miércoles, 28 de noviembre de 2012

El GUARDIÁN entre el CENTENO - de J.D. Salinger







Siempre encuentro en este libro modernidad, desparpajo y ese punto de melancolía que destila todo abandono del paraíso.

El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye, 1951), causó gran controversia desde el mismo momento de su publicación. La rebeldía de su personaje principal -Holden Caulfield- y su abierto tratamiento del sexo y el alcohol constituían una novedad que parecía grosera. Con el tiempo se apreció que se trataba de una sinceridad de nuevo cuño, con ecos de un desgarro existencial. 

Holden Caulfield se ha convertido en un icono de la rebeldía y las ansias adolescentes que con dieciséis años se expresa con una naturalidad desarmante. Es sarcástico e irascible. Todo lo aborrece.

Comienza la novela cuando Holden es expulsado del colegio. Para que sus padres no se enteren de la expulsión decide pasar unos días en Nueva York

La crónica de estos días nos revelará su carácter. Es un niño mimado y considera a todos unos "falsos"; aunque él mismo al encontrarse en el tren con la madre de su compañero Ernie Morrow le dice que su hijo es un regalo divino. De su compañero de cuarto Stradlater, Holden opina que es "un imbécil" y un "bastardo sexy". A pesar de lo cual accede a redactarle una composición para la clase de inglés.

Incluso en este ensayo es él mismo. Escribe sobre el guante de béisbol de Allie, su hermano menor, muerto de leucemia. Nos descubre que habían escrito en él varios poemas con tinta verde para que Allie tuviera algo que leer en el campo. Y también que la noche en que murió Allie, Holden rompió todas las ventanas del garaje de modo que aún hoy no puede cerrar bien el puño.

Holden se muestra como un joven airado con el mundo. Su viaje no lleva a ninguna parte. Es más bien un viaje interior que descubrirá sus propias contradicciones. Un viaje sin retorno hacia la vida adulta, hacia todo lo que desprecia. Considera a todos los adultos unos falsos, por eso se aferra a los niños que aparecen en el relato. En ellos encuentra los valores más puros: sencillez e inocencia. Ese mundo infantil de felicidad plena es el que Holden quisiera proteger de una realidad fea e hipócrita.

No dejan de ser curiosas las etapas del viaje. Desde la estación al hotel toma un taxi e inquiere al conductor si sabe adónde van los patos del parque cuando el agua se congela. Ya en el hotel se cita con una prostituta, Sunny, que le acarrea un enfrentamiento con su chulo. Posteriormente va al encuentro de su viaje amiga Sally Hayes para una matinée que tilda de "ridícula". La ciudad también le harta.

Después de una noche de borrachera y una visita a los patos del parque Holden se va a casa para ver a su hermana Phoebe, que es para él la mejor niña del mundo.

Phoebe es la única persona capaz de apaciguar a Holden y mantener con él una relación sincera. El joven reconoce que no le gusta nada ni nadie que no sea su hermano Allie, y esto le deprime. También que su anhelo en la vida sería convertirse en el "receptor en el centeno". Es muy reveladora la respuesta que le da a Pheobe cuando ésta le pregunta
“¿qué te gustaría ser?” “¿Te acuerdas del poema de Robert Burns ‘Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno’? [...]  Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adonde van, yo salgo de donde estoy y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Evitaría que los niños cayeran a un precipicio. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura."
La novela se convierte en la íntima confesión de un fracaso. Convertirse en un adulto es perder lo que más valora. Holden ama la infancia porque está libre de hipocresía y adora a su hermana pequeña Phoebe, porque el último nexo con su infancia.

El relato sintoniza perfectamente con lo más personal que llevamos dentro gracias a estar narrado en primera persona. A Holden le aburre todo; pero a la vez no esconde sus errores o reacciones estúpidas. Es muy directo. La realidad le resulta tosca y mediante un lenguaje muy vívido y personal (con persistentes coletillas tipo "¡Jo!", y repitiendo "dijo", "dije" constantemente) nos hace compartir su periplo desgarrado y caótico.
Es curioso que al final de esta confesión, Holden se arrepienta de ella: "No cuenten nunca nada a nadie. Si lo hacen, empezarán a echar de menos a todo el mundo".











Al ser detenido John Hinckley, después de intentar asesinar al presidente Ronald Reagan en 1981, declaró que estaba obsesionado precisamente con este libro.

The Catcher es el receptor de la pelota en el béisbol. Por eso en Hispanoamérica se tradujo en un principio como El cazador oculto; dado que el receptor es el que caza las pelotas (o los niños en nuestro caso) para que no se pierdan. De todos modos, alguien convenció a Salinger de que El guardián entre el centeno era más exacto y él prohibió que se tradujese de otra manera.  


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