película de Cuarón es pura forma. Casi un experimento que busca indagar los límites de esta forma de expresión. Y a fe que nos maravilla; aunque carezca del sustrato filosófico que impregna 2001.

El propio director no esconde sus referencias a la hora de afrontar el guión: The duel, la presentación de Steven Spielberg y la setentera y libertaria Vanishing Point, de Serafian; películas señeras de la serie B donde un solitario protagonista afronta el reto de supervivencia. De hecho el personaje interpretado por George Clooney se llama como el contestatario piloto de la segunda, Kowalsky.

Los primeros 20 minutos constituyen un majestuoso plano secuencia que, seguro, quedará para los anales. Cuarón es un virtuoso cuya filmografía abarca todos los géneros: desde el drama más salvaje en Y tu mamá también, pasando por el aventurero -su Harry Potter y el Prisionero de Azkabán es sin duda el mejor de la saga-, hasta llegar a ese clásico moderno que es Hijos de los Hombres
Ya entonces el director nos sumergió en una Inglaterra apocalíptica a través de unos planos secuencia memorables y angustiosos. Ahora ha querido ir un poco más allá con este tipo de montaje y para ello nada mejor que el espacio. Recordemos lo que dijo al respecto:
"La idea de utilizar largos planos secuencia me vino porque estoy muy intrigado por la manipulación del tiempo. Cuando usted corta seguido está manipulando el tiempo. Si no lo hace, obtiene lapsos de tiempo más realistas. Con planos largos, uno permite al espectador vivir los hechos al ritmo de los personajes, en el mismo lapso de tiempo. Y pienso que esto vuelve la película más intensa. Uno logra sentirse más implicado con los personajes."

En la inmensidad del vacío pasaremos con naturalidad desde la panorámica hasta el primerísimo plano inmersos en una danza armoniosa e inusitada,  que se convierte en el verdadero protagonista de la cinta. 























Aunque lo parezca, tampoco podemos hablar de que se trate de una película de ciencia ficción. Las naves, los trajes y la tecnología son actuales igual que nuestra vulnerabilidad. Esa tragedia inminente en un entorno implacable es la que soporta el drama. El hombre insignificante y náufrago en el espacio, como bien expresa esa Sandra Bullock que duerme encogida como un feto en una quimérica bolsa.
Por cierto que su trabajo es notable; muy físico y lejos de sus histrionismos habituales.

No creo que Gravity vaya a ser un éxito de taquilla. Quedará para los aficionados apreciar la pericia de esas secuencias interminables, la majestuosidad de un 3D que nos rodea hasta casi los 360º o  la enorme profundidad de campo. Todo ello debido a Emmanuel Lubezki, habitual director de Fotografía de Cuarón que después de varias nominaciones al Oscar tiene toda la pinta de que por fin se lo llevará: ha creado imágenes de una belleza incomparable.

Ni que decir tiene que hay que verla en pantalla grande y 3D.