sábado, 24 de septiembre de 2011

LA DEUDA - de John Madden












La Deuda es un correcta película que nos ofrece una primera parte tensa e intrigante en forma de thriller de espionaje y una segunda que intenta aportar una reflexión sobre la mentira y los crímenes de estado.

En los años sesenta un grupo de agentes israelíes tienen la misión de asesinar a un nazi que vive como ginecólogo en el Berlín de la guerra fría. La ambientación, el pulso de la intriga, los planes para huir a través del telón de acero están rodados sin puntos muertos y con una gran convicción. Sin duda es lo mejor de la película. Finalmente el trabajo se complica pero logran volver como héroes y encauzar su vida.

Precisamente casi a la hora de la retirada, presentando un libro de memorias que rememora aquella heroicidad, el pasado se hace presente y amenaza los logros construidos sobre él. El nazi en realidad está vivo. La admiración de los hijos, el reconocimiento del estado, la propia imagen de valía pueden desaparecer.

La película es valiosa en cuanto que habla de los crímenes de estado y su ética, -nada menos que del todopoderoso Israel-. Uno de los tres agentes ha sido incapaz de salvar el tormento de esa forma de vida; pero los otros dos sobre aquella acción construyeron una vida exitosa, ahora amenazada. Sin embargo cabe decir que la reflexión es muy escueta y sólo tiene el vuelo que le imprimen sus magistrales intérpretes (la gran Helen Mirren y Tom Wilkinson).

Hay que recordar que se trata de un remake del original israelí rodado por Assaf Bernstein. Me parece mejor estructurada la original, en cuanto que el pasado y el presente se presentaban a través de un montaje paralelo que lo convertían en un todo. Mientras que en la de Madden se cuenta toda la misión de un tirón ofreciéndonos una buena película de espías -con una interpretación soberbia de Jessica Chastain-  y dejando la parte del presente con un interés menor.

El pasado siempre nos alcanza.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Super 8

de J.J. Abrahams


Un grupo de niños intentan realizar una película de detectives y zombies en Super 8. Durante el rodaje en una estación, el tren descarrilla. Algo se escapa del tren, el ejército toma el control y mientras tanto se producen varias desapariciones. El misterio se cierne sobre la comunidad y los chicos acuden prestos a la cita para elucidarlo.

Mezzcla de los Goonies y E.T., Super 8 es una aventura más esquemática que aquellas pero con la sabiduría de J.J. Abrahams para realizar secuencias que aprovechan toda su extensión para atraparte. En este caso quedarán para la historia la escena del rodaje con el tren descarrilando y la penúltima, con los chicos a la búsqueda del contacto con el extraterrestre, desde el autobús policial hasta el agujero donde esconde a sus víctimas.


En definitiva la película es un canto de Amor al Cine y a la Aventura, certificado en la película en super 8 que, por fin completa, se exhibe durante los créditos finales. Una puntada de complicidad con la que J.J. Abrahams nos cita a todos los aficionados.

El grupo de niños nos trasmiten con convicción el magnetismo que para la infancia poseen la aventura y el misterio. Una gozada.

EL PODER del PERRO - de Don Winslow








"El Infierno y el Purgatorio"

Llevo tres días exhausto recorriendo esta magnífica novela del mismo modo que los todoterreno Suburban -que tanto les gustan a los narcos- surcan el desierto entre Tijuana y El Paso. Todo para asistir a la bajada a los infiernos de dos buenos chicos: Adán Barrera (mejicano de Sinaloa) y Sean Callan (irlandés de la Cocina del Infierno). Eso sí bajo la atenta mirada del agente especial Art Keller.



Su historia recorre las vicisitudes y crímenes a través de los que acceden a la dirección de sus mafias y su desenvolvimiento en los tejemanejes de Nueva York el uno, y de Méjico el otro. Todo ello mezclado con el ingrediente de un agente de la DEA, al principio amigo de un Adán muy joven con quien se alía para liquidar a la vieja guardia del cártel.

Los dos muchachos tienen oportunidad de redención en algún momento y se inclinan por formar una familia y vivir legalmente pero la riada de corrupción acaba llevándoselos por el río de sangre y droga que es la obra.



Acompañándolos conoceremos los entresijos más inverosímiles del narcotrafico desde Méjico o Colombia a Estados Unidos. Sus organigramas, la corrupción generalizada en que se sustenta y sus formas de operar: el terror en que basan las lealtades, el reparto del dinero entre todos los estamentos policiales, políticos, etc. Todo ello tan bien entrelazado con la realidad cotidiana que hemos estado viendo en los telediarios los últimos 20 años, que a veces parece un reportaje de investigación periodístico: estaremos presentes en reuniones que solventan la connivencia política, en el recorrido de la droga en camiones, aviones o a través de túneles en la frontera, en acciones de apoyo a la Contra nicaraguense o en el viaje a China para comprar armas como moneda de cambio para comprar droga.


La escritura es eléctrica y vertiginosa. La trama discurre a la vez con varios personajes distintos y en distintos lugares. El autor realiza fundidos asombrosos porque a la pregunta de un personaje en un lugar, responde en la siguiente línea de texto otro personaje en otro lugar distinto. Asi que la historia va a toda pastilla.
Es absorbente por los hechos que se multiplican pero también por lo que desvela sobre cómo funciona todo: la estructura de las familias, el funcionamiento del Trampolín de México, el cómo Adan “pone el narcotráfico en el siglo XXI”, basándose en la revolución de Ronald Regan, bajando los impuestos: es mejor ganar muchas veces el 12% que pocas veces el 25%, etc.


El color de la narración es la maldad exacerbada y cruda: las traiciones constantes, la moral depravada, el horrendo modo de asesinar (un mafioso recorre los bares con la polla de un enemigo en un brick de leche, al Güero Méndez lo destruyen seduciendo a su mujer para después el mismo amante cortarle la cabeza y enviársela a su marido). La descripción detallada de la tortura a Ernie Hidalgo, agente de la DEA y cuya muerte provoca que el protagonista Art Keller acepte abrir definitivamente las puertas del Infierno: destruir su matrimonio, su vida, su moral. Bajar definitivamente a los infiernos con tal de encarcelar o matar a todos los implicados en el secuestro y muerte de su compañero y amigo.


El bravo río de los acontecimientos está surcado por personajes con un gran poso dramático: El sinuoso Sal Scachi que actúa de matón indistintamente del ejército, de la CIA, de la Mafia, o de los cárteles. Adam, reflexivo y maravilloso padre de una discapacitada, la prostituta Nora que según pasan las páginas va ganando en protagonismo, hilvanando el devenir tanto de Sean, como de Adam, Art y el propio arzobispo Manuel. Un arzobispo que, situado siempre junto al necesitado (sea gentil, mafioso o prostituta) acaba enfrentado al stablisment de su iglesia e incluso asesinado en oscuras circunstancias poco después de que se entrevea la quiebra de su fe.

Es notable la omnipresencia de la iglesia católica: los irlandeses neoyorkinos, católicos; los mejicanos católicos (la mujer de Adam no hace el amor hasta casarse; luego como no quiere tener más hijos que puedan ser discapacitados y la iglesia prohíbe hacer el amor con control de natalidad, tampoco lo hace). La conversación entre el ministro del Interior de México y el nuncio del Papa es pasmosa y expresa con toda crudeza el juego político "del toma y daca" de la Iglesia católica jugando a sus intereses, como si de un lobby se tratara.


En la página 407 el propio Adam Barrera, convertido ya en capo, extiende ante nosotros el Gran Lienzo de la Paradoja: los propios americanos persiguiendo tan denodadamente la droga la vuelven más cara y este dinero caliente atrae y fortalece a los cárteles. Además, la paranoia norteamericana contra el comunismo que creía ver prender en latinoamérica ha favorecido y financiado todas las guerras, guerrillas y asesinatos que tiñen de rojo estas repúblicas. Fíjense por ejemplo que en Nicaragua no acabó la Contra con el gobierno sandista, fueron unas simples elecciones libres. ¿De qué sirvieron todos los miles de millones de dólares que se gastaron los norteamericanos en asesinatos y guerrillas? Adam realiza una exposición desapasionada y terrible.



En un momento dado, el policía Keller le espeta a un sicario de los Barreda que si colabora con él estará en el Purgatorio, caracterizado porque su sufrimiento tiene conclusión; y que si no irá al Infierno, que es el infinito penar. Esta circunstancia afecta a todos los personajes, vagan por el Purgatorio camino del Infierno. Memorable.

Pájaros en la boca

de Samanta Schweblin

Notable recopilación de cuentos que sirven de presentación a una nueva autora. Su estilo es conciso y muy visual. La fantasía aletea sin cesar en sus escenas.  Muchas de las narraciones nos conducen a un recodo donde la realidad pierde alguno de sus atributos y nos obliga a recomponer su sintaxis.

 
Algunos relatos tienen ecos de Cortázar como el del título "Pájaros en la boca". De pronto un asunto totalmente fantástico se asienta en la realidad cotidiana, como brotando de uno de sus pliegues.

 
Me gustan especialmente "Cabezas contra el asfalto" donde un joven pasa de golpear cabezas contra el asfalto a visualizarlas y pintarlas. Pero su forma de ser totalmente introspectiva le augura nuevos problemas. También es excelente "Hacia la alegre civilización", de tono kafkiano. El tema es vivir el día a día en medio de la infinita postergación. Un hombre no puede conseguir billete en una estación, tampoco el tren para. Se acostumbra a vivir con otros en su misma circunstancia hasta que se confabulan para detener el tren. Cuando lo consiguen asisten a una nueva sorpresa.

Mis otros dos cuentos preferidos son "La pesada valija de Benavides" donde un hombre mata a su mujer y con ella en la maleta se presenta ante su psiquiatra. Éste llama a un manager que elabora con ella una performance. Finalmente  "Matar a un perro",  primer encargo para que un joven sea admitido en una banda de matones. Se trata de un relato redondo con un final desasosegante.

Hay un grupo de relatos muy cortos con un relativo tono simbólico. "El cavador", "Bajo tierra" y "Sueño de revolución". En ellos una escena o un personaje nos va arrastrando hasta un rincón desde donde todo cobra un nuevo y sorprendente sentido.