miércoles, 28 de diciembre de 2011

Lea muchas novelas


"Gracias a un contacto familiar, tenía la oportunidad de frecuentar el trato de un filósofo eminente, que era también un hombre encantador y generoso. A petición mía, me preparó una lista de lecturas filosóficas básicas. Hoy, al cabo de medio siglo largo, he olvidado, naturalmente, los distintos títulos que figuraban en esa lista. No obstante, de lo que sí me acuerdo claramente es de la postdata que el gran filósofo escribió a pie de página. La recuerdo tanto mejor cuanto que en ese mismo momento no la comprendí, e incluso me dejó muy perplejo. Esa posdata decía: “y sobre todo, no lo olvide, lea muchas novelas”.  Al leer esta nota, el estudiante inmaduro que yo era se quedó vagamente sorprendido: en cierto modo, la observación no me parecía suficientemente seria. Y, en efecto, en nuestra ingenuidad, a menudo tendemos a confundir lo serio con lo profundo. (En el periódico, el editorial es generalmente serio, y divertidas las caricaturas; pero con harta frecuencia el editorial resulta ser verboso, mientras que las caricaturas son penetrantes). No fue hasta al cabo de muchos años cuando empecé a apreciar plenamente toda la sabiduría de mi filósofo, y ahora encuentro frecuentemente ecos de su consejo. Así, por ejemplo, Théodore Darlymple (el médico que escribe una crónica ingeniosa y mordaz en Spectator) observaba que, entre dos médicos de una misma cualificación profesional, él tendría más confianza en el que leyera a Chejov. Y por mi parte, añadiría: si cometo un crimen, desearía que mi juez fuese un lector de Simenon. "

Simon Leys  La felicidad de los pececillos pág. 129 y 130. El Acantilado

martes, 27 de diciembre de 2011

La felicidad de los pececillos

de Simon Leys

Es este un delicioso librito donde encontramos aquellas flechas de curiosidad intelectual que señalaba Ortega y Gasset cuando afrontamos el mundo.
Se trata de una recopilación de artículos o pequeños ensayos que destilan sabiduría y habilidad para engarzar citas e historias que indistintamente proceden de Europa, China u Oceanía. Leys estudió en Lovaina y posteriormente lengua y literatura china en Taiwán, para establecerse definitivamente en Australia. De ahí el subtítulo, "cartas desde las antípodas". En estas páginas, el brillo de su inteligencia corre parejo con la claridad de su exposición.

El estilete de su mirada nos conduce al meollo de usos y costumbres sociales, del hombre de letras, del artista, del imperio de lo feo o de la pereza abatiendo a menudo la falacia del lugar común. Para ello el autor concita lecturas, memorias de personajes, observaciones y hasta recortes de prensa que aderezadas con citas de Samuel Johnson, Lu Xun, Conrad, Degas, Hannah Arendt, Zhuang Zi, Claudel o Schopenhauer, nos invita al placer del conocimiento.
"Hannah Arendt ha recordado que la Verdad no es un resultado de la reflexión, sino su condición previa y su punto de partida".
"Con ocasión del caso Dreyfus, el mariscal Lyautey tomó partido por la víctima inocente. Cuando quiso organizarse un comité de dreyfusistas, del que él era miembro, bajo el nombre de Unión por la Justicia, Lyautey sugirió adoptar, más modestamente,el nombre de Unión por la Verdad: "Se puede dudar de lo que es justo, pero no de lo que es verdadero".

Muchos de los artículos se refieren a reflexiones sobre el hecho de escribir y el papel de la literatura.
"Dos malentendidos muy corrientes. El primer error consiste en no darse cuenta de que toda obra literaria es, por definición, una obra de imaginación (y, aunque no lo sea de entrada, puesta en unas buenas manos no tarda en convertirse en tal: el listín de teléfonos era una de las lecturas favoritas de Simenon). La distinciones de géneros -novelas e historia, prosa y poesía, ficción y ensayo- son convencionales y no existen más que para la comodidad de los bibliotecarios. Los novelistas son los historiadores del presente, los historiadores son los novelistas de pasado, y todo escrito que presente cierta calidad literaria aspira esencialmente a ser poema" (pág. 27)
Son constantes la fábulas o anécdotas reveladoras que pululan por el libro. Como la que presta el título al libro o la del príncipe que buscaba un pintor, ambas referidas por Zhuang Zi o la primera salida en yate del autor de la saga "Capitán de Mar y Guerra", Patrick O´brien o el relato de los ritos que realizan los maoríes de Nueva Zelanda antes de talar un árbol.

Pero también encontramos ensayos sobre la sociedad, el medio ambiente, el turismo, la cruzada antitabaco o el gusto.
"La ignorancia, el oscurantismo, el mal gusto o la estupidez no son fruto de simples carencias, sino de otras tantas fuerzas  activas, que se afirman furiosamente a la menor oportunidad, y no toleran ninguna excepción a su tiranía. El talento inspirado siempre es un insulto a la mediocridad. Y si esto es cierto en el orden estético, aún lo es más en el moral. Más que la belleza artística, la belleza moral parece tener el donde exasperar a nuestra triste especie. La necesidad de rebajarlo todo a nuestro miserable nivel, de mancillar, burlarse y degradar todo cuanto nos domina por su esplendor es probablemente uno de los rasgos más desoladores de la naturaleza humana." (pág. 51)

"Lo que cimenta un grupo social, armado de todos los ritos e instrumentos del poder y de la religión, es menos una necesidad económica que un sentimiento de terror frente al misterio del mundo y la amenaza de las cosas. En el fondo, El señor de las Moscas, W. Golding, es una especie de paráfrasis de la frase de Alain: "La sociedad no es hija del hambre, sino del miedo". (pág. 88)

Finaliza el libro con una conferencia titulada "Mentiras verdaderas", cuyas páginas, como la mayor parte de las del libro, resultan penetrantes y lúcidas. Este texto es una demostración del poder de la ficción basada en que
"Los pintores, los filósofos, los poetas, pero también los novelistas -e incluso los inventores y los sabios- alcanzan todos la verdad por los atajos de la imaginación"

viernes, 23 de diciembre de 2011

LA NOCHE es NUESTRA - de James Gray










Este director y guionista posee una corta pero muy apreciable filmografía. En su haber cuatro títulos donde el drama y las relaciones familiares siempre tienen un desarrollo profundo a pesar de que las películas tengan tintes policíacos. A la escritura, siempre de trazo firme, hay que añadir otro acierto de cada una de sus películas, la selección de actores.
Así fue desde su inicial Little Odessa en 1994 donde ya contó con los inmensos actores Vanessa Redgrave, Tim Roth y Edward Furlong. En The Yards (2000) encontró a su actor fetiche, Joaquin Phoenix, con el que ya  contaría en todas sus películas incluida la aún por estrenar Low Life.
En la que nos ocupa "We own the Night" (La noche es nuestra), además de los habituales Joaquin Phoenix y Mark Walhberg, Gray cuenta con el inmenso Robert Duvall.  

La trama adquiere tintes trágicos desde el principio.  Bobby regenta un club de éxito escondiendo su procedencia. Es hijo y hermano de policías. Los verdaderos dueños del club son rusos y por allí se pasean y citan los capos. Bobby está en un puesto crucial. Aunque él siempre ha buscado la vida fácil y alegre, las circunstancias le irán involucrando cada vez más en la guerra entre policías y traficantes. Tal y como le recuerda su padre en un momento dado, "cuando se declare la guerra vas a tener que decidir en qué bando estás".

A pesar de estar distanciados, Bobby quiere a su familia. Al resultar herido su hermano finalmente se involucra. La escena en que acude con micrófono a la cita con el jefe de los narcotraficantes tiene una tensión densísima. El traficante escucha los latidos de Bobby, husmea su miedo. La tensión es casi insoportable.

Ahora es él el señalado con una diana. La escena de persecución en coche mientra llueve torrencialmente y su padre intenta protegerle está rodada con brío y recuerda a otras clásicas persecuciones como la de French Connection. La tragedia se masca en toda su extensión.

El único pero de la película es la interpretación de Joaquin Phoenix. Siendo el protagonista principal no está a la altura del resto. No aporta matices, a veces parece demasiado frágil, de pronto se va a comer el mundo y durante todo el metraje se muestra en exceso compungido, estresado. No me extraña que le pillasen con el micro.

Me gustan los policíacos que integran retratos de clanes familiares. Amplían el horizonte narrativo dotando al relato de un mayor dramatismo. Así ocurría con la estupenda Cuestión de honor ( Pride and Glory) de Gavin O´Connor con Edward Norton y Colin Farrel;  y con Querido Detective (The Big Easy) de Jim McBridge, con Dennis Quaid y Ellen Barkin. Todo ello sin olvidar la extraordinaria Manhattan Sur (Year of the Dragon) del gran Michael Cimino, con el recientemente recuperado para el cine Mickey Rourke.

Pues como todos ellos, un policíaco de los buenos.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

CRIPTONOMICÓN - de Neal Stephenson










La biblia de la Criptografía.-



Contraportada:     En 1942, Lawrence Waterhouse, genio matemático y joven capitán de la marina estadounidense, recibe la orden de colaborar con Bobby Shaftoe en una misión secreta que consiste en descifrar los códigos de las potencias del Eje y evitar que los nazis descubran que la Inteligencia aliada ha interpretado su mítico código Enigma. Sesenta años más tarde, Randy Waterhouse, brillante criptohacker, proyecta la creación en el sureste asiático de un paraíso de datos que ha de convertirse en el mayor exponente de la libertad informática: la Cripta. Cuando los gobiernos y las multinacionales atacan este proyecto, Randy se alía con Amy, la nieta de Shaftoe, para intentar rescatar un submarino nazi que contiene la clave para mantener a flote el sueño de la Cripta. Su estratagema pronto saca a la luz una gigantesca conspiración y un código indescifrable llamado Aretusa.

Descomunal y amenísima novela que aunque afiliada al ámbito de la Ciencia Ficción, con Premio Locus incluido, nos relata varias sagas familiares que discurren por los últimos 60 años del siglo XX . Son cuatro novelas de aventuras en el sentido más gozoso de la palabra: 
En primer lugar la historia de Lawrence Waterhouse un genio matemático (ficticio) que coincide en Princeton antes de la 2ª Guerra Mundial con otros genios como Randall (de procedencia alemana y luego absorbido por los nazis) y con Türing (criptógrafo real inventor de la máquina Türing y que luchó para descifrar los códigos nazis  y la máquina Enigma). Otro hilo narrativo sigue al sargento Saftoe también en la guerra pero en primera línea. La tercera trama tiene que ver con la historia del nieto de Waterhouse, experto hacker de los noventa, presente en el despegue mundial de Internet y que pretende enriquecerse con sus compañeros creando la Cripta: un lugar que físicamente está cerca de Filipinas, donde convergen varios de los cables submarinos transoceánicos de comunicaciones. Y finalmente la historia de Dengo, teniente ingeniero japonés que después de mil calamidades durante la guerra, acaba dirigiendo la construcción de una gigantesca cripta bajo una montaña en Filipinas donde el Imperio del Sol pretende esconder todo el oro rapiñado a largo de la guerra.
Todo ello con el concurso de secundarios de lujo como el enigmático Enoch Root, misterioso misionero de la Societas Erudotorum.

La Ciencia Ficción de esta novela es una pátina muy leve, pues los aspectos tecnológicos que trata prácticamente son contemporáneos: computación, criptografía, ingeniería, telecomunicaciones y nociones de matemáticas avanzadas. 
La trama asume la complejidad de hacer avanzar en paralelo todos los hilos narrativos y además en distintos momentos históricos. 

La habilidad del autor ha sido aderezarlo todo para conseguir un thriller de intriga y ritmo arrollador. Sin olvidar que en la narración se utilizan fórmulas expresivas que acentúan la riqueza de una novela ya de por sí fecunda: el diálogo vivaz y jocoso, el proceso mental, la explicación científica de un procedimiento, el relato psicodélico de una realidad compleja. Hay que destacar el desparpajo y la ironía con que está narrada, logrando capítulos magistrales e incluso algunos de una intensa hilaridad.

En uno de ellos se describe una reunión de inversores para la Cripta de Datos, en términos netamente fisiológicos: masas de grasa y músculo, metros y metros de intestinos de olores nauseabundos, máquinas de procesar alimentos con salidas de gases y excrementos, etc.)
En otro se relata el viaje en un jeep hacia la selva en busca de oro y un camión de cerdos impide el paso. El escatológico relato de este adelantamiento bien puede parangonarse con la batalla de Don Quijote y los pastores en su hilarante resolución. 
También resulta muy peculiar la escena en que Lawrence toca el órgano con desatada intensidad, pensando al mismo tiempo en cómo descifrar códigos y en acostarse con su novia.
O la forma en que los descendientes del viejo Waterhouse–todos científicos- deciden repartirse los bienes heredados: imaginando en el patio un eje de abcisas y coordenadas donde colocar todas las pertenencias según su posición relativa a dos valores,  “el sentimental” y “el económico”. 
O el aterrizaje de Waterhouse en Londres en plena guerra y el relato nos introduce  en su proceso mental, viendo la realidad a través de los ojos de un genio matemático, apreciando estructuras y teoremas detrás de cada circunstancia por banal que sea: si todo el mundo llevase una bombilla verde encima de la cabeza y se registrasen los datos de altura sobre el suelo cuando las personas suben y bajan aceras….Con todos estos datos se podría dibujar el mapa callejero de Londres (¡!). 
O la explicación de la influencia del flujo del semen y su periodicidad en la capacidad intelectiva del propio Waterhouse descrita con diagramas y teoremas..

En fin, la riqueza expresiva, la viveza intelectual de sus personajes, la sugestiva invención de tramas y situaciones hacen de esta novela un hito memorable.

The Wire

creador David Simon y Ed Burns

Llevaba meses diciéndome, quiero escribir sobre The Wire. Pero la sensación de estar todo dicho se me imponía. Aun así -para mí mismo- quiero verbalizar mis sensaciones sobre esta extraordinaria serie.

Primero reconocer que después de ver dos capítulos estuve a punto de dejarlo. No me parecía nada del otro mundo. Y es que es una serie que no comienza con un staccato tipo Lost, sino que sus personajes, su ambiente, su forma de ser y de hacer te va ganando, hasta que te ves rodeado por un mundo creíble y absorvente.
No es una serie apabullante, sino cautivadora. No es una serie de acción. De hecho cuando montan una redada acaba en un fiasco y cuando intentan desarticular las bandas, el éxito es relativo. No es tanto la resolución de un crimen, como la vivencia de la droga y sus estratos, el retrato de una sociedad entera lo que capta tu interés.

Sus creadores son David Simon, cronista de homicidios en el Baltimore Sun y Ed Burns, veterano de Vietnam y detective en el departamento de Homicios de la misma ciudad.

Las dos columnas básicas de esta función son el tráfico de drogas en la ciudad y la policía que crea un grupo especial de "escucha" (The Wire) para desmontarlo. Pero alrededor de estos huesos hay mucha carne, muchos pulmones y muchos hígados.
David Simon reconoce que "lo que me inspiró fue la tragedia griega, donde el destino ha condenado de antemano a dioses y humanos, sin reparar en su heroísmo, fuerza de voluntad o sentido ético".
El brillo de un diamante se refleja en sus mil facetas. Del mismo modo esta serie nos ofrece las calles, las esquinas, el trapicheo, la adolescencia, el trabajo policial, la vida familiar del lumpen, el trabajo social y educativo, la corrupción política... el resumen sería Complejidad.  Los personajes y las tramas son complejos. La serie nos planta en medio de los barrios bajos de Baltimore, las "casas baratas" y vamos conociendo todo su funcionamiento, el día a día. Una radiografía de las vidas arrojadas al arroyo, de jóvenes sin futuro,de policías honestos que son arrinconados por un statuto quo corrupto. Un canto a la desolación.

Pero ¿Por qué tanto revuelo? ¿la mejor serie? ¿calidad al nivel del cine? Veamos.
Nos muestra un Ecosistema completo: desde la última esquina del barrio más marginal, hasta el propio despacho del alcalde con sus tejemanejes, pasando por las relaciones familiares o de amistad tanto entre traficantes como entre policías. O ámbitos enteros donde el arraiga el drama como el instituto del barrio o la vida del puerto con sus estibadores, sindicatos y mafiosos.
Posee un tono y guión modélicos. El tono es casi documental: hechos, hechos, hechos. El guión es sólido, sin fisuras. Sabe lo que quiere contar y lo hace. Sin artificios mezcla sabiamente drama, thriller, policíaco, política ficción.

Tiene una inmensa gama de  personajes carismáticos y creíbles: Una vez vista ya no olvidaremos a Omar, Stringer Bell, McNulty, Bubbles, Marlo, Kima o Frank Sobotka. Más de 100 personajes desfilan por sus 60 capítulos y todos poseen un perfil definido, un trazo firme.
La cuarta esquina de este cuadro sería "el juego". Los mecanismos, los hábitos, los ritos del trapicheo, las señas, los códigos, las esquinas,  la investigación, las alternativas siempre heroicas y sin respaldo quedan al descubierto. Omar  lo dice claramente "algunos utilizan un portafolios y otros una escopeta. Todo es un juego". 
Orson Welles decía que donde concebía sus películas era en la Sala de Montaje. En The Wire no sólo el guión o la puesta en escena son extraordinarios. Es en el montaje cruzado de sus mil historias y personajes donde finalmente cobra vida y fuerza el entramado entero de la ciudad. "Cojo el puto dinero de cualquiera, si lo está regalando" dice Namond en una esquina cuando Marlo reparte billetes entre la chavalería para asegurarse su fidelidad. En la escena siguiente escuchamos exactamente lo mismo en boca del jefe del Consejo Legislativo del Ayuntamiento y recaudador de la campaña del alcalde Royce.


Descarnado retrato de una sociedad corrupta lo es asimismo de las personas: no esconde el patetismo de las vidas destrozadas, la violencia brutal y gratuita de quien se sabe carne de cañón, las corruptelas policiales o políticas. Incluso se muestra audaz  a  la hora de retratar la sexualidad de sus personajes: la detective Kima es lesbiana y sufre con su pareja los inconvenientes propios de una profesión sin horarios. También Omar, traficante que va por libre es homosexual y tras el asesinato de su pareja cobra un aura trágica y desesperada.

La primera temporada es la más netamente policíaca. Se monta el grupo especial de escuchas que persigue a la banda de Avon Barksdale y Stringer Bell.
La segunda se centra en el tráfico en el puerto, con la irrupción de Frank Sobotka jefe del sindicato de estibadores y la mafia griega. Su último capítulo es magistral y posee un tono trágico que recuerda a las mejores películas de gánsters.
En la tercera volvemos a las casas baratas. Stringer Bell intenta colarse en el mundo de los negocios y penetramos definitivamente en los tejemanejes del ayuntamiento. En esta temporada el jefe de policía "Buny" Colvin pone en práctica Hamsterdam: zona de bloques abandonados para que se dé allí el trapicheo de forma limpia y controlada: la violencia callejera disminuye, la ciudadanía recupera las calles y las esquinas, pero esto es un escándalo....¡es la legalización de la droga! y el alcalde está más preocupado en mantener el status quo, la hipocresía y el relato pecaminoso que en resolver ningún problema.
En un momento dado, en una reunión, el alcalde espeta a todo su equipo, "vamos a tener que resolver esto sino queremos volver a un trabajo de verdad". Todos se miran unos segundos y sueltan una carcajada.
La cuarta temporada quizás sea la más brillante y a la vez la más amarga. Seguimos a cuatro adolescentes abandonados a su suerte. El eje dramático bascula entre la campaña del concejal  Tommy Carcetti y la situación educativa, la vida de los chavales en el instituto. 
En la quinta temporada emerge una nueva gorgona, la prensa.

Personajes.
McNulty es el policía solitario, justiciero e insobornable que sirve de hilo conductor a toda la serie.
Omar, es un personaje magnífico, brillante y contradictorio. Homosexual de raza negra enfrentado  al stablishment de la droga, su enfrentamiento con un asesino proveniente de N. York es antológico; ejemplo de dos enemigos a muerte que se respetan y admiran. Ese fulgor trágico y desapasionado les lleva a descubrir la verdad, que ambos están siendo utilizados.
Bubbles, yonki. El trapicheo en persona. Entrañable. Colabora con la policía. Ha intentando mil veces desengancharse. Siempre tiene un colega al que ayuda y demuestra un sentido de la amistad a la vieja usanza. Cuando se intenta desenganchar pide ayuda a su hermana y ésta le deja vivir en su sótano. Al final consigue desengancharse y sube las escaleras del sótano habiéndose ganado el derecho a sentarse a cenar con ella. Emocionante.
Stringer Bell, lugarteniente del capo Avon Barksdale. Es elegante, educado, tiene como tapadera un negocio de copistería y ....¡estudia Empresariales! Su destino es paradójico. Quiere escapar de la droga después de haberla usado para su ascenso económico; pero cuando quiere incorporarse a los negocios legales (¡aunque corruptos!) de las concesiones municipales resulta engañado y timado. Su muerte cierra una especie de ciclo que abarca las tres primeras temporadas.
En la cuarta temporada aparece Snoop, una chica adolescente de imponente presencia. Su frialdad en el asesinato te quita el aliento. Hace pareja con un tiarrón llamado Mike y ejecutan a todo el que ordena el nuevo capo Marlo. Las imágenes de estos dos después de un crimen, caminando a la luz de un farol sobre el fondo de las casas abandonadas, poseen un belleza mórbida, como si estuviésemos asomándonos a las puertas del mismísimo infierno.
Las vidas de los chavales Randy o Dukie nos pueden sumir en la desesperanza. Buenos chicos carentes de oportunidad, abocados a un terrible destino. 

Cada arco argumental posee un contrapunto en los personajes. En el puerto es Ziggy Sobotka, hijo del gran Frank Sobotka jefe del sindicato; pero que no la talla. D´Angelo Barksdale, sobrino de Avon, controla las torres, pero sabe en el fondo que esto no es lo suyo. 

El realismo nunca me ha parecido gran cosa como estilo pero en esta serie la veracidad comporta una ética; de tal modo que algunos adictos y delincuentes reales se convirtieron en personajes de la serie. La más notoria es Felicia "Snoop" Pearson, que había sido condenada por asesinato de segundo grado, que incluso conserva en la serie su nombre real. Melvin Williams, que interpreta a un diácono en la serie, fue un antiguo gánster.
El otro aspecto que subraya la verosimilitud es el lenguaje. He leído que en Inglaterra han de subtitular muchos diálogos porque la jerga que usan se torna incomprensible.

La música está muy cuidada y también los melómanos obtienen premio en The Wire. Cada capítulo es encabezado por la canción "Way down in the hole" de Tom Waits, aunque durante la primera temporada está interpretada por The Blind Boy of Alabama (un grupo de gospel clásico formado por ciegos). En la segunda ya lo interpreta el maestro Tom Waits y en la tercera The Neville Brothers. En la cuarta lo hace un grupo de críos (coherentemente con el desarrollo de la misma) y en la quinta Steve Earle.
Toda la música que suena está integrada en la acción -radio, bar, etc-. Ahora bien, del mismo modo que la canción inicial es un sello, las escenas finales de cada temporada están montadas como un clip donde imagen y música se funden magistralmente. En esos montajes encontramos Fast Train por Solomon Burke, Efuge Efuge de Stelios Kazantzidis, y The Body of an American de los Pogues.
Otro sello de identidad es la frase que aparece al inicio de cada capítulo. Es una línea de diálogo extraída del mismo y suele fijar la filosofía, la moral o el estado de ánimo de lo que sigue, como por ejemplo:
-¿Quién gana?
-Nadie, todos pierden, sólo que unos más lentamente que otros.
Efectivamente, una obra mayor.


sábado, 17 de diciembre de 2011

LA BESTIA debe MORIR - de Nicholas Blake










Lectura que me ha proporcionado un inmenso placer. He aquí una novela criminal cincelada con la precisión de un cirujano y la sutileza de un filósofo. No me extraña que Bioy y Borges la eligieran para iniciar su legendaria biblioteca del Séptimo Círculo. La claridad de su exposición, la fina ironía, la naturalidad con que se imponen sutiles detalles y una límpida calidad literaria que excluye todo fárrago e impostura nos hace volar sobre el condado de Gloucestershire con el deleite reservado a las mejores tardes.

Su estructura. La primera parte la conforma el diario del asesino. Allí expone sus motivos y llega hasta la programación de los detalles del crimen. Tiene un arranque memorable: 
"Voy a matar a un hombre. No sé cómo se llama, no sé dónde vive, no tengo ni idea de su aspecto. Pero voy a encontrarlo, y lo mataré..."
El que esto escribe sabe que nadie leerá este diario, es a su vez un escritor de novelas policiales y busca a quien atropelló a su hijo dándose a la fuga. Después de que su mujer muriese en el parto, la desaparición de su hijo le quebranta absolutamente.

La segunda es una exposición ya en tercera persona de las circunstancias del crimen. El plan previsto por este padre desconsolado es descubierto y desactivado.  A pesar de lo cual la víctima muere aunque en otras circunstancias.
La tercera es la investigación pormenorizada, analítica y deductiva donde acompañamos al detective Nigel Strangeways, contratado por el escritor, y al inspector Blount de Scotland Yard en el seguimiento de todas las pistas.

 La trama se enriquece con cada personaje y cada frase, la intriga   es máxima y nunca gratuita. Una de las armas de la novela es que nos ofrece toda la información, conversaciones, motivaciones, horarios y movimientos; pero nos falta el clic que lo recomponga todo. La resolución es sorprendente y elegante como toda la obra. 
El escenario y la trama son típicamente ingleses, pero el autor los trasciende. Aprecio en su relato un exquisito gusto literario para componer con naturalidad personajes y situaciones palpitantes donde vibra el corazón humano.

Creo ver un paralelismo con la película Gosford Park del gran Robert Altman. En ella, el escenario de una mansión inglesa con crimen sirve como ejercicio virtuoso de narrar. Que la resolución del crimen no es lo principal lo demuestra el torpón inspector que investiga los hechos. El verdadero reto está en el relato, una composición coral a múltiples niveles. En nuestra novela el escenario y el crimen son la arquitectura donde brilla un enorme talento literario. Así lo denota la elección de un diario delator con múltiples claves que leemos nosotros y también analizan la policía y el detective. O las varias interpelaciones metaliterarias. "Usted imaginario lector, hypocrite lecteur, mon semblade, mon frère, será mi confesor. No le ocultaré nada", o  "así habría parecido a uno de esos observadores omniscientes y ubicuos de Thomas Hardy" (pág. 122).

Los personajes poseen un trazo preciso, como la matrona de la mansión capaz de matar para salvaguardar el honor del apellido, el propio escritor-asesino con su diario. La presentación del detective es magnífica y aristocrática, en la estela de un Sherlock Holmes mortalmente aburrido cuando no tiene un buen crimen que llevarse a la boca. Este excéntrico detective protagoniza varias novelas de Blake. 
De esta novela rodó una notable película el gran Claude Chabrol.

En esta edición de Booket se mantiene la presentación del autor que redactaron Bioy y Borges. Por ella conocemos que Nicholas Blake es el seudónimo de Cecil Day-Lewis, poeta, y que según Howard Haycraft "es de los pocos escritores que concilian la excelencia literaria con el arte de urdir misterios perfectos. Trátase de un maestro del género policial." Otras obras suyas son La cuestión de las pruebas, Malicia en el País de las Maravillas, Oh, envoltura de muerte o un puñal en mi corazón.
Junto con otros poetas de izquierda como S. Spender o W.H. Auden formó el "grupo de Oxford". Todos ellos desarrollaron un intenso activismo en  favor de la República en la Guerra Civil Española.

martes, 13 de diciembre de 2011

Alí Chumacero

Poema de amorosa raíz
Antes que el viento fuera mar volcado,
que la noche se unciera su vestido de luto
y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo
la albura de sus cuerpos

Antes que luz, que sombra y que montaña
miraran levantarse las almas de sus cúspides;
primero que algo fuera flotando bajo el aire;
tiempo antes que el principio.

Cuando aún no nacía la esperanza
ni vagaban los ángeles en su firme blancura;
cuando el agua no estaba ni en la ciencia de Dios;
antes, antes, muy antes.

Cuando aún no había flores en las sendas
porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo.



Vencidos
Igual que roca o rosa, renacemos
y somos como aroma o sueño tumultuoso
en incesante amor por nuestro duelo;
fugitivos sin fin que el rostro guardan,
mudos cadáveres precipitados
a una impasible tempestad;
y morimos en nuestras propias manos,
sin saber de agonías,
caídos descuidados al abismo,
a través de catástrofes en nuestro corazón dormidas,
así tan simplemente, que al mirar un espejo
hallamos dentro sombras silenciosas
o una paloma destrozada.

Porque nada delata que existamos
en esta soledad del pensamiento,
y el olvido desciende hacia la tierra
como un equívoco de Dios,
dormida imagen donde en sueños
se martiriza por saberse bello;
porque es inútil la embriaguez
que nos cubre de olvidos contra el mundo
cuando es la lentitud
y el sentirse arrojados sobre el lecho,
como el cesar y el impedir,
lo que alimenta nuestro amor
y el incansable continuar entre los hombres,
del dolor de la carne enamorados.
Igual que rosa o roca:
crueles cadáveres sin agonía.



Alí Chumacero

Nació en Acaponeta, México en 1918. Perteneció al grupo de escritores que fundó la revista Tierra Nueva. Fue director de Letras de México. Desde 1964 fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Por su trayectoria recibió premios como el Xavier Villaurrutia y el Premio Internacional Alfonso Reyes.
Figura clave en la la editorial Fondo de Cultura Económica como autor, editor, redactor y corrector.
Sobre su poesía decía Octavio Paz: “Concentrada, reconcentrada, encerrada en un lenguaje de escamas y suntuosas opacidades, rotas aquí y allá por centelleos, la poesía de Chumacero es una liturgia de los misterios cotidianos: el velorio, el salón de baile, la alcoba de los amantes, el cuarto del solitario. Sitios públicos, sitios secretos, lugares de la infamia o de la consagración”.

domingo, 11 de diciembre de 2011

La Gran Bestia 666


Aleister Crowley 

"Fue la Gran Bestia 666, Aleister Crowley, quien recomendó a Churchill que hiciera el signo de la victoria (la famosa V), tras convencerle de que era una clave hermética que le llevaría al triunfo en la II Guerra Mundial. Crowley fue satanista, poeta, cabalista, creador de la filosofía de Thelema, pornógrfo, perito en neurastenias, alpinista, heroinómano, creador del ocultismo moderno, ajedrecista y espía. John Lennon colocó su rostro en la esquina superior izquierda de la portada de Sargent Pepper´s. Pasaron los años y Lennon cayó asesinado en la puerta del mismo inmueble de Manhattan en el que, décadas antes, Crowley  había tenido un apartamente. Una patética casualidad.

Quien se hiciera llamar a sí mismo “La Gran Bestia 666” regresa estos días a la actualidad. En Cefalú, Sicilia, han puesto a la venta las ruinas de su Abadía de Thelema, es decir, los restos de la legendaria casa de campo de 200 metros cuadrados que él y sus seguidores convirtieron en 1920 en una villa de secretas cadencias demoníacas. No quedan allí hoy ni pálidos vestigios de lo que fue el trono de Crowley, ni huellas de altar central donde se celebraban enigmáticas ceremonias. tampoco nada delos frescos en las paredes, pintados por el propio Crowley al modo de Gauguin, a quien admiraba. Y hay un tramo de escalera que conduce a la nada. Cefalú suena como Belcebú, y aún no se ha borrado entre lossicilianos la memoria terrorífica de la Abadía. El lema esencial para los cogfrades de la Bestia era Haz tu voluntad, el mismo que en el XVI había regido la Abadía de Thelema que ficcionara Rabelais en Gargantúa y Pantagruel.
De hecho, la propia palabra Thelema es la transliteración al inglés del sustantivo griego “voluntad”.  (…)

Por si alguien lo duda, el lema, de paso, nos propone la insurrección, la rebelión contra los imbéciles. Y no sólo es thelemita. En los años veinte también fue una consigna dadaísta. Reapareció a finles de los sesenta. y luego volvió, insistente, con los primeros punks. De hecho, acaba regresando siempre."   

Enrique Vila-Matas  El País 29-06-10

La otra parte

de Alfred Kubin

En medio de una crisis creativa, Kubin escribe "una novela fantástica", como reza en el subtítulo. El protagonista es invitado a viajar al "Reino de los sueños", remoto país sembrado de ilusorias costumbres. Uno tiende a pensar que allí se encontrará el consuelo del ensueño, el ideal y lo maravilloso. Pues no. Este Reino de los sueños es absurdo en su misma esencia. Oscuro puesto que el sol nunca aparece, arbitrario en su funcionamiento y hasta en la vestimenta impuesta que es de una época pretérita. Como lectores nos ocurre lo mismo que al Americano, que después de años persiguiendo su ingreso sólo anhela salir. Con el ánimo de provocar una revuelta lanza una proclama:
“¿Ciudadanos cuando llegué aquí, pensaba encontrar un país de un lujo y esplendor asiático! Sin duda a vosotros os pasó lo mismo. Por espacio de siete años  dirigí innumerables súplicas a Patera para que me abriese el Reino de los sueños. Finalmente accedió a mi deseo, aunque más me hubiese valido que persistiera en su negativa ¡He encontrado un Reino donde impera  el Absurdo! (pág 223)
Por supuesto es un relato alucinatorio, utópico y antiutópico a la vez, sometido a un péndulo que el mismo autor señala:
"Tal era el motivo  por el que sus criaturas vivían en perpetua oscilación. Tenían que rescatar su mundo imaginario del dominio de la Nada y, al mismo tiempo, reconquistar la Nada a partir de este mundo imaginario. (...) Después, la Nada volvía a devorar todo lo creado y el mundo se convertía en algo pálido y opaco, la vida se enmohecía, enmudecía y acababa desintegrándose y muriendo de nuevo" (pág. 200)
No en vano la cita que encabeza el Epílogo dice "El hombre no es sino una nada autoconsciente". Una consciencia a la que accede, en un momento dado, el protagonista: 
"Lo primero que aprendí de ellos fue el modo de apreciar el  valor de la indolencia. Para un hombre enérgico, lanzarse a conquistarla supone el trabajo de toda una vida.  Mas cuando se han probado sus delicias  uno se aferra firmemente y para siempre  a ellas, aun cuando haya que librar  una lucha constante.  Yo también traté de contemplar  durante horas todo tipo de piedras,  flores, animales  y hasta seres humanos. Al hacerlo, mi vista fue adquiriendo  una agudeza excepcional, similar a la que ya tenían mi oído y mi olfato. Entonces llegaron días magnos, en los que descubrí una faceta insospechada del País de los sueños. El perfeccionamiento gradual de los sentidos  iba influyendo a su vez sobre el conjunto de las facultades mentales, dándole una nueva conformación. Fui capaz de acceder a un tipo de admiración insólita y sorprendente. Liberado de su vinculación contextual con las otras cosas, cada objeto adquiría una significación totalmente nueva. El hecho de que un cuerpo pudiera llegar a mí desde toda la eternidad me hacía estremecer de espanto. Me maravillaba el simple hecho del Ser, de que las cosas fueran así y no de otro modo. (pág.198)
Las escenas que se suceden poseen una enorme potencia visual como la del hombre que enloquece y huye trepando a los árboles sujetando la cabeza putrefacta de su mujer o la lluvia de cadáveres o el sueño que tiene el protagonista donde sus piernas se alargan mientras un hombre atrapa peces del aire o se ve rodeado de relojes con patitas. Concita asimismo retazos kafkianos. Los intentos de ver al Amo (Patera) chocan con una maraña administativa que se dilata indefinidamente o el incomprensible sistema de compensación económica en el que te puedes arruinar o enriquecer de forma inopinada. También encontramos retazos surrealistas, cuando el reino comienza a desintegrarse aparecen imágenes de pesadilla: una invasión de animales lo inunda todo (chinches en las ropas, lobos y caimanes por las calles); las piedras se hacen arenilla, la madera se convierte en polvo, el metal se oxida.

Pero también la desintegración cobra tintes saturnales. Mientras las serpientes se multiplican por las calles las gentes se entregan con frenesí a un inusitado fragor sexual.
La ciudad de Perle se hunde en un torrente de "suciedad, basura, sangre derramada, intestinos y cadáveres de animales y personas."









Alfred Kubin desarrolló su obra plástica bajo la confesada influencia de Goya, Brueghel y Odilon Redon. Ilustró obras de Hoffmann, Poe y Dostoievsky,  aunque es recordado por esta novela expresionista y onírica, escrita compulsivamente (en seis semanas)  durante una profunda crisis creativa. La novela fructificó junto a cincuenta ilustraciones que acompañan y enriquecen el texto de este libro alucinante.

sábado, 10 de diciembre de 2011

The Fades

Creada por Jack Thorne

Un nuevo acierto de la tv británica, y van. Véanse sino Misfits o el Sherlock Holmes  del siglo XX, cuya primera temporada (de sólo tres capítulos) disfrutamos hace pocos meses. En las islas están especialmente dotados para los relatos de género y en este caso nos regalan una serie de terror de tensión creciente en cada capítulo. 

Paul es un jovencito que sufre pesadillas apocalípticas en las que finalmente se verá inmiscuido. Junto a su colega Mac conforman una típica pareja de frikis sin habilidades sociales para relacionarse. En una de sus correrías acaban conociendo a los Angélicos y a los Fades.
Los Fades son una especie de fantasmas que una vez muertos no han podido realizar la ascensión. Los puntos por donde llevarlo a cabo se están cerrando, así que permanecen entre los dos mundos, sufrientes y desesperados. Pero ahora han encontrado la forma de corporeizarse (comer carne humana), por lo que se avecina una batalla encarnizada por la supervivencia.

Una costumbre bastante extendida entre las producciones británicas es la de realizar series de pocos capítulos. En este caso se circunscribe a sólo seis, lo que dota a la historia de una intensidad enorme. La soterrada lucha entre Angélicos y Fades irá saliendo a la luz y el papel de Paul pasará de las visiones oníricas a descubrir su papel y su poder como pieza clave en esta batalla.

La narración nos somete a una intriga cada vez más agobiante. Los mejores capítulos son precisamente el tres, cuatro y cinco, en los que el protagonista llega incluso a morir antes de asumir su rol. Además nos ofrece buenas historias secundarias: Mac, el amigo inseparable de Paul, un friki del cine que para resolver o definir cualquier situación siempre utiliza una escena de película (sobre todo Star Wars). El personaje que dirige a los angélicos, luchador atormentado o la primera angélica que vemos caer y transformarse en fade.
La escenografía está muy conseguida  con mínimos elementos: el tétrico bosque donde vagan las almas, los sótanos abandonados, el instituto donde todos confluyen y las habitaciones de nuestros dos protagonistas: "hey tío, no toques mis cosas. Algunas valen un pastón en E-bay".


El careto despistado de Iain Caestecker da el pego muy bien para este héroe que ha de aprender a serlo y Daniel Kaluuya, como amigo que todo lo refiere al cine aporta la vis cómica. Al principio puede resultar un poco cargante, pero según avanza la historia acabas queriéndolo y sus presentaciones al principio de cada capítulo son geniales. Sobre su lamentable situación familiar le comenta a su amigo: "¿sabes que en la cultura inuit si alguien no está conforme con su familia no tiene más que arrastrarse hasta otro iglú y cambiarla por otra?"

Es curioso que a pesar de que Paul es un angélico poderoso, está solo, no recibe ninguna indicación divina, ha de descubrir por su cuenta qué hacer. Siempre está en la encrucijada, primero por el desprecio de su hermana mayor, luego porque no está de acuerdo con la estrategia del jefe de los Angélicos y finalmente en un duelo con el renacido líder de los Fades que encima se ha convertido en inmortal.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Cuentos de la montaña


de Miguel Torga


Miguel Torga nos mostró en sus Cuentos de la Montaña el Poder de la Tierra.
Primero porque las palabras en este libro no están escritas sobre páginas, sino sobre la propia sierra. En este libro no existe la palabra monte, sino el propio monte que a lo largo de las frases te azota con sus brañas o te hiela con su viento inclemente.
También el Poder de la Tierra es un tema recurrente en varios de sus cuentos. El guardia civil, celoso de su deber y de su honor; dispuesto a colocarlos incluso por encima de su amor. Enamorado de una de las traficantes; la Tierra le acabará enseñando el camino y él dimitirá de la Guardia Civil, para acatar su destino.


En “El Viático”, un cura es llamado para ofrecer el viático a un moribunda en una finca. Las campanas acompañan al cura, al sacristán y a todo el pueblo para ofrecer el último consuelo. La realidad es que la mujer tiene un parto complicado. El médico de la ciudad pide una cantidad inasumible para la familia. Hace dos días que la mujer permanece con un brazo amoratado del bebé asomando entre sus piernas. Se espera un fatal desenlace. Pero una fuerza y un sentido que viene desde lo más profundo de la Tierra acaba golpeando al pobre cura en el estómago. Echa fuera al sacristán, le pide al marido sábanas limpias y agua caliente y como Dios le da a entender asiste el parto.

Relatos de seres sencillos que viven en una prosa sutil, de vidas aguerridas que sin un sólo grito moran una tierra inmisericorde. Haya venganzas o hambre, haya fatum o deseo, yo creo que Torga habla del corazón de la Tierra, que muchas veces permanece indiferente como un dios ante las vicisitudes de los hombres. Nada hay más esencial. Nada hay más poético.

Beginners

de  Mike Mills





He aquí una película hiperrealista sobre dos seres fantasiosos e infelices. Aunque a la postre todo gravita alrededor de una tercera persona, el padre de uno de ellos, que salió del armario con 75 años, justo al morir su mujer. Papel interpretado magníficamente por Christopher Plummer.

La película trata de la vida y sus perplejidades. De ese puzzle que se nos escapa cuando nos miramos al espejo  y todo nos resulta extraño. 
Incluso en las últimas frases, los personajes reinciden en su condición de principiantes o aprendices respecto a la vida.
-Qué pasa ahora?
-no lo sé.
-¿Cómo se continúa?
Es curioso el tono de tristeza y melancolía que impregna todo el metraje a pesar de que el propio hijo mantiene una relación estable y de estar  rememorando el último tramo -luminoso y vitalista- de la vida de su padre.
-¿Por qué les escondes tu gravedad?Tienes un cáncer en estadio cuatro.
-Bueno, no es tan grave como parece.
-Papa, no existe el estadio cinco.
-No quiere decir eso, quiere decir que ha pasado por otros tres estadios.
Encontramos muchos momentos conmovedores y la sinceridad de lo allí tratado inunda limpiamente cada plano.  

La película tiene una textura seca, desnuda. Su ritmo es pausado que no lento. Sus imágenes se enriquecen con unos retazos hechos con diapositivas que igual nos presentan el contexto histórico y social de cuando se casaron sus padres (este era el presidente, estas eran las mascotas, esta era la gente, fue enviado a esta guerra) o nos explica los colores de la bandera gay (el rojo la vida, el amarillo el sol, el rosa el sexo, el turquesa el espíritu...) . El lazo emocional está muy bien trabado con escenas que remiten a otras; como al enseñar su casa al perro heredado de su padre o a su novia (este es el comedor, estas son las escaleras, esta es mi habitación,....). Posteriormente él se encuentra sólo en el apartamento de ella, quien le va indicando por teléfono el comedor, la cocina, el dormitorio....   Las diapositivas, las indicaciones nos remiten a la necesidad más íntima de estos personajes: buscan orientarse.

Todos los actores están estupendos. Ewan Mcgregor compone un hijo circunspecto y doliente, muy directo. Su compañera, interpretada por una dulcísima Melanie Laurent, aparece frágil y desorientada. La película comienza con Oliver empaquetando las cosas de su padre recién muerto. En medio de este naufragio, inicia el recorrido de rememorarlo, de asumirlo mientras se cuestiona su propia existencia. 

Acompañamos al protagonista por una travesía del desierto en la que no sabe qué hacer con sus relaciones, con sus sentimientos, con su trabajo, con su vida. Todo ello queda muy bien reflejado en el recuerdo de una exposición que organizó su padre, en la que colocó un póster con el famoso relato de "El osito de peluche" de Margery William:
"-¿Qué es ser REAL? preguntó el Conejo. ¿Es tener cosas que zumban en tu interior y una palanca que te hace funcionar?
-Ser REAL no consiste en cómo estás hecho -dijo el Caballo-. Es algo que te pasa. Cuando un niño te quiere durante mucho, mucho tiempo, no sólo para jugar contiguo, sino que REALMENTE te quiere, entonces te conviertes en algo REAL.
 -¿Duele?, preguntó el Conejo.
-A veces, dijo el Caballo, que siempre era de fiar. Pero cuando eres real ya no te importa que te hagan daño."

lunes, 5 de diciembre de 2011

La Rama Dorada. Magia y Religión

de James George Frazer

El maestro -siempre ameno y profundo- Carlos García Gual, nos presenta (aquí) una monumental obra de un autor que vivió encerrado en una biblioteca. Incitación total.


"Esta es una reedición de la extensa obra de Sir James Frazer, un nuevo resumen y con una espléndida y actual introducción de Robert Fraser, el mejor conocedor actual de tan monumental y mítico texto (1ª edición en 1890, ampliada en 12 tomos en 1914, y con uno más en 1935). (...)

 "La rama dorada" que menciona el título es la que alzaba en su mano Eneas en su descenso al mundo de los muertos (según Virgilio cuenta en la Eneida), tal vez un ramo de muérdago de un árbol mistérico. Esta impresionante colección de relatos mitológicos que el sabio Frazer reúne nos invita a un viaje turístico a un maravilloso más allá de raros escenarios quiméricos y encuentros mágicos. Con su magnífico conocimiento de los clásicos y una infatigable memoria convoca cultos, dioses, tabúes, misterios y fantasmagorías de todos los rincones del mundo, y los comenta con fresca agilidad e ironía y un evidente gusto por la narración bien sazonada. (Es, como Burton o Gibbon, un maestro de la prosa inglesa). Luego encaja sus datos en su esquema hermenéutico según la teoría evolucionista: magia-religión-ciencia. Pero no es esa teoría ilustrada lo fundamental; él nunca se creyó un filósofo o un gran teórico. En el fondo, Frazer está más cerca de un ilustrado del XVIII que de un progresista como H. Spencer o A. Comte.

Lo mejor es el grand tour fabuloso, y sus inolvidables personajes y sus fascinantes iconos y símbolos míticos (Adonis, Osiris, el dios ahorcado, las fiestas, el dios que muere y renace, etcétera). Nuestra rama dorada, o un hilo de Ariadna, para un recorrido laberíntico inigualable. Frazer, que acabó ciego de tanto leer, fue el huésped perpetuo de su biblioteca en Cambridge. Nunca dio clases, siempre vivió de becas en aquella inmensa biblioteca, y estuvo al tanto de los progresos de los antropólogos de su tiempo por correspondencia. Junto al éxito de sus libros, también suscitó críticas y escándalo de creyentes piadosos. Su vida fue larga: nació en 1854 y murió en 1941. De formación clasicista, fue un humanista que vivió siempre entre libros y nunca frecuentó salvajes. (...)


 ¡Qué placer explorar de nuevo esta selva mitológica en esta excelente reedición si no tenemos el tiempo para los 13 tomos de la última inglesa! (que, por otra parte, aún puede encontrarse en algunas librerías londinenses de segunda mano a buen precio)."


La rama dorada. Magia y religión James George Frazer Edición, introducción y notas de Robert Fraser. Traducción de Elizabeth Campuzano, Tadeo I. Campuzano y Óscar Figueroa. FCE. México, 2011 645 páginas. 35 euros

El Reino de los Cielos

de Ridley Scott 

 Vuelvo ver esta película y me gusta; pero ¿por qué no tiene la épica de Gladiator? Cuando la vi de estreno me dije que era porque el objeto de la aventura aparecía difuso, sin gancho. Ahora añado también que porque Orlando Bloom no tiene madera de héroe trágico.

 En el primer tercio conocemos a Balian como un herrero taciturno que acaba de perder a su mujer y a la vez se le presenta su verdadero padre para reconocerlo y ofrecerle una vida de caballero. Padre e hijo se embarcan hacia Jerusalén para obtener el perdón de sus pecados. Balian acaba de matar al monje que decapitó a su mujer por suicida; siente que Dios le ha abandonado y por eso emprende el viaje. Pero esa personalidad atormentada y trágica no nos la transmite Orlando Bloom. 


Hasta que no llegan a Oriente la aventura no se sabe bien a dónde se dirige. La expiación de los pecados se mezcla con el aprendizaje de los valores y habilidades caballerescos y con las dudas de su puesto en el mundo; pero todo es muy plano: Balian ya es bondadoso, ya es buen guerrero -no hay evolución - y su enfrentamiento con el cruzado Guy de Lusignan, que a la postre acabará siendo rey de Jerusalén, carece de grosor. No así su relación con un general musulmán, que con dos pinceladas y un caballo de por medio prende en nuestra memoria como uno de esos hermosos momentos de amistad más allá del enfrentamiento de sus respectivos mundos, más allá (¡qué actual!) del choque de civilizaciones.


También resulta muy atractiva la descripción de la vida a pie de calle en la Jerusalén de la Cruzadas con judíos, cristianos y musulmanes conviviendo. Todo ello reflejado en el profundo respeto y majestad que se muestran Balduino, rey cristiano de Jerusalén; y Saladino, general de las huestes musulmanas. Dos personajes por cierto que por sí mismos elevan notablemente el tono épico de la historia.

Lo más valioso sin duda son las escenas de acción, rodadas maravillosamente como ya ocurriera en Gladiator. El asalto final sobre las murallas de Jerusalén es apoteósico y ahí quizá obtiene Orlando su mayor rédito, la coherencia del personaje: un príncipe aniñado que las circunstancias colocan en el puente desde donde dará el salto hacia el mundo adulto. Y en este punto quizás debamos reconocer que entonces el problema no era del pobre Orlando, sino del guión o del montaje. Creo que hubiese estado más acertado comenzar la película ya en Oriente con las vicisitudes de buscar su sitio, de la cercana guerra, etc... mientras nos presentaban flashback sobre la juventud de Balian. No sé. 

viernes, 2 de diciembre de 2011

Pedro Páramo

de Juan Rulfo

¿Qué tiene Pedro Páramo? Cada tanto vuelvo a él para encontrar su propuesta sin gastar. Literatura de quilates. La narración te lleva en volandas a pesar de ser una propuesta metafísica, casi fantástica.

"Todo parecía estar como en espera de algo.
-Hace calor aquí -dije.
-Sí, y esto no es nada -me contestó el otro-. Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija."



Juan Preciado, uno de los hijos de Pedro Páramo, viene a Comala en busca de su padre: el campo, el atardecer, la soledad. Se encuentra un pueblo fantasma. Cada fantasma lo recibe en su casa, es como si se abriera la niebla y se condensase una escena: el arriero, Eduviges, la caporala de la Media Luna, Donis. Llega un momento en que él mismo está muerto: fin de la primera parte. Hemos llegado a Comala y aquí yaceremos eternamente.


En la segunda parte el titular es el propio Pedro Páramo. Todo lo vamos conociendo porque desde la tumba donde está Juan Preciado se oye al fantasma de Susana, la mujer más querida por Pedro Páramo...

Hay muchos personajes, cada uno con su retazo de historia. En un momento Juan Preciado dice, "me mataron los murmullos de los muertos". Parece como si de cada piedra surgiese un murmullo... Efectivamente esto es la novela: un cúmulo de murmullos que van surgiendo.
De pronto oyes al cura Rentería, o los sueños de Susana, o los recuerdos de Damiana que se le negó una noche a Pedro Páramo.

"Pedro Páramo sentado en su equipal miró hacia el pueblo.." Esta sería la imagen. No hay más ley que la suya, todos bailan a su son y cuando se le muere Susana San Juan dice que en venganza dejará de cultivar, de sembrar, de vivir... dejará que se muera todo Comala en venganza... y él mismo al final muere, se desmorona como un montón de piedras en medio de un paraje inhóspito.


¿Qué me gusta? Cada voz aparece por sí misma, sin descripción ni presentación. El lector debe ir concatenándolas para reconstruir la historia. Lo veo como un escenario absolutamente a oscuras y de pronto un foco se dirige a una puerta: doña Eduviges habla con Juan Preciado. Otra vez a oscuras y un nuevo foco que se dirige al camino: por allí va el cura Rentería acusándose de todo el mal que ha hecho plegándose al poderoso de turno. De nuevo a oscuras, y un nuevo foco...


La economía es absoluta: 108 páginas en mi edición Planeta. Todas las revoluciones mexicanas se cuentan en 8 páginas y se ridiculizan en sólo media:  
"El Tilcuate siguió viniendo: -Ahora somos carrancistas. - Está bien. - Andamos con mi general Obregón. -Está bien -Se ha levantado en armas el padre Rentería ¿nos vamos con él, o contra él? - Eso ni se discute. Ponte al lado del gobierno...."
Los asuntos son muy esenciales. El patriarcado. La ponzoña del poderoso. Los hijos malcriados caminando veloces hacia la muerte.  La iglesia apelmazada al poder. La historia de amor imposible del que consigue todo menos lo que más ansía. El derrumbe final e insoslayable de todo poder humano.