domingo, 30 de junio de 2013

LA CIUDAD DE LAS PALOMAS - de Javier Tomeo









Robinsón en el asfalto.-

En homenaje a la reciente muerte de este autor único e insólito en la literatura española, releo uno de sus libros. Muchos de ellos bucean en el contrapunto de dos personajes que se interpelan. En esta ciudad de las palomas la desnudez es total. Teodoro se levanta, desayuna y sale al tráfago de la vida; pero no va más allá del portal. La soledad es absoluta, no hay nadie en la calle, todo está cerrado, el tráfico no existe, ningún signo de vida palpita. 

En apenas página y media Tomeo nos hace despertar en un planeta extraño y opresivo. Sólo un grupo de palomas se arremolina tras la figura del robinsón. Y aquí está la almendra que nutre el universo de este autor: soledad, incomunicación, perplejidad e incluso angustia. Personajes lanzados a una búsqueda perturbadora de la que desconocen el objeto (¿y qué es la vida si no?).

Dos aspectos son cruciales para reconocer a un autor de fuste: su estilo y su universo. Tomeo es un autor inesperado y asombroso en el océano de realismo español. Fabulador de un mundo propio, reconocible y muchas veces grotesco. "Soy aragonés, no puedo escribir más que negro y Buñuel es mi dios; quizá tuvo la culpa las pinturas de Goya", reconocía en una entrevista. 

Pero tan admirables o más que las situaciones de partida son sus exploraciones posteriores, su desarrollo. Siempre está presente la amenaza de la soledad y del absurdo. En este contexto el silencio puede llegar a ser ensordecedor
"Parece como si saliese del fondo de las cosas. No es, desde luego, el silencio de los días festivos, ni siquiera el que precede a las emboscadas. Es, mejor, el silencio que sigue a la muerte". pág. 11
Para no volverse loco vale hasta el más candoroso empeño: contar las ventanas del imponente edificio del Banco del Sur. Así, si llegase alguien inquiriendo por el desvarío podría responderle
"que era la primera vez en su vida que estaba completamente seguro de algo, que para estarlo había tenido que renunciar a todos sus conciudadanos, y que si al final resultaba que no tenía razón, su sacrificio perdería todo su sentido.   Mientras el cielo acaba de cubrirse de nubes, Teodoro continúa pues sentado en el centro de la plaza tratando de apresar por la vía del número un mundo que, en buena parte, le han escamoteado. Lo que pretende, ni más ni menos, es encerrar la ciudad y todo lo que contiene dentro de unos límites sagrados, imposibles ya de traspasar.". pág. 60
O también estableciendo pautas y ciclos en un reconocible entorno familiar.


De todos modos la situación es tan ambigua que acabas planteándotelo todo. Incluso te asalta un punzante sentimiento de culpa: es entonces cuando Tomeo se emparenta más íntimamente con su maestro Kafka"Posiblemente, piensa, fui yo quien les abandonó a ellos"
Y también de desesperanza. 
"Además, suponiendo que sus amigos estén en alguna otra parte, esperándole, ¿cómo encontrar el camino que conduce hasta ellos? ¿Dónde está ese sendero mágico? ¿Hacia el Norte? ¿Sur? ¿Este? ¿Tal vez por el Oeste? Si saliese a buscarles, lo más fácil es que anduviese perdido durante todo el resto de su vida. El corazón del prójimo puede estar escondido en una porción infinitesimal del espacio, en el rinconcito más insospechado de la brújula ¿Vamos pues a arriesgarnos a caminatas inútiles? pág. 97-98 
En los mundos que abren sus libros campea lo paradójico y la monstruosidad. En este caso las palomas sólo son espectadoras, y a pesar de ser lo único vivo en el horizonte, se perciben como amenaza. En el mundo vacío y solitario los animales palpitan como oscuras pulsiones que no podemos controlar. En una entrevista el autor hablaba de ellos.
"(En nosotros) hay una parte animal, claramente somos animales "racionales" aunque haya algunos comportamientos realmente execrables. Todo mi mundo y mis personajes tiene que ver con el ello freudiano, las pulsiones, la exteriorización de lo que nos gustaría hacer y no hacemos, lo que no nos atrevemos a hacer por los convencionalismos". 
Incluso un mito animal sobrevuela el relato, la ballena en cuyas entrañas pena Jonás:
"El héroe del sol, dijo con la mirada puesta en la bombilla que pendía sobre todas las cabezas, desaparece al caer la tarde en el Oeste, nada durante toda la noche hacia Oriente en las entrañas del gran pez, se alimenta, renueva sus fuerzas y por la mañana reaparece esplendorosamente.
Un ciclo que se repite cada día: subida y bajada, mañana y tarde, despertar y dormir, revivir y cansarse, principio y fin. El ex seminarista habló de todo eso con fervor y Teodoro, mientras pedalea de vuelta a su casa, piensa si no estaría ya entonces en el secreto de lo que iba a pasar al día siguiente en la ciudad. Todos los ciudadanos devorados por una ballena. Puede que mañana renazcan, se dice". pág. 66
Pero que nadie piense que todo será falacia o sueño. No despertaremos de la pesadilla. Tras el regusto de la perplejidad vendrá el rejón de la angustia, la amenaza de la esquizofrenia.

Javier Tomeo estudió Derecho y Criminología. Firmando como Frantz Keller se bregó en los años cincuenta escribiendo novelitas del oeste para la editorial Bruguera. 
Sus obras, siempre escuetas, alumbran rincones muy remotos del alma humana. Algunas fueron adaptadas al teatro con gran éxito, sobre todo en Francia. Son magistrales Amado monstruo, El castillo de la carta cifrada, El Crimen del cine Oriente, El mayordomo miope, El cazador de leones y sus Historias mínimas.

jueves, 27 de junio de 2013

Angosta

de Héctor Abad Faciolince










Libros dentro de libros,
una ciudad con Infierno, Purgatorio y Paraiso.
Un cóctel de hiperrealismo y ciencia ficción a todas luces apetitoso.
Faciolince como InCitación en esta tesis de Kristin Himmelfart Stokke Guttormsen de la Universidad de Oslo, titulada La lectura de las lecturas en Angosta.




"En este estudio de la novela Angosta de Héctor Abad Faciolince, hago un análisis de cómo Jacobo Lince, el protagonista, se ve alterado por las lecturas que realiza del libro Angosta y del poema Fin del mundo, dos textos que tratan la violencia y su contexto social. Me baso en los conceptos teóricos de Wolfgang Iser, específicamente, en el efecto estético, para echar luz sobre la interacción entre el texto y el lector que surge por la lectura. La interacción es dialéctica en el sentido de que existe una influencia mutua entre lector y texto. Al observar la interacción mencionada, también he examinado cómo esta interacción ilumina la lectura que el lector real realiza de Angosta.

Angosta es una obra narrativa de la violencia que señala la preocupación que Héctor Abad Faciolince tiene por el futuro de su país. La novela muestra una sociedad latinoamericana y andina penetrada por la violencia. Es una presentación hiperbólica y ficticia pero verosímil de una ciudad colombiana. Angosta, la ciudad ficticia que da nombre a la obra, está dividida en tres sectores según las clases sociales: Tierra Fría (el Paradiso), Tierra Templada (el Purgatorio) y Tierra Caliente (la Boca del Infierno) respectivamente. Debido a la topografía y los recursos naturales, los habitantes de Angosta se establecieron en diferentes partes de la ciudad durante la época de la colonia y eligieron domicilio según sus intereses y su trabajo, lo que iba a determinar cómo iban a ser las condiciones de vida a lo largo de muchas generaciones. Por ello, el fundamento de la creación de los tres sektores se formó a partir del estatuto social y la situación económica de la gente, lo que por entonces tenía que ver con los orígenes: los descendientes de los españoles por un lado (los dones/”fríos”), y los negros y los indios por otro lado (los segundones/”tibios” y los tercerones/”calentanos”). El resultado fue una sociedad fría, llena de xenofobia y violenta que no permitía a sus habitantes ascender libremente a Tierra Fría sin pasar por el Check-point para mostrar sus papeles o salvoconductos. Angosta está caracterizada así por imágenes de la naturaleza violenta y por personajes que resultan ser o bien los ejecutores de la violencia o los que sufren de esta violencia crónica.

El lector aprende sobre la historia angosteña a través del libro escrito por Heinrich von Guhl sobre diversos aspectos de la ciudad Angosta.  La narración empieza con la lectura del texto de Guhl que hace el protagonista Jacobo Lince, un personaje en el que en cierta manera se autorretrata el propio Abad Faciolince. Lince es un segundón afortunado que con la riqueza que tiene puede vivir en Tierra Fría, pero que opta por vivir en Tierra Templada con sus amigos en el hotel La Comedia. Al principio de la novela su vida no tiene mucho sentido, parece que la violencia lo ha hecho indiferente a todo lo que le rodea.

La novela se narra a través de dos puntos de vista, uno de un narrador omnisciente que cuenta la historia del protagonista y otro de un narrador joven poeta, Andrés Zuleta que lleva un diario. Las vidas de los dos narradores se cruzan gracias a los cambios drásticos que toman sus vidas. Zuleta finalmente puede dejar a su familia, que siempre lo ha tratado mal y se ha reído de sus poemas, y logra obtener un trabajo en Paradiso, con lo que se muda al hotel La Comedia. Al volver al hotel después de pasar una noche observando a la gente, se encuentra a Lince golpeado en el asfalto.
En el transcurso de la novela nos encontramos con varios personajes de las distintas “tierras” que aparecen en las descripciones en las notas a pie de página. La acción gira en torno al hotel La Comedia en Tierra Templada, donde residen la mayoría de los personajes. Encontramos, entre otros, al matemático Isaías Dan que para no perderse a sí mismo en la vida amorosa y violenta de Angosta, sigue buscando la solución de un problema matemático. Otro personaje que sobresale es doña Luisa Medina: una señora que está de luto por su familia que fue asesinada por razones políticas. Las vidas de los otros personajes que no viven en el hotel se cruzan por azar, por el deseo físico o por la relación que comparten debido a los oficios de leer y escribir. 
(...)

La novela Angosta describe la sociedad angosteña sobre todo a través de personajes complejos y característicos. No es una coincidencia que el espacio central sea la Tierra Templada. En este sektor viven los tibios que se ven afectados por la violencia, pero que no tienen la misma rabia que los calentanos a la injusticia social de la que son responsables los fríos. Tampoco temen que los calentanos vayan a invadir su tierra.
Resultan ser del sektor del medio, un tipo de purgatorio o limbo que no usa la violencia como medio para mantener o cambiar la situación social, lo que les da cierta posibilidad de escribir sobre su vida cotidiana o pasar el tiempo leyendo, intentando entender o denunciar la sociedad mediante las palabras.

(…)

1.3 La lectura
La lectura desempeña un papel importante dentro de la novela Angosta; tiene la función de un “hilo rojo” y de un elemento circular, ya que el protagonista está leyendo el mismo libro en el inicio y en el final de la novela.
En esta tesis es importante señalar que la lectura es un acto que se puede llevar a cabo tanto en la vida real como en la ficción. Cuando el lector empieza a leer la novela Angosta, se da pronto cuenta de que hay un personaje dentro de la ficción que está leyendo también. En este caso, el lector real lee sobre un lector ficticio que lee, al mismo tiempo que se entera de lo que dicho personaje está leyendo. La confusión puede ser grande cuando el lector real descubre que tanto él como el lector ficticio están leyendo un libro que se llama Angosta. En relación a estas dos lecturas simultáneas, Catalina Quesada Gómez ha comentado que “en esos continuos saltos de nivel, el lector llega a sentir que se confunde con el personaje, puesto que ambos leen un libro llamado Angosta, con la diferencia de que el lector real lee un libro de ficción y el personaje hace lo propio con uno no ficcional” (en Barchino, 2007, p. 562). Normalmente, hace falta una sola descodificación y comprensión para que el texto sea leído en el mundo real, sin embargo, Angosta (2) solamente cobra vida en el mundo real siempre y cuando dos lectores la lean. Me refiero aquí a un lector real que puede hacer la lectura del lector ficticio porque también está leyendo. La lectura en los dos mundos - el real y el ficticio- tiene un valor iniciador porque invita al lector a participar en otro mundo a la vez de que enriquece el mundo en el que vive, por las nuevas perspectivas que le ofrece.
Veremos más adelante cómo la lectura de la Angosta de Guhl se convertirá en un catalizador en la vida de Jacobo Lince, a la vez que la novela Angosta de Abad Faciolince fue el comienzo de mi tesis de maestría.

En Angosta (1), Abad Faciolince nos proporciona un acceso directo a varias concepciones de la realidad, entre otras, las que tienen Jacobo Lince y Heinrich von Guhl. Resulta útil leer las dos percepciones de la realidad porque se complementan; una es muy personal, subjetiva, y la otra es más científica, más objetiva. Angosta (1) cuenta la historia de un hombre de casi 40 años, mujeriego y lector que no busca más en la vida que otra mujer con quien acostarse. Guhl presenta en Angosta (2) la historia de Colombia, su geografía y cómo su sociedad se ha convertido en un campo de batalla por la separación interna de la ciudad. El motivo por el que estudio las dos concepciones de la realidad en la presente tesis, es identificar la interacción que existe entre ellas.
Veremos que la concepción estática, Angosta (2), ejerce influencia en la concepción dinámica, Angosta (1). También trataré la concepción de la realidad que el poeta y escritor Andrés Zuleta nos presenta en su cuaderno14.
En Angosta (2), Lince lee sobre aspectos sociales que ya conoce; el lector de la ficción Angosta (1), por otro lado, se entera de cómo funciona la sociedad angosteña apoyándose en las dos Angostas. Los dos libros de la ciudad Angosta tratan sobre una sociedad de violencia, y se presentan como si fueran escritos por diferentes autores por el juego de la ficción.
El leer Angosta (2) dentro Angosta (1) nos ofrece una lectura doble. Esta lectura doble puede, tal vez, tener un efecto más fuerte en el lector real porque la complejidad de las descripciones de la violencia aparece representada desde dos perspectivas diferentes. No obstante, Angosta (1) ofrece aún más lecturas, de una manera indirecta, pues en la novela aparecen varias intertextualidades y alusiones que hacen eco de otras obras narrativas. Consecuentemente, y debido a las varias capas e intervenciones de lecturas que encontramos, Angosta se puede clasificar como una novela “libresca” según la definición de Quesada Gómez, quien en “La biblioteca se consume lenta. Héctor Abad Faciolince y la quema de los libros” apunta lo siguiente:
Se ha dicho que el Quijote es uno de los libros más librescos escritos en español, e igualmente librescas son también las novelas de Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958), donde proliferan los textos dentro de textos, los múltiples niveles de ficción, con abundantes juegos metaliterarios, y, como allí, cobran relevancia los actos de la lectura y la escritura” (2007, p. 556).
Junto a la narración principal que cuenta la historia de Jacobo Lince, la novela consiste en varios fragmentos de lecturas y de un cuaderno que juntos forman una imagen detallada de la ciudad ficticia.



1.4 La violencia
La violencia en Angosta es un aspecto muy importante y dominante ya que es el elemento que asegura la perduración del Apartamiento, la estructura social angosteña.

(…)
En Colombia la violencia tiene un significado especial, se trata de una etapa histórica que sigue teniendo influencia en la sociedad hoy en día. Darío Acevedo Carmona (2001) explica lo que es la violencia en Colombia. El periodista nos aclara que a pesar de que haya habido violencia desde el siglo XIX en forma de guerras civiles, que el término de Violencia, con mayúscula, se empezó a usar para referirse al “enfrentamiento entre liberales y conservadores entre los años 40 y el advenimiento del Frente Nacional” (p. 61). El uso de la palabra cambió en los años 60 cuando surgió otro conflicto político que contribuyó a la violencia, y los periodistas y académicos comenzaron a llamarlo la violencia, con minúscula. De esta manera, enfatizaron que se trataba de un evento a nivel nacional que sucedía a diario. Acevedo Carmona apunta que “el término violencia (así en general) sigue designando todo lo que esté relacionado con hechos de fuerza y de sangre, sino que también para buena parte de los investigadores la violencia sigue siendo el problema más inquietante del país” (p. 62).
La literatura colombiana que trata este tema ha reaccionado a la violencia que ha infestado el país durante varias décadas. Un ejemplo de ello es la novela Angosta (1), que es una presentación ficticia e hiperbólica de la sociedad colombiana: Que Angosta sea, para empezar, una ciudad partida por muros reales y por muros invisibles, y como si esto fuera poco, también la ciudad más violenta del planeta, con un índice de asesinatos por habitantes que está muy por encima del de Sarajevo o del de Jerusalem en sus peores momentos. Y lo más serio: esta carnicería no la comete un enemigo externo ni se puede culpar de ella a un antagonista extranjero o a un enemigo étnico o religioso, sino que es perpetrada por poderes bien identificados nativos de la propia ciudad.
(…)

Además de ser penetrante y omnipresente, la violencia de Angosta se relaciona con el mundo real porque se refleja de cierta forma en el lector real. La novela introduce a Lince que lee sobre la violencia angosteña, a la vez de que está rodeado de esa misma violencia. Este aspecto se refleja en el lector real por el hecho de que también está leyendo sobre la violencia angosteña. Si por ende el lector real vive en Colombia, vive en la sociedad que ha inspirado a Abad Faciolince a escribir sobre un mundo lleno de violencia. En este caso, el lector entiende la violencia por medio de experiencias propias del mundo real. Entonces, al leer Angosta (1), lee una interpretación ficticia del mundo en el que vive; lo que resulta ser un espejo del lector ficticio y al revés."   

Kristin Himmelfart Stokke Guttormsen


"En Angosta todo lo precario se vuelve definitivo, los decretos de excepción se vuelven leyes, y cuando uno menos lo piensa ya son artículos constitucionales".
"Un hijo que acabó aceptando el silencio como un derecho irrevocable de su padre, y adoptándolo él también a fuerza de voluntad e introspección. La lectura se convirtió cada vez más, para ambos, en una manera de oponer resistencia a la realidad".
"Los padres de Candela habían llegado a la ciudad de abajo a finales de siglo, desplazados de un pueblo de la costa, Macondo, que había sido diezmado, primero por las matanzas oficiales y luego por las burradas de la guerrilla, las amenazas de los narcos y las masacres de los paramilitares. Lo habían perdido todo: la casa, la inocencia, el entusiasmo, la fantasía, la confianza en la magia y hasta la memoria. De su aldea de casas de barro y cañabrava, de los espejismos del hielo, la astrología y la alquimia, sólo recordaban la lluvia interminable o la sequía infinita en la parcela ardiente donde intentaban en vano cultivar raíces de yuca y de ñame para los sancochos sin carne. Habían llegado a Angosta con lo puesto, salvo un pescadito de oro que su madre había heredado de un bisabuelo, y lo cuidaba como la niña de sus ojos, después de un viaje a pie de veintiseis días por ciénagas, selvas, páramos y cañadas".
"En Angosta se sabía que el lema de Afamador era el siguiente: "reseño los libros antes de leerlos; así, cuando los leo, ya sé qué pensar de ellos".
"-Aquí viene otro de los que viven en F, Faciolince, el creído.
-¿qué hay de él?
-Ese librito corto, la culinaria.
-No es malo -dijo Quiroz.
-Malo no, ridículo -dijo Jursich-. Parece que Isabel Allende o Marcela Serrano hubieran reencarnado en él. Es un libro de hombre escrito con alma de mujer. Una maricada.
-A mí me pareció todo lo contrario. Parece el canto de un jilguero, que usa sus trinos para conquistar muchachas.
-¿Por qué lo odias tanto, Jacobo?
-Tal vez porque se parece mucho a mi".

miércoles, 26 de junio de 2013

El hombre de acero




















de Zack Snyder


Conseguida actualización de Superman en una cinta entretenida y sobretodo muy espectacular, pero que no aporta nada nuevo.

La historia ya la conocemos de sobra. El planeta Krypton se colapsa y uno de sus líderes Jor-El intenta salvar a su hijo enviándolo al planeta Tierra. Aunque siempre hemos conocido a Clark Kent bajo el disfraz de periodista en el Daily Planet, este reinicio de la saga se centra en los momentos previos a asumir el papel de superhéroe, concluyendo precisamente en el momento en que se incorpora a la redacción.
En esta decisión estratégica está lo mejor de la función. Es ahí donde se nota la mano de Christopher Nolan y su guionista de cabecera David S. Goyer, aportando al héroe un aura trágica y de duda. 

La película se divide en tres partes. Un buen inicio en versión extendida de las peleas intestinas en Krypton y su destrucción final, la fase de crecimiento de Clark en la Tierra y la pelea final contra el general Zod y sus secuaces. 









El joven Clark aprende junto a su padre terrestre (Kevin Costner) la responsabilidad que le espera. Sus primeras hazañas en el instituto le servirán para calibrar su futuro rol.
Esta parte de la película profundiza en el miedo que inspira en sus semejantes al ver su poder. También nos presenta el éxodo del personaje hacia el polo norte en busca de su destino. Durante el mismo afrontará diversas vicisitudes que le ayudarán a conocer tanto a la humanidad como a sí mismo. Finalmente encontrará una nave de su planeta enterrada bajo el hielo que le desvelará las claves que necesita.

Como reinicio de la saga es un acierto rotundo la nueva representación del personaje, y no sólo por el traje que es espectacular, sin colores chillones ni calzoncillos por fuera; sino por su psicología y porque Henry Cavill lo dota de un gran porte a  la vez que nos lo acerca en lo personal. 

También es muy atractivo el diseño, tipo H.R. Giger, de Krypton y sus naves; pero lamentablemente las aventuras que nos presenta son un remix ya visto. Cierto que muy espectaculares, pero carentes de originalidad: Las batallas de Krypton con Jor-El escapando en un pajarraco son deudoras de Avatar. Las peripecias de Clark yendo de oficio en oficio hacia el norte son un remedo de la presentación de Lobezno y las peleas definitivas con mamporros por el aire y destrucción de edificios ya las hemos visto tanto en Matrix Revolutions como en Los Vengadores. Además las peleas interminables entre seres indestructibles por muchos trenes y edificios que se tiren a la cabeza acaban resultando cansinas.

Hay dos aspectos trascendentales que representan la cara y la cruz de lo que rodea al hombre de acero. Por un lado el general Zod es un personaje muy bien trazado y representa la defensa de la cultura de Krypton. Fui concebido para defenderla, le espeta a Clark. La presencia de Michael Shannon es apabullante. Aporta su rostro pétreo y una fiera mirada para regalarnos un malvado de envergadura. Pero por otro lado la insistencia en equiparar a Superman con Jesucristo resulta ridícula: "tú eres la respuesta a nuestras preguntas" le dice su padre granjero. "Para ellos será un dios", dice su padre cuando lo envía. Se dio a conocer al mundo al cumplir 33 años....

Lo mejor sin duda alguna es el espectáculo que maneja con solvencia Zack Snyder y una colección de actores que encajan como un guante.

De todos modos yo creo que existe un problema de base. El hombre de acero es poco menos que indestructible y por eso mismo resulta muy difícil perturbarle. Un dios resuelve los problemas de un brochazo....y hay que reconocer que en esto hay poco drama.
Clark nunca será tan vulnerable o atormentado como lo es Batman o tan estrafalario y brillante como Ironman. Sus inmensos poderes, creo yo, juegan en su contra. Aunque Lobezno también es indestructible con su esqueleto de adamantium... Sin embargo es osco y solitario, y no siente que deba salvar al mundo. Veremos. 

domingo, 23 de junio de 2013

Nunca apagaba la luz


de Lázaro Covadlo



Noche tras noche me resistía a mirar en dirección a la ventana. Nunca apagaba la luz, y detrás de aquel vidrio la oscuridad exterior era un telón negro. Cerraba los párpados e intentaba dormir, y en tanto no llegaba el sueño yo rezaba. Le suplicaba a Dios no estar despierto cuando llegara el momento. ¡Cómo me costaba sustraerme a la vigilia y encontrar refugio en la inconsciencia del sueño más profundo! Muchas noches de invierno sentía por allá afuera, girando alrededor de la casa, la queja del viento. En ocasiones me daba por imaginar que el viento penaba por su propio desamparo, por no serle permitida la entrada a los hogares. Daba por seguro que de noche, cualquier ser, objeto o elemento que estuviese a la intemperie debía de vivir atormentado: de noche el mundo externo era un terrible abismo. En cambio, ¡era tan cálido mi cuarto! En las paredes, de color azul celeste, mamá había pintado conejitos, jirafas y elefantes. El cielo raso también era de color azul, aunque era un azul más luminoso. Paseaba mis ojos por aquellas superficies amables y me empeñaba en apartarlos de la negrura de la ventana desprovista de cortinas. Me abrazaba a mi osito tibio peludo y gordinflón, y entonces él y yo nos sumergíamos en el amigable mundo que hay debajo de las mantas, pero al cabo de un tiempo sacaba la cabeza y no podía evitar que mis ojos se fijaran en la ventana; entonces veía ese rostro que cada noche asomaba desde un ángulo y se ponía a espiar. Era una visión fugaz, pues el mirón, al sentirse descubierto, rápidamente volvía a esconderse entre las sombras del abismo. Sin embargo, aun cuando no alcanzaba a descubrir su identidad, no podía dejar de ver el brillo ansioso de sus ojos acechantes. Algunas veces también creí ver su brazo, y su puño sosteniendo el relámpago de una hoja de metal. Las primeras noches grité y reclamé la presencia de mi madre, pero dejé de hacerlo al cabo de muchas reprimendas. Ella amenazó con apagar la luz si insistía en inventar historias; eso fue lo que dijo. Si alguna vez hubo algo o alguien allí afuera yo lo esperé en vano, pues pasaron los años y nunca vino a por mí. Terminé convenciéndome de que lo que había creído ver no existía fuera de mi imaginación. Después me hice adulto y enfilé por los carriles trazados para nuestra especie: me casé y tuve un hijo. Mi hijo también empezó a ver cada noche el rostro del espía tras los cristales de su ventana. Cierto atardecer salí de casa y quedé a la espera. El puñal que llevaba conmigo daría cuenta de cualquiera que se dedicara a asustar a mi niño. Pasaron las horas y al final me asomé a la ventana del cuarto iluminado. Era enternecedor ver a mi hijo abrazado a su osito de peluche. De pronto sus ojos se encontraron con los míos, y antes de que pudiera esconderme, en los suyos alcancé a descubrir el terror.


 En "Agujeros negros", de Lázaro Covadlo. Ed. Áltera, Barcelona - 1997

sábado, 22 de junio de 2013

AGUJEROS NEGROS - de Lázaro Covadlo










Es verdad que el título de libro repite el de uno de sus cuentos, un relato fantástico perfecto. Agujeros negros narra una situación cuántica, donde el tiempo se vuelve sobre sí mismo. Clara Luz cae en la fascinación de Tadeo Hadesovich y abandona a su antiguo novio. Tiempo después se reencuentran y viven unos días apasionados. Cuando se vuelven a distanciar él va al cine y allí le proyectan la película que ha vivido esos últimas días con Clara Luz.
A pesar de un relato tan extraordinario, la colección hubiera podido titularse como otro de los que incluye, Preparación para el abismo, dado que como en él, muchos de los protagonistas son niños que se asoman a la pesadilla; léase mundo adulto o terror a lo desconocido.

En Preparación para el abismo, un niño se percibe malvado. Ha de mantener tensos los músculos para esconder su maldad, una expresión terrible que le delata como un monstruo. Sus indagaciones sobre el mundo que le rodea son inquietantes. Descubre que el trasiego de hombres en su casa no es normal. Que las discusiones de su tío con sus padres versan sobre un negocio oscuro. El niño acaba construyendo su realidad a través de un Gran Diccionario Enciclopédico, donde encuentra las explicaciones normales, pero también las subterráneas
"Una explicación más detallada acerca del asunto debía de hallarse oculta entre las letras del texto, claro que era necesario saber buscar, lo cual significa tomar en consideración que los buenos diccionarios están escritos por sabios que saben poner los puntos sobre las ies. Me explicaré con más detalle. Se trata de que en el punto de alguna i de determinada palabra se inscribe, con letras microscópicas, claro está, una explicación más profunda y pormenorizada". pág 169
Vive en un lupanar, que además percibe como un edificio transpirador y viviente, una protobestia que se comunica con la ciudad a través de sus conductos.

Nunca apagaba la luz, Mucho cuero y Mundisueño también están protagonizados por niños. Todos ellos rezuman ese extraño dulzor de la magia y los sueños rotos. El primero es un sencillo e impecable relato circular sobre un terror nocturno. En el segundo un niño discapacitado anhela poderosamente convertirse en policía y en Mundisueño un niño se evade de su grosera realidad anudado a una soñadora tía con quien comparte fantasía. Sin embargo, ya sabemos que la realidad es muy terca. Narrado por un joven que ha regresado a la habitación de su infancia, perdió a su tía hace tiempo y ahora va a perder la casa. Quizás hace tiempo que perdió el paraíso.

Igualmente en Rojo satén encontramos la ensoñación de una mujer, su anhelo por volver a vivir una pasión. 
"Siempre se sobresaltaba al oír el despertador. El aparato siempre sonaba cuando Delia  habitaba el sueño más profundo, ése que tiene frontera con la muerte, creía ella. Pero esa creencia no la atemorizaba. Le costaba emerger de aquella región  pacífica y cálida. De lunes a viernes, a las siete de la mañana, luchaba por rescatar de entre las sábanas la noción de sí misma." pág. 81.
Esa búsqueda es el cuento.

El absurdo que preside muchas veces la relación entre el hombre y la sociedad aparece en Honor al buen servicio, con ministros que entregan literalmente su cabeza o Nadie desaparece del todo, con con una ciudadano cuya pesadilla es sentirse un inútil. Obsesionado por el "tienes que estudiar para ser alguien" sufre en cambio una retahíla de amputaciones que lo van dejando en nada.

Herren Krisna, Fisher Kampf, Golden Ravioli es un brillante alegato sobre el absurdo y la necedad de las sectas. Maestro y discípulos acabarán retirándose al desierto, aislados y retroalimentados por sí mismos. 

La correntada del mal, pertenece a ese pequeño subgénero de relatos que contienen un caballeroso diablo. Enoch Soames de Max Beerhom, El amigo de la muerte de Pedro Antonio de Alarcón o  El diablo enamorado de J. Cazotte y tantos otros siempre brillantes y refinados.  Arístides Storni se encuentra, como la poetisa Alfonsina Storni, en Mar de Plata a punto de suicidarse.
"¿Te das cuenta cómo se extiende el mal gusto y la vulgaridad? Si continúan propagándose los sentimientos débiles el equilibrio de fuerzas del universo terminará por alterarse y más tarde o más temprano acabaremos en una suerte de limbo blando y aburrido. Por esa razón nunca dejamos de reclutar nuevos agentes del mal. Necesito ayudantes, querido, yo solo no puedo con tanto trabajo.
-¿Les parece poca cosa la cantidad de guerras, masacres colectivas y epidemias que...?
-Pero es que de esos asuntos tan gordos ya se encarga Dios, querido: el diluvio. Sodoma y Gomorra, las plagas de Egipto, la peste ngra, Hiroshima y Nagasaki, los campos de exterminio..Él es el Gran Mayorista; nosotros sólo nos ocupamos del menudeo." pág. 195

De Lázaro Covadlo  siempre podremos destacar el sarcasmo, una cierta comicidad, un tenue patestismo y el absurdo como herramientas para desbrozar el destino humano.

Sergi Pamiés nos dejó esta semblanza en una entrevista de El País (17/12/97)
"El libro Agujeros negros (Ed. Áltera), suma 12 relatos espléndidos y perturbadores. Su autor es Lázaro Covadlo. Nacido en Buenos Aires, Covadlo llegó a Barcelona hace 22 años. Ahora vive en Sitges. A pesar de que le repugna potenciar el tópico del escritor que, para salir adelante, se ve obligado a desempeñar trabajos aparentemente contradictorios con su vocación (y que tanto amenizan las solapas de los libros y los informes de prensa), resulta que, para salir adelante, Covadlo tuvo que desempeñar trabajos aparentemente contradictorios con su vocación. A saber: representante de ropa, parrillero en un restaurante llamado La Pampa (los dueños eran unos franceses que nunca habían puesto un pie en Argentina), conductor de un camión volquete especializado en material para la construcción y máxima autoridad de un quiosco de periódicos y revistas. Como demasiados argentinos, él también tuvo que salir de su país, además de por piernas, por razones políticas.

Sobre las tripas de su peculiar voz narrativa: a) romper con lo establecido no sólo en la elección del argumento sino también de la forma, b) la obsesión por un lenguaje claro, que huya del rebuscamiento pero que, a su vez, fomente la musicalidad del texto, y c) la divagación como estímulo inicial para armar pequeños artefactos literarios que exploten ante el lector provocando una agridulce onda expansiva que refleja una gran perplejidad ante lo que denomina “maravilloso estado de estupidez general”. Y el humor, por supuesto, al que define como “lo más cercano a la no-estupidez por no hablar de inteligencia”. 

Otra obras de Covadlo son las novelas La casa de Patrick Childers y Criaturas de la noche (Premio de novela Café Gijón 2004) y el libro de relatos Animalitos de Dios (2000).

jueves, 20 de junio de 2013

Trance

de Danny Boyle





Ya he escrito en algún lugar que las películas con psiquiatra suelen tender a lo retorcido y a la sorpresa fácil. Parece como si por el mero hecho de intervenir un profesional de la mente se abriesen las puertas a la vorágine de giros y trampas. En este caso aunque no estropean del todo la función, sí la deslucen.

La película es entretenida y su intriga se sostiene e incluso mejora en su desenlace, pero entremedias parece como que el guionista y el director han estado jugando con el espectador al ratón y al gato,  en vez de seguir la lógica que imponía el propio relato.

Se produce un robo en una sala de subastas. Simon (James Mc Avoy) es uno de los encargados de sala y está implicado en el robo debido a los problemas que arrastra por deudas de juego. En el momento de la huida recibe un golpe en la cabeza. Cuando sale del hospital el cuadro está perdido al igual que su memoria. Los miembros de la banda que encabeza Frank (Vincent Cassel) primero le torturan y ante lo infructuoso del resultado acuden a una terapeuta de hipnosis, Elizabeth (Rosario Dawson), para intentar recuperarlo. Conocido el problema, la terapeuta se implica, pero según va recomponiéndose la memoria de Simon, conoceremos que ambos se relacionaban desde mucho tiempo atrás.

El comienzo es potente, en la línea de un atraco contado y ejecutado en paralelo. Mientras Simon nos explica cada detalle de la seguridad, asistimos al desarrollo pormenorizado del atraco. En el punto culminante todo se tuerce por el culatazo que recibe. A partir de ahí iniciamos un confuso recorrido por el laberinto de su mente. Giro tras giro la trama busca la sorpresa hasta quedarse enredada en su propio tiovivo. 
Finalmente vuelve a arrancar. Los recuerdos van colocando a Elizabeth en un lugar prominente. Lo que parece un simple efecto de transferencia esconde una sorpresa final. 

Colocada entre Frank y Simon, la sugestión que desprende Elizabeth es tremenda. Su cuerpo es un bebedizo hipnótico para ambos. Quizás esos momentos previos a la memoria completa son los que más cine negro destilan. Simon acumula fragmentos que le hacen sospechar de Frank, y éste sospecha que terapeuta y paciente se la intentan jugar. Todos engañan a todos mientras una femme fatale los manipula. El problema es que esta textura "noir" tiene poco recorrido. Frank es un personaje casi testimonial, recurso de quita y pon para el juego psicologista. 

Con Elizabeth en las riendas, la resolución final es atractiva y sorprendente. No obstante la percibamos como demasiado ajena a lo anterior, todo artificio y sofisticación. 
El producto en su conjunto es resultón, apoyado sobretodo en el atractivo visual de ese escenario urbano -Londres- que Boyle tan bien domina. 

Aunque esa capacidad no fecunda el apartado narrativo. La película avanza un tanto discursiva, sin claves cinematográficas para anclar el relato más allá de un par de imágenes casi anodinas:  la retransmisión televisiva de una jugada en un partido de fútbol y la imagen de McAvoy desorientado, golpeando un cristal con los nudillos. El crimen central llega un momento en que parece anecdótico.

Me llama la atención la cantidad de comentarios que relacionan esta película con Origen, de Christopher Nolan, aduciendo que "la acción se desarrolla en la mente". No estoy de acuerdo. Donde en Origen hay una arquitectura para el desarrollo de una película de acción innovadora y pasmosa, aquí simplemente se recomponen retazos de una historia fragmentada. 
Si tuviera que acotar sus referencias, la pondría entre Recuerda de Hichtcock y La Trampa de Jon Amiel. Aunque el cuadro robado, "Vuelo de Brujas" de Goya, sólo existe como referencia, sin estar tan engarzado como los diseños de Dalí en las famosas secuencias de Recuerda

Tengo que reconocer el buen trabajo de McAvoy y de Rosario Dawson. Ella se adueña de la platea y nos subyuga hasta el chasquido final de sus dedos.

lunes, 17 de junio de 2013

The Good Wife

de Michelle King y Robert King


Haciendo caso de una InCitación, estoy acabando de ver la tercera temporada de esta serie y no puedo dejar de escribir un encendido elogio. Sus personajes y tramas son tremendamente consistentes y derrochan sin parar dramatismo y viveza.

Aparte de los casos que apunta cada capítulo, la serie se centra en las batallas que enfrentan al bufete Lockhart&Gardner con la fiscalía. El sustrato que la anima en general es la historia de Alicia Florrick (Julianna Margulis), abogada del bufete a la vez que esposa del que fue Fiscal del Estado; ya que la serie comienza con un escándalo sexual y político del que dicho fiscal resulta preso. Alicia elige no separarse, educar a sus dos hijos y trabajar en el bufete de su antiguo compañero de estudios Will Gardner (Josh Charles). En la primera temporada asistimos a las intrigas del fiscal titular para hundir definitivamente a Peter Florrick (Chris Noth) y a los intentos de éste por salir indemne y recuperar a su mujer. En la segunda un nuevo socio integra el bufete introduciendo cambios e intrigas a la par que un Florrick definitivamente libre lanza su campaña para ser elegido de nuevo Fiscal del Estado. En la tercera temporada una Alicia liberada de su marido (ha descubierto el último secreto, que tuvo un lío con Kalinda) vive una aventura con Will, mientras Peter Florrick de nuevo fiscal, encarga una investigación por corrupción  judicial que pone en jaque a Will Gardner

Aunque las escaramuzas entre abogados y fiscales centran las tramas, en muchas ocasiones se nos sirve un agudo debate sobre asuntos muy actuales: los derechos civiles, la pena de muerte, la discriminación de la mujer, el status del colectivo gay, el derecho a la defensa de un reconocido culpable, la libertad política, la libertad religiosa e incluso el uso de los drones y las guerras en el exterior como la de Afganistán.
Se agradece que sea una serie adulta, compleja, muy bien escrita y sin concesiones. El juego político se afronta de forma descarnada e irónica e incluso Diane Lockhart no tiene empacho en decirle a su socio, "lo hacemos por dinero, y sí, ya sé como suena eso". Maneja con soltura y brillantez tanto las tramas episódicas como los arcos argumentales que establece cada temporada.


Uno de los puntos fuertes sin ninguna duda es el interpretativo. Se convoca en ella a un amplísimo abanico de personajes secundarios, muy  bien trazados y con un enorme juego dramático: Diane Lockhart (Christine Baranski), demócrata, defensora del papel de la mujer, dueña de un personalísimo estilismo e inclinada a la defensa de causas sociales. Eli Gold (Alan Cumming), jefe de campaña de Peter Florrick primero y luego integrado en el bufete Lockhart&Gardner. Es ambicioso, estratega sin par y de lengua muy afilada. Su característico mohín enarcando las cejas y apretando los labios es antológico. Titus Tolliver interpreta al duro fiscal contrincante de Peter Florrick. Son brillantísimas las apariciones de Michael J. Fox como abogado defensor con discapacidad, la cual usa con descaro para influir en el jurado. A pesar de que casi siempre pierde contra Lockhart&Gardner, nos enseña que muchas veces perder es ganar. Anika Noni Rose como la sinuosa abogada Wendy Scott-Carr que pierde las elecciones con Peter, y luego éste la coloca al frente de la investigación sobre Will. 


También está la madre de Peter Florick que es una educadísima metomentodo y otros abogados que tienen apariciones esporádicas pero estelares, como la "rubia tonta" Mamie Gummer que utiliza su imagen anodina para inclinar la causa a su favor o la pelirroja Elsbeth Tascioni (Carrie Preston), a la que acuden tanto Alicia como Will cuando necesitan un abogado externo. Es muy despistada y un tanto loca pero sutilísima a la hora de encontrar el hilo de diamante que conduce a la resolución del caso. 

Aunque sin duda la palma se la lleva Kalinda (Archie Panjabi), la investigadora del bufete. Sus movimientos siempre son felinos y certeros, su habilidad para encontrar la información precisa es quirúrgica. Es la mejor amiga de Alicia y mantiene una ambigüedad sexual candente. "¿Eres gay" le preguntó una vez Alicia. "No, soy reservada" fue su respuesta. En la segunda temporada mantiene una dura batalla con el investigador Blake (Scott Porter), llegado con el nuevo socio del bufete. Intrigas suyas la llevarán hasta el mismísimo estrado. En esos momentos de máxima presión es cuando resulta más brillante. Acorralada por el fiscal que amenaza con desvelar su oscuro pasado, encuentra el punto de apoyo que lo subvierte todo para salir indemne. Es capaz de mover muchos hilos entre bambalinas y juega audazmente con su sexualidad; pero también sabe ser una leal amiga.

A todos ellos hay que sumar un elenco de jueces en ocasiones extravagantes y maniáticos o un detective freelance que siempre va acompañado de sus bebés y pañales o un ricachón sibarita que asesinó a su mujer y cuya especial psicopatía remeda al propio Anibal Lecter. 

Me llama la atención que el interés no se focalice en averiguar la verdad de un caso o en salvar a un inocente. En un capítulo, se obtiene un trato muy ventajoso de la fiscalía; pero la cliente es inocente y no está dispuesta a pagar por un delito no cometido. Valora con sus abogados la situación y al final le pregunta a Alicia qué haría ella. Ésta le responde: "No lo sé. Usted tiene que tomar esa decisión, nadie más que usted puede tomarla. Usted  sabe lo que hizo y sabe lo que no hizo. También sabe que a veces eso no importa. Todo se reduce a dos cosas: la habilidad de sus abogados y el jurado." El juego de estrategias, tretas y tejemanejes son el quid de la serie. En alguna ocasión el caso que se está juzgando ni aparece, se desarrolla en off; o incluso nos escamotean su veredicto final. Lo interesante está alrededor.

El magma sociológico en que se mueve la serie es proteico. La lucha soterrada en los bufetes, la vida interior de una campaña política, el funcionamiento de los lobbys, las influencias que manejan las minorías y las religiones. Entre todo ello cautivan mi interés dos asuntos: La personalidad de una mujer profesional y la idiosincrasia civil anglosajona.


Ni en EEUU ni en Inglaterra existe el DNI, la gente te cree cuando dices quien eres. Entre los abogados y más cuando afecta a un cliente, se tiene mucho cuidado con lo que se ve o se escucha, porque si te citan habrás de responder con la verdad. Las consecuencias suelen ser imputaciones y dimisiones. En España esto suena a chino, no sólo todos mienten (como diría el Dr. House), sino lo que es peor, los cargos públicos mienten sin pestañear aunque los pillen in fraganti y por supuesto no dimiten ni aunque vayan a la cárcel. A día de hoy más de mil cargos electos de todo el espectro político están imputados sin que se conozca una sola dimisión. La democracia está secuestrada y la ética cívica enterrada.

Y por otro lado Alicia Florrick, la santa esposa. Me fascina su fuerte personalidad, a veces atormentada, siempre decidida; su forma de educar a los hijos con entereza y naturalidad, los equilibrios de fuerzas que genera su relación con todos los demás. Ella de verdad, es evidente, es el alma mater de esta magnífica serie. 

miércoles, 12 de junio de 2013

PÁLIDO FUEGO - de Vladimir Nabokov












He aquí un festín literario. Una opereta poética, un vodevil. El juego del perseguidor perseguido materializado en un engranaje de espejos que enfrentan entre sí a un largo poema autobiográfico de 999 versos con un voluminoso corpus de notas redactadas por su editor. 

Después de la muerte del glorioso poeta norteamericano John Shade, un compañero de Universidad reúne las fichas de su último gran poema, Pálido Fuego, con la intención de realizar una edición crítica. Así que esta novela originalísima se compone de un prólogo, del poema mismo con sus cuatro Cantos, mas las trastornadas y melancólicas notas del editor y un índice comentado. Todo un artefacto literario tan complejo como diáfano, tan serio como jocoso. 
"Como un centauro, mitad poema y mitad prosa, este tritón de las profundidades", según dijo Mary McCarthy, logra seducirnos por su brillantez, su juego intertextual y un personaje antológico, el profesor y editor Charles Kinbote, huido del imaginario país de Zembla.

La personalidad de Kinbote es la savia de todo el libro. No vemos a Shade, sino a un poeta que Kinbote tiene en su altar. No vemos un poema sino una excusa para que Kinbote nos refiera su historia.
Como personaje, Kinbote es de un patetismo acibarado. Huyendo de su adorada Zembla recala como profesor en la misma Universidad que su admiradísimo John Shade. A la vista de ello, alumbrará el enloquecido propósito de unir sus dos amores: cortejar e insinuar al vate todo tipo de noticias, epopeyas y trazos de su país para que los transponga en un inmortal poema. Pero, ay.
"Sabemos con qué firmeza, con qué estupidez, creí que Shade estaba componiendo un poema, una especie de romaunt, sobre el Rey de Zembla. Estábamos preparados para la horrible decepción que me aguardaba. ¡Oh, yo no esperaba que él se dedicara totalmente a ese tema! Hubiera podido mezclarse desde luego con cosas de su propia vida y con miscelánea americana, pero yo estaba seguro de que su poema contendría los maravillosos incidentes que le había descripto, los personajes que había hecho vivir para él y toda la atmosphère única de mi reino. Incluso le había sugerido un buen título, el título del libro que yo tenía en mí y del que él no tenía más que cortar las páginas: Solus Rex; en cambio vi Pálido fuego, que no significaba nada para mí." pág. 298
Por lo que el estrafalario profesor Kinbote se dedica en cuerpo y alma a desfacer el entuerto con todo un cuerpo de notas. 
"Releí Pálido fuego con más detenimiento. Me gustó más cuando esperaba menos. ¿Y qué era eso? ¿Qué era esa música tenue y distante, esos vestigios de color en el aire? Descubrí aquí y allá y especialmente, especialmente en las inestimables variantes, ecos y lentejuelas de mi espíritu, las olitas de la larga estela de mi gloria. (...)  Mi comentario al poema, que mi lector tiene ahora entre las manos, representa una tentativa de escoger entre esos ecos y olitas de fuego, entre esas pálidas alusiones fosforescentes y las muchas deudas subliminales contraídas conmigo. Algunas de mis notas pueden parecer amargas, pero he hecho lo que he podido por no expresar rencor." pág 299
La apropiación de la obra por el comentador es absoluta; tanto que no tiene empacho en concluir su prólogo del siguiente modo:
"Aunque esas notas, con arreglo a la costumbre, vienen después del poema, se aconseja al lector consultarlas primero y luego estudiar el poema con su ayuda, releerlas naturalmente al seguir el texto y quizás, después de haber terminado el poema, consultarlas por tercera vez para completar el cuadro. (...)
Permítaseme afirmar que sin mis notas, el texto de Shade simplemente no tiene realidad humana alguna" pág. 27
Un sólo ejemplo de estas notas bastará  para apreciar cómo los versos se erigen en un simple trampolín para la memoria de Kinbote
Verso 62: tantas veces
"Tantas veces, casi todas las noches, durante la primavera de 1959, he temido por mi vida. La soledad es el campo de juego de Satanás. No puedo describir los abismos de mi soledad y de mi aflicción. (...) Todo el mundo sabe cuán dados al regicidio son los zemblanos: dos reinas, tres reyes y catorce pretendientes murieron de muerte violenta, estrangulados, apuñalados, envenenados y ahogados en el curso de un solo siglo" pág. 96
Pero esta apropiación constituye todo un fraude plenamente gozoso para la literatura. El texto se enriquece añadiendo capa tras capa hasta erigirse en un enorme juego de espejos. El Pálido fuego lo es de la vida del poeta, mientras el poema reverbera en las notas y las notas a su vez nos revelan un personaje obsesivo y ridículo. La supuesta edición crítica evidencia a un editor quisquilloso y altivo, reflejo de un rey sin reino que de perseguido pasa a perseguidor de una sombra (Shade).

En este juego de espejos nosotros, los lectores, acabamos también siendo otro, un detective que indaga las preciosas pistas que sobre su oculto pasado, Kinbote siembra entre las páginas. Desde Zembla, el sicario Gradus cruza the iron courtain dispuesto a matar a Kinbote; éste vislumbra la pistola entre los versos. 
"Su partida a Europa Occidental, con un sórdido propósito en el corazón y una pistola cargada en el bolsillo, ocurrió el mismo día en que un inocente poeta en un inocente país comenzaba el Canto Segundo de Pálido Fuego. Acompañaremos constantemente a Gradus en pensamiento, mientras se abre camino desde la distante y triste Zembla hasta la verde Appalachia, todo a lo largo del poema, siguiendo el camino de su ritmo, desfilando en una rima, deslizándose alrededor de un encabalgamiento, respirando con la cesura,..." pág. 78
De modo que no solo Kinbote y sus intenciones, sino también las desventuras y agitaciones de su remoto país denotan una cierta impostura. Por un lado están las referencias a una Rusia sumida en el totalitarismo, pero también se relatan intrigas y traiciones palaciegas que recuerdan a un reino casi homófono, el de El prisionero de Zenda (interpetada por Stewart Granger y James Mason).

Tras su lectura, parece claro que el poema en sí, Pálido fuego, no es cosa extraordinaria. Un repaso autobiográfico del poeta, donde refiere ideas e incidentes de su vida.
           "Mi Dios murió joven. La teolatría me parecía
100     degradante, y sus premisas, inciertas.
            Ningún hombre libre necesita un Dios; ¿pero era yo libre?"
        "¡Qué ridículos estos esfuerzos por traducir
            en la propia lengua personal un destino de todos!
            ¡En vez de una poesía divinamente tersa,
            desarticuladas notas, los malos versos del Insomnio!
235      La vida es un mensaje garabateado en la oscuridad.
            Anónimo.
                           Sorprendido en la corteza de un pino."

        "Estoy dispuesto a convertirme en una florecilla,
            o en un moscón, pero a olvidar, jamás.
            Y rechazaré la eternidad a menos que
            la melancolía y la ternura
           de la vida mortal; la pasión y el dolor;
           la luz clarete de ese avión que desaparece
           a la altura de Hesperus; tu gesto consternado
530    cuando se han acabado los cigarrillos; la manera
           en que sonríes a los perrros; la huella de baba plateada
           que dejan los caracoles en las piedras; esta buena tinta, esta rima,
           esta ficha, este delgado elástico
          que cae siempre en forma de ocho,
          estén en el cielo a disposición de los que acaban de morir
          almacenados en sus cajas fuertes a través de los años."

Es verdad que la vida finalmente es garabato y confusión, entre poesía y prosa, entre autor y perseguidor. 
"Versos 939-940: la vida del hombre, etc.
Si entiendo correctamente el sentido de esta sucinta observación, nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa." pág. 274

domingo, 9 de junio de 2013

Killer Joe

de William Friedkin








Salvaje y negrísima propuesta del veterano Friedkin (The French Connection, El Exorcista, The Hunted) pero también un tanto desorientada, puesto que en sus primeros dos tercios apunta hacia un demoledor retrato de familia disfuncional, continúa con un giro de potente thriller pero se acaba entregando a un último tercio de desenfreno pasado de rosca.

El interés se centra en un grupo de personajes cuyas vidas transcurren en los arrabales de la sociedad. Anxel (Thomas Haden Churh) tiene un trabajo de mierda y fuera de eso se pasa las horas muertas en su remolque, bebiendo cerveza y viendo truck monsters en la tele sin parar. De su anterior matrimonio tiene dos hijos, la jovencísima Dottie (Juno Temple) que vive con él y su hijo mayor (Emile Hirsch), un traficante de poca monta. Como sus trapicheos le han llevado a deber una pasta al mafioso de turno, le propone a su padre cargarse a la madre para cobrar el seguro de vida y resolver todos sus problemas. 
El padre es un lerdo pero su segunda esposa resulta ser una arpía de cuidado. Todos se aprestan a mejorar sus expectativas.

Nada mejor que llamar a "Killer" Joe Cooper (Matthew McConaughey), policía de profesión y asesino a sueldo en sus ratos libres, para que les resuelva la ecuación planteada y el mejunje adquiera una sordidez total.  

Cometido el crimen los personajes se desatan. La madrastra (Gena Gershon) juega con una baraja marcada y engaña a todos. El giro hacia un film noir imprime un notable interés a la película. El  tiempo para devolver la deuda del hijo se acaba. 

En este punto la película podría haber elegido profundizar la intriga del engaño y la traición; pero en cambio opta por resolverlo de un plumazo por el propio Killer Joe, y colocar sobre éste el foco del desenlace. Este brusco cambio de protagonismo afecta al timbre de la cinta que se vuelve chirriante. 

Killer Joe  aparece engatusado por el coñito de Dottie y en un acceso de locura tipo "El asesino dentro de mí" de Jim Thompson, provoca un frenesí final que resulta exagerado. Por mucho que se hable del mejor papel de McConaughey en los últimos años, yo creo que no está convincente porque el propio personaje está incongruentemente trazado. 

De todos modos la narración tiene un pulso excelente. Los trazos de esta familia poseen una mezquindad desoladora. Los personajes están guiados por la pura necesidad y los instintos más rastreros. Todo es sórdido, sin un hueco para la esperanza. 

Quizás el director quiso un Killer Joe con aura trágica, arrancando un hálito de pureza de un pozo a rebosar de mezquindad; pero Killer Joe no pasa de ser un matón de medio pelo, ni Friedkin llega a ser el David Lynch de "Corazón Salvaje".